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Una segunda vuelta de máxima exigencia para el Real Zaragoza

El equipo aragonés está obligado a sumar la mitad de los 60 puntos que restan por jugarse para asegurar la permanencia. Los nueve precedentes en Segunda con 22 equipos presentan casos que sirven de guía: el riesgo es serio.

Francés salva un gol bajo palos en Albacete anteanoche, con Cristian Álvarez ya superado.
Francés salva un gol bajo palos en Albacete anteanoche, con Cristian Álvarez ya superado.
J.M. Moreno/LOF

La segunda vuelta de la liga 20-21 viene cargada de máxima exigencia para el Real Zaragoza. Se juega no bajar a Segunda B. La vida. Con sus escasos 20 puntos al final de la primera mitad del torneo, el equipo acudió anteayer viernes a Albacete para estrenar la cara 2 del calendario con un mandato indiscutible: según sugiere la estadística, el historial de la liga con el actual formato de 22 equipos, ha de sumar, como sea, alrededor de la mitad de los puntos que restan por jugarse. Y, de entrada, en campo manchego, ante el colista, echó a perder la primera de las 21 balas que le quedaban en la canana para, con mucho sufrimiento (esto se da por hecho), acabar en mayo eludiendo la caída del fútbol profesional. Ya solo le quedan 20.

Ahora sí, las cifras son redondas por completo, de sencilla comprensión. Están pendientes de dirimirse esos 20 partidos, 60 puntos. Y el Real Zaragoza requiere de 30 para alcanzar la cincuentena que, excepto el año pasado con el Deportivo de La Coruña (descendió con 51), suelen garantizar la supervivencia en la zona baja, incandescente, de la tabla, en la que los cuatro últimos se precipitan al vacío sin remedio. El reto es tan descomunal –para un equipo que viene escaso de argumentos de fábrica– como innegociable.

Con esta encomienda, tan concreta y presionante, los jugadores y técnicos del Real Zaragoza van a empezar a sentir en breve tiempo la escasez de cintura, de margen de error, de los que disponen. Ganar es, en lo sucesivo, sinónimo de respirar un poco mejor, sin más. No hacerlo, por el contrario, traerá consigo sensaciones vertiginosas pues, inexorablemente, multiplicará las obligaciones por vencer en los partidos que vayan quedando, cada vez menos y con rivales de todo tipo y condición.

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Nueve precedentes orientativos

Esta es la décima temporada del Real Zaragoza en Segunda División con 22 equipos. Es la octava consecutiva de esta era moderna, pero ya se jugaron con un calendario de 42 jornadas las ligas de plata esporádicas, pues el cuadro zaragocista subió a la primera del tirón, que el club blanquillo acometió en el curso 2008-09 –bajo la batuta de Marcelino García Toral– y en la 2002-03, la de Paco Flores en el banquillo.

Como se puede observar en el cuadro adjunto, hay tres segundas vueltas en este histórico que, en la situación actual del Real Zaragoza, resultarían letales. La peor fue la de la 13-14, el año siguiente al último descenso, pues el equipo solo sumó 21 puntos -entre Paco Herrera y Víctor Muñoz, su relevo– entre el alboroto interno montado por el director general de entonces, el comisionado Jesús García Pitarch. Menos mal que antes del ecuador de aquella liga, con Herrera aún firme en la dirección del vestuario, había logrado 32 y, de este modo, con 53, libró los problemas muy al final.

También sería ahora insuficiente el abrupto camino seguido en la 16-17, donde entre Agné y Láinez –reparador último– solo consiguieron adicionar 23 puntos en el segundo tramo del torneo. El Zaragoza se salvó in extremis, con 50 rapados, gracias a los 27 de la primera vuelta. Le vino justísimo.

Y, asimismo, la más reciente película de la campaña 18-19, con Víctor Fernández a la desesperada tras el desastre inicial de Idiakez y Alcaraz, presenta una cifra que podría ser insuficiente esta vez: 29 puntos logró el Real Zaragoza en la segunda vuelta. Fueron útiles finalmente porque la catastrófica primera vuelta de sus dos antecesores había concluido con 22 puntos. Es decir, dos más que ahora. Esto da idea de la hondura del problema en el presente. Y pone en dimensión real lo acontecido desde septiembre hasta enero en esta temporada incalificable. En este episodio cercano, hace solo dos ligas, el Zaragoza acabó, pues, con 51 puntos y pudo respirar en los estertores del torneo.

Se requiere ritmo de promoción de ascenso

El microscopio de los precedentes emite un modo claro de solucionar el problema actual del Real Zaragoza: establecer un ritmo de suma de puntos que, en algunos de los años buenos, han supuesto jugar la promoción de ascenso a Primera en junio.

En efecto, en la segunda vuelta de la liga 14-15, con Ranko Popovic, aquel Zaragoza certificó 30 puntos que, con los 31 de la primera, hicieron los 61 con los que pudo pelear por subir, sin éxito por apenas 6 minutos en Las Palmas, hito de infausto recuerdo.

Los 32 que logró el equipo del año pasado en la anómala segunda vuelta del covid, del confinamiento y del fútbol de mentira, que arrasó el libreto que llevaba escrito de forma inmaculada Víctor Fernández en marzo, también servirían para el fin actual.

La conducta del equipo, su solvencia, tiene donde mirarse. A todas caras. Para lo bueno, lo necesario. Y para lo malo, lo que no hay que hacer ni repetir. 

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