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Jim o cómo exprimir al máximo los recursos del actual Real Zaragoza

El equipo aragonés ha logrado sumar 30 puntos bajo el mando del técnico alicantino con tan solo 18 goles anotados en sus 19 partidos.

Juan Ignacio Martínez 'Jim', al inicio del último entrenamiento del Real Zaragoza en la Ciudad Deportiva.
Juan Ignacio Martínez 'Jim', al inicio del último entrenamiento del Real Zaragoza en la Ciudad Deportiva.
Guillermo Mestre

El Real Zaragoza llega a las últimas cinco jornadas de la liga con 43 puntos, con tres de ventaja sobre la frontera del descenso de categoría, pelea a vida o muerte en la que el equipo aragonés ha estado inmerso en esta enrevesada temporada 20-21 desde muy pronto. Sabe que va a sufrir hasta el final, que eludir el despeñamiento al piso inferior va a ser tarea larga, exigente y de esfuerzos extremos.

Cuando llegó a la dirección del vestuario el actual entrenador zaragocista, Juan Ignacio Martínez ‘Jim’, a mitad de diciembre tras las primeras 18 jornadas, el Real Zaragoza solo tenía 13 puntos en su haber. Sus dos predecesores, Rubén Baraja e Iván Martínez, habían visto cómo la plantilla no les daba de sí según las previsiones de sus arquitectos, los también defenestrados entonces Lalo Arantegui y José Mari Barba, las dos patas de la dirección deportiva durante más de un trienio. Así, Jim recogió un grupo en estado crítico, tanto en lo deportivo –penúltimo, tras haber sido colista, y con números de proyección de descenso irremisible– como en lo anímico.

Desde ese momento, previo a la pasada Navidad, hasta hoy, el Real Zaragoza de Jim ha sumado 30 puntos en 19 partidos. Bastante más del doble en prácticamente el mismo trecho temporal que había transcurrido con anterioridad a su desesperado fichaje, que perseguía un milagro, una reversión casi inhumana en términos futbolísticos visto lo visto hasta entonces.

El trabajo de Juan Ignacio presenta unos méritos enormes respecto del manejo de sus singulares recursos humanos. El análisis de los números, de los métodos de ordenamiento del equipo en ataque (el más grave defecto de fábrica desde los albores del proyecto), es un ejercicio necesario para ponderar el grado de dificultad de la misión de Jim, a la que aún le queda la rúbrica final, mediante la disputa de los últimos 15 puntos de la liga, para ser exitosa.

La máxima rentabilidad del gol

Que el Real Zaragoza haya obtenido 30 puntos con solo 18 goles anotados en los últimos 19 partidos –los de Jim– es el balance más llamativo, entre muchos, a bote pronto. La ausencia de especialistas en marcar en las porterías rivales es un hecho histórico, por negativo, en la estructura de la actual plantilla. El récord, las cifras que refleja la clasificación de anotadores, no admiten discusión. Jim enseguida vio que debía basar su plan en defender lo mejor posible y tratar de sacar provecho de los pocos goles que sus hombres iban a saber/poder marcar cada día. La rentas deberían venir mediante marcadores cortos, partidos largos, de máxima igualdad y golpes certeros en momentos claves.

De cabeza, a balón parado

De los contados 18 goles del Zaragoza de Jim, solo cuatro han sido con el pie y en jugada (modalidad anotadora mayoritaria en cualquier equipo ordinario en todas las temporadas). Fueron el de Chavarría al Lugo en La Romareda; el de Bermejo al Logroñés, también en casa; el de Narváez en Vallecas; y el del propio colombiano Narváez en Las Gaunas.

Ocho goles más los ha logrado el equipo blanquillo de cabeza, recurso importante, crucial, cuando el fútbol combinativo y de llegada ligada al área adversaria presenta escaseces y raquitismo exagerado, como es el caso del Real Zaragoza contemporáneo. Los firmaron Iván Azón en Cartagena; Igbekeme y Vigaray en Málaga; Jair en Sabadell; Alegría al Tenerife; Adrián González e Iván Azón al Almería; y el histórico del portero Cristian Álvarez el viernes pasado en Lugo.

Un gol más se añadió a la breve cosecha con una manufactura anormal, con el pecho, más bien con la barriga, aquel de Peybernes al Mirandés. Y el otro que completa el repertorio fue obra de un rival en propia puerta, el vallecano Álvaro García.

De los 18 goles del Zaragoza de Jim, la mitad, nueve, han provenido de la estrategia, de la pelota parada. Alternativa de equipos menores. Entre ellos están los cuatro citados desde el punto de penalti (hasta que no vino Jim el equipo aragonés no había lanzado una sola pena máxima). Tres han surgido de lanzamientos de córner y dos tras sendas faltas laterales.

De los únicos ocho goles que ha manufacturado el Real Zaragoza en jugada ligada en esta ‘era Jim’ (dejando al margen, por ende, el recurso de urgencia del balón parado), cuatro fueron rematados con la cabeza. Otro índice que manifiesta insuficiencias serias en el gobierno del balón con las herramientas más habituales en el fútbol, los pies. Fueron los tantos de Igbekeme en La Rosaleda; Alegría al Tenerife; y Adrián y Azón al Almería.

Manejar el gol: pura orfebrería

El Real Zaragoza ha anotado gol en 13 de los 19 partidos, pues en seis se quedó seco, a cero. En esos 13 días con gol, ocho fueron con un solo tanto marcado. En los otros cinco solo se alcanzaron los dos. Nunca se ha llegado a tres.

Diez goles se han anotado en los primeros tiempos, por ocho en las segundas partes. En el primer cuarto de hora fue capaz de marcar en cuatro choques. En los últimos 10 minutos lo hizo otras cuatro ocasiones. No hay una predisposición clara para administrar la trama de los partidos.

Cinco victorias llegaron por el pírrico 1-0 y tres empates a través del 1-1 (además, ha habido dos igualadas a cero). Son 20 puntos adquiridos con marcadores binarios, con ceros y unos. Un arte.

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