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Real Zaragoza: madera de ganador

Análisis de los puntos claves de la victoria del Real Zaragoza en Málaga con gol de Luis Suárez. 

Partido Málaga-Real Zaragoza disputado en el estadio de La Rosaleda
Partido Málaga-Real Zaragoza disputado en el estadio de La Rosaleda
CARLOS GUERRERO/LOF

1. Un Zaragoza de delanteros. Víctor Fernández, esta vez, además, avivado por la baja de Guti en el centro del campo, se mantuvo subido a su optimista propuesta de un equipo afilado y definido por sus delanteros, por la acumulación de cuatro hombres de mirada ofensiva y pisada atacante. La irrupción de Burgui -más las bajas recientes de James o Guti- ha reajustado los polos de actividad del equipo, restándole influencia al centro del campo y exponiendo el equilibrio que lo ha llevado hasta aquí. Sucedió en Santander, y también Málaga, donde espera un bloque compacto, con jugadores de alto nivel defensivo y colectivo. James sucedió a Guti, y su flojo estado de forma -tras dos semanas con las fibras tocadas- se llevó por delante su confianza y llenó de errores su partido. Por ahí, comenzó a agrietarse un Zaragoza al que le faltaba tino en el control, alivios en la creación y soluciones sólidas en la salida de la pelota. El Málaga lo intuyó tan rápido que se limitó a seguir el hilo que había desenrollado el Racing hace una semana.

R. Zaragoza vs Malaga - Football tactics and formations

2. En el campo de minas. El Málaga se plantó arriba, minó la zona de iniciación de juego del Zaragoza y presionó hasta el mismo desfiladero del área rival. Al equipo aragonés se le amontonaban los interrogantes. James estaba espeso, Eguaras encarcelado por Adrián y Juanpi, los laterales no progresaban… La solución, a priori, no era mala: buscar en largo a Luis Suárez desde Atienza o El Yamiq, respirar en las espaldas infatigables del colombiano y llegar a Puado. Pero no fue una primera parte de alegrías técnicas y controles precisos. La vía directa no terminó de inquietar a un Málaga de centrales expertos, poderoso, físicos y solventes en esa defensa frontal. El Málaga estaba desactivando al Zaragoza y neutralizando su juego. Aún con todo, los aragoneses cuentan con soluciones simples para grandes problemas: sus jugadores de ataque siempre van a producir peligro, de forma continua o de modo aislado. Esta es la esencia del Zaragoza y el acento esdrújulo del plan de Víctor: su demoledora capacidad ofensiva. Puado y Soro amenazaron, el Málaga replicó con una comba de Juanpi y un cabezazo de Adrián. El Málaga parecía estar mejor, pero el Zaragoza estaba ahí, impidiendo que el rival olvidara quien tenía delante.

3. El Yamiq es un titán. El Málaga, durante 60 minutos, generó continua incertidumbre al Zaragoza con el juego silencioso y fantasmagórico de Juanpi, quien arañó la espalda del centro del campo aragonés, se movió entre sombras y firmó una alianza intimidatoria con Tete Morente. El Zaragoza tuvo que sostenerse entonces en su pareja de centrales, sobre todo, en El Yamiq, cuya tarde fue antológica, digna de un central de otros vuelos. Cerró el partido con 16 despejes de los 35 totales del Zaragoza -el Málaga firmó 8 entre todo el equipo-. Unos registros diferenciales que dan forma a lo que estaba siendo el duelo: el Málaga parecía llegar mucho, pero solo llegaba hasta donde El Yamiq permitía, una sensación de falso asedio que el Zaragoza controló en todo momentos con sus excelsos centrales y evitó que el partido se saliera de su igualdad global. Allí estaba siempre el central marroquí, achicando pelotas, ganando lo cielos, atento, veloz, inteligente... Cada balón que Luis Hernández colgaba al área desde el saque de banda en esa jugada tan 'sui generis' de sus equipos desde hace años, lo disolvía El Yamiq con la naturalidad de quien es muy superior al momento y a las circunstancias.

4. Eguaras encuentra la salida. Limitado por una amarilla, el Málaga debió prescindir del hombre que parecía no estar, pero sostenía los cimientos de su ordenada e incandescente presión: Luis Muñoz. Ese cambio pasó capítulo en el partido. El Málaga había ganado la batalla de la superioridad en el centro del campo, pero ese cambio y la pérdida de fuelle de Juanpi o Adrián comenzaron a darle alas al Zaragoza. Eguaras se soltó de los grilletes rivales y empezó a encontrar salidas hacia Burgui, Puado o Luis Suárez. El Zaragoza empezó a asentarse en campo rival y a ser él mismo. La posesión se inclinó hacia el lado aragonés y también sus ocasiones: Soro y Puado se plantaron delante de Munir. Con el equipo más arriba, también fue más fácil robar cerca del portero del Málaga. Y ahí saltó el chispazo de la victoria.

5. Ojos de ganador. El Zaragoza, con su estatura y corpulencia defensiva actual, siempre va a estar en situación de ganar los partidos porque tiene inspiraciones individuales muy por encima del ratio medio de la categoría y porque esos futbolistas tienen un desbordado hambre de victoria, hambre de hacer historia, una ilusión desorbitada bien cultivada y regada por el discurso interno y externo de Víctor Fernández. Si contra el Racing, rescató un punto en el tramo final; ayer, se llevó un triunfo de oro y platino de parecidas formas. Ganando como lo hacen los ganadores. En algunos sitios lo llaman la suerte del campeón y aquí no falta quien lo atribuye a cierta flor. Pero la fortuna también se trabaja. En un ascenso no faltan puntos así: victorias que salen de un empate, empates que brotan de una derrota, triunfos de pico y pala, sumar cuando no el juego no llega… Se llama madera competitiva, una personalidad en la que no falta nunca el convencimiento: por eso Nieto y su fe batallaron el balón que Luis Suárez chapó con el precioso metal del triunfo. El Zaragoza ganó porque así ganan los ganadores, porque es un monstruo de competir. 

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