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Real Zaragoza: Ponferrada, primera final para evitar una crisis

El equipo aragonés viaja a El Toralín después de tres derrotas, 16º en la tabla y ciego ante el gol. Afectados por las bajas por covid, lesiones y sanciones, los de Jim se ven ya acuciados por la necesidad.

Juan Ignacio Martínez ‘Jim’ charla con el capitán, Alberto Zapater, mientras el resto del equipo corre al inicio del entrenamiento.
Juan Ignacio Martínez ‘Jim’ charla con el capitán, Alberto Zapater, mientras el resto del equipo corre al inicio del entrenamiento.
Francisco Jiménez

Pasada, lacrada y archivada para siempre la breve y secundaria historia copera de este curso, cambia de raíz la presión ambiental, deportiva y cotidiana para el Real Zaragoza a partir de mañana en Ponferrada (León). Se quiera o no, es así. Ya es tiempo de segunda vuelta en la liga y se pisa el segundo año de la temporada natural, en este caso, 2022. Y esto es siempre sinónimo de reducción de márgenes de error. El torneo encara el tramo final, aún con larga longitud hasta la meta, pero sin esa calma y desahogo mental que envuelve los acontecimientos en la primera vuelta, casi siempre mucho más relajada.

Como quiera que el equipo zaragocista se ha metido progresivamente, en el último mes y medio, en una espiral peligrosa de malos resultados, deterioradas imágenes en su actitud y su juego y, asimismo, en un serial de carencias de hondura en su rendimiento –la falta casi absoluta de gol, la blandura penalizadora de la defensa, la ausencia de imaginación creativa en la línea medular–, a partir de este partido en El Toralín ante la Ponferradina nace un tiempo nuevo. Este partido adquiere ese grado que, en el argot futbolístico clásico, lo califica como ‘final’, aunque realmente no lo sea en sentido etimológico.

Llega el Real Zaragoza al campo de la Ponferradina después de tres derrotas seguidas en liga, que son cuatro en los últimos seis duelos dirimidos. Andan los de Jim desorientados tras perder 3-0 en Almería en una noche negra, 0-2 en casa contra el Tenerife en otra velada de terror y 2-0 en Miranda de Ebro el pasado domingo en un episodio que hizo mucho daño a la afición por la visión inequívoca de un grupo pusilánime. Es un tríptico de fiascos que ha despeñado al equipo hasta la 16ª posición en la tabla, de nuevo cerca del montacargas que baja al piso de abajo.

Este triple salto mortal con caída peligrosa sobre el cuello zaragocista está inmerso en un trecho levemente mayor, de seis partidos desde finales de noviembre, donde asoman cuatro perdidos, pues por delante ocurrió aquel varapalo por 0-2 frente al Leganés. Y no estuvo lejos de la sensación de impotencia el escaso 1-1 obtenido en Bilbao ante el Amorebieta, contra un rival inferior y disminuido por una expulsión con media hora por delante, al que el Real Zaragoza no atacó nunca para ganarle.

No es gratuita la advertencia de una crisis deportiva a la vista de no mediar en El Toralín, mañana por la noche, una reacción blanquilla en forma de victoria y, con ella, nuevos ademanes en el juego, en la implicación del equipo, en la puesta en escena durante los noventa y tantos minutos que aguardan en el terreno de juego de un rival que es, por cierto, el 5º en la clasificación y vive todo el año en la pelea por el ascenso pese a su modestia.

A nadie escapa que caer derrotado en Ponferrada, de suceder, será un ‘crash’ inevitable para el Real Zaragoza. Cuatro partidos perdidos de forma encadenada no se soportan fácilmente en ningún lugar de la tabla, mucho menos si se habitan zonas bajas y se viene de recuerdos aún tiernos de un infierno por la supervivencia, el del año pasado ahí abajo.

Razones tangibles, objetivas

El parcial desde el 21 de noviembre hasta hoy es de 4 puntos sumados de los últimos 18 disputados. Cristalino. No hace falta más literatura ante semejante prueba. Ahí, solo asoma del ras de la mediocridad aquel triunfo por 1-0 frente al Eibar, que menos mal que se dio contra pronóstico.

Otro parcial de esta decadencia dice que el Real Zaragoza ha marcado dos goles en estos seis partidos más reciente. Sí, dos (2). Uno del defensa Francés a los eibarreses y el de Álvaro Giménez en Lezama. En cuatro partidos de seis, los de los batacazos, ni se vio puerta, ni se pisó el área con una mínima intención. Cero absoluto.

En sentido contrario, a los de Juan Ignacio Martínez 'Jim' se les ha resquebrajado aquella solvencia defensiva de la que llegaron a presumir durante un trimestre en cuanto llegó esta cuesta abajo global del equipo: en estos seis partidos han encajado 10 goles... y gracias, porque en Miranda el último día el roto podría haber sido de los históricos.

«A Ponferrada vamos con el cuchillo entre los dientes. Tenemos que ganar sí o sí», dijo el jueves uno de los jugadores blanquillos, Chavarría, tras caer en Copa con el Sevilla. Son conscientes de que han traspasado el umbral de la intranquilidad y, en lo sucesivo, salvo que remonten con celeridad posiciones y solvencias, van a acometer partidos cargados de responsabilidad y riesgos.

Jim, que ya salvó en Burgos a principios de noviembre un momento de zozobra después de nueve empates consecutivos con el equipo en puestos de descenso, es sabedor de que su posición de privilegio en el seno del área deportiva puede tambalearse si no vuelve de Ponferrada con los tres puntos en la bodega del autocar. A las bajas de índole médica, ha de sumar la del expulsado Vada

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