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La vida sin Juanjo Narváez

El Real Zaragoza se ha sobrepuesto a la ausencia de su principal atacante en una tanda de cuatro partidos en la que Nano Mesa y Álvaro Giménez han encontrado el gol y en la que el equipo ha entrado en el camino de los triunfos. El colombiano apura ya su recuperación para Las Palmas. 

Partido del Real Zaragoza contra la Ponferradina en el estadio de La Romareda.
Partido del Real Zaragoza contra la Ponferradina en el estadio de La Romareda.
Toni Galán

Las piernas ya dejan a Juanjo Narváez entrenarse con cierta normalidad y la semana que arranca ahora le servirá de puesta a punto para su esperado regreso en Las Palmas el próximo sábado. La idea irá tomando forma con el paso de las sesiones de trabajo, pero la voluntad de todos es que el colombiano se integre, al menos, en la lista de convocados para ese partido. La novedad sería tomada con el exultante ánimo que produce la recuperación del mejor futbolista de la pasada temporada y principal bandera ofensiva de un equipo descapitalizado de goles en los últimos meses. Pero el Real Zaragoza se ha puesto a ganar. Y sus delanteros, los otros que no son Narváez, a marcar.

Hace tres semanas, cuando el cafetero se desgarró las fibras del muslo derecho en el inicio del partido contra la Ponferradina, las dudas acerca de la respuesta del equipo a la ausencia de su cañón mejor lubricado en plena crisis de gol despertaron temores y miradas de pesimismo. Pero el fútbol, como materia indescifrable que es, se escribe también con paradojas. El Zaragoza perdió a su mejor individualidad, o al menos, la más determinante ante el gol, pero se ha sobrepuesto a ello. Primero, acercándose a la victoria más que nunca con dos partidos, frente a Girona y Mirandés, en los que solo faltó remar un poco más después de tener la ventaja a punto de caramelo.

Después, atrapando ya los triunfos, contra Burgos y Sporting: 8 puntos de 12 posibles sin Narváez en un periodo en el que, además, los delanteros del equipo han tenido gol. Nano Mesa y Álvaro Giménez, los dos refuerzos de referencia el pasado verano en la zona ofensiva, se han sacudido las sospechas y los juicios afilados que han acompañado al deforme rendimiento de su primer cuarto de temporada. El Real Zaragoza lleva tres jornadas consecutivas con goles de Nano o de Álvaro: el tinerfeño le marcó al Mirandés, el alicantino tumbó al Burgos y, de nuevo, Nano pegó zarpazo contra el Sporting. También Borja Sainz, otra pieza ofensiva fichada este verano, ha visto puerta. Es decir, el Zaragoza perdió en Narváez a su principal rematador, pero ha ganado acierto y victorias.

Los números dicen que, en este periodo sin el colombiano, el Zaragoza dispara menos. Tiene menor actividad en zonas de remate. Hasta el día de la Ponferradina, el equipo aragonés promediaba 13 tiros por partido. Desde entonces, en los últimos cuatro, sin Narvaéz, el Zaragoza ha bajado a 9. Influyen muchas cosas en ello, desde el tamaño de los rivales a los matices de estilo de Jim, pero también una ausencia de este calibre.

En el momento de su lesión, el colombiano era el segundo futbolista con más remates de la categoría, solo superado por Sadiq (Almería), aunque solo había subido dos goles a su cuenta, frente a la Real Sociedad B y el Málaga. Durante su año y medio en Zaragoza -fue la máximo artillero del equipo la pasada temporada y el único futbolista con una constancia goleadora reseñable-, Narváez se ha caracterizado como un atacante de indudable intuición para el remate, para facilitarse situaciones de gol o encontrarlas. Tiene las condiciones y el olfato, pero no tanto la definición, un aspecto muy condicionado por los atributos mentales.

Jim ha advertido varias veces que le concede libertad ofensiva. Ciertas licencias posicionales que hacen que, por mucho que Narváez parta de banda izquierda, acabe ocupando todo el frente gracias a la inteligencia con la que lee los ataques y la exuberancia física que presenta en los duelos, cuestiones vitales en un equipo con la problemática de gol que ha sufrido el Zaragoza. Por eso, Narváez es indispensable, porque tiene cosas que no tienen otros. Sin embargo, también condiciona el juego colectivo. Su tendencia a ir por el balón, retenerlo y no a alejarse de él con rupturas, velocidad, profundidad y juego al espacio es un límite para un equipo que, por ejemplo, contra el Sporting, ocupó más racionalmente su ataque con Nano y Borja Sainz más abiertos y referenciales en los extremos, con una delantera de posiciones más ordenadas y estables, menos previsible y favorable para las defensas rivales.

Narváez regresa así en el momento en el que el Zaragoza gana y sus compañeros de ataque han encontrado el acierto. Juan Ignacio Martínez tiene ahora la misión de equilibrar y encajar todos estos elementos: su mejor individualidad en ataque, la gestión de los momentos de Nano, Borja y Álvaro, las necesidades del juego colectivo, las pistas que han ido dejando los últimos partidos en la vida sin Narváez… El debate está servido.

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