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Pólvora para Víctor: el Zaragoza que viene

Con los últimos ajustes en la plantilla, el técnico planea un equipo con el epicentro de su juego acentuado en su frente ofensivo, con Luis Suárez y Puado o Pereira en la doble punta, más Burgui, Soro o el propio Puado en los extremos.

Víctor Fernández dialoga con Loreto, su ayudante, en el ensayo de este viernes.
Víctor Fernández dialoga con Loreto, su ayudante, en el ensayo de este viernes.
Toni Galán

Atado y fichado Burgui, el Real Zaragoza le ha puesto el broche a su reforma invernal de la plantilla con un extremo de perfil muy concreto, demanda de Víctor Fernández para completar de registros y diversidad el equipo. La llegada de un futbolista así, un regateador, eléctrico, con desborde, tendencia exterior, pero sobre todo capacidad para romper por dentro y asociarse, llegar y asistir, comenzó a ser a mediados de enero una prioridad para el técnico sobre su exigencia original de reclutar un mediocentro. 

Desde que el Real Zaragoza se ha asentado sobre la estructura de un 4-4-2 con doble pivote (o las diferentes variantes desde ese dibujo con dos mediocentros), el fichaje de un mediocampista comenzó a perder sentido, con Eguaras, Guti, James y Ros en plantilla. Sin embargo, la lesión del navarro con el mercado abierto obligó a cambiar el pie en las horas finales del pasado mes. De urgencia, se incorporó a Dani Torres, posponiéndose los últimos recursos salariales y temporales a la contratación de ese extremo que debía completar la plantilla junto a un delantero centro (André Pereira) y un central (Jawad El Yamiq).

La intención era fichar un extremo izquierdo pero de pie derecho, para tener la opción de Álex Blanco como alternativa natural a esa banda y destinarlo, como función principal, al costado opuesto. El objetivo durante enero fue José Arnáiz (Leganés), pero acabó en Osasuna, siguió así en Primera. El segundo en la lista era Burgui. Sin embargo, la evolución de mercado lo alejó del Zaragoza, hasta que en las horas finales se pudo reactivar esta vía. No consumó, como ya es sabido: Burgui apuró sus opciones de seguir en Primera y las negociaciones con el Alavés tampoco cristalizaron. Aunque el tiempo de cierre se echó encima el 31 de enero y el Zaragoza anunció que daba por clausuradas sus operaciones unas tres horas antes, dentro del club se guardaba la carta de Javi Ros. Se había lesionado, y las primeras exploraciones, entonces confidenciales, advertían de una lesión meniscal importante, de varios meses de recuperación, por lo que la posibilidad de seguir fichando fuera del periodo ordinario de enero era muy factible.

Burgui controla el balón en el entrenamiento de este jueves.
Burgui controla el balón en el entrenamiento de este jueves.
Toni Galán

El Zaragoza manejó entonces un escenario en el que el tiempo y las circunstancias iban a jugar ahora a su favor: otras opciones negociadas en enero como Larrazábal (Athletic) o Borja Valle (Deportivo) no podían retomarse dadas sus peculiaridades, pero el cromo de Burgui seguía bien marcado, ahora con más vías de realizarse dado que el jugador se había caído del todo de los planes del Alavés en las últimas semanas, necesitaba jugar tras su lesión del pasado curso y el club vasco iba a tener una decidida oportunidad de mercado para darle salida y colocarlo de cara al futuro. Y ahí se movió con rapidez el Zaragoza, para entregarle a Víctor Fernández el extremo reclamado en el momento en el que la operación quirúrgica confirmó la temida gravedad de la lesión de Javi Ros y se agilizaron los trámites de baja de su licencia.

Con Burgui alistado, el Real Zaragoza ha intervenido su plantilla más allá de un leve giro o matiz. Ha puesto en manos de Víctor todo aquello que ha necesitado y pedido. Sin ser una revolución ni un volantazo estructural, sí se advierte una reforma de concretas intenciones: subir el nivel en el intercambio de piezas producido. André Pereira viene a relevar en el apartado ofensivo a Pombo con un perfil diferente, más semejante al liberado por Dwamena tras su enfermedad, plaza que fue ya cubierta con Puado, cuyo fútbol se aproxima más al de Pombo. 

Burgui supone un recambio para Papunashvili, con otras condiciones técnicas y tácticas, pero mismo rol dentro del reparto de la plantilla. El Yamiq ocupa el lugar de Grippo en la zaga, ofreciendo unas características defensivas diferentes y un atributo que Víctor Fernández quería incorporar a sus centrales: contundencia y desplazamiento en largo. Y Torres es un sustituto puro -aun con sus diferencias- a Javi Ros. Así, el Zaragoza ha incorporado a cuatro futbolistas, por cinco bajas, seis con la lesión del capitán. Una de esas otras salidas ha sido Bikoro, de facto, inédito y residual para Víctor. Y la otra es Lasure, un lateral izquierdo, única pieza que no se ha duplicado en este mercado porque el técnico observa a Clemente como una alternativa sólida y específica a Nieto.

¿Qué busca Víctor Fernández con estos cambios invernales satisfechos por el club? Reduciendo el análisis al máximo: acumular piezas ofensivas en su plan de juego. Un Zaragoza con el foco de acción de su fútbol en los delanteros. En cierto modo, su tradición como entrenador siempre procuró seguir esa filosofía, de un juego de ataque en el que la reunión de hombres de naturaleza ofensiva marcase la identidad de sus diferentes equipos. El técnico, ahora, gracias al material disponible en la plantilla, profundizará en esa apuesta, acentuando en su modelo el área de influencia de los delanteros.

Durante la temporada, el Zaragoza se ha expresado como un equipo contundente, devastador y eficaz, de puño de hierro, cuando su fútbol ha conjugado la verticalidad y la presión alta y agresiva. Es decir, que la pelota esté lo más arriba posible de su frente de ataque. Por eso, aunque es un equipo que siempre digiere el juego, lo asea y los puebla de pases; la mejor versión del Zaragoza, sus mejores brillos, se han revelado cuando llenó de vértigo sus acciones, pegando y pegando, galopando, volando… 

Casi siempre, este contexto se ha favorecido cuando el equipo se ha adelantado en el marcador y le han abierto los espacios o cuando el rival se lo ha apostado al intercambio de golpes. Sin embargo, ha sufrido más cuando se han enfrentado a repliegues densos, ordenados, intensos, y reculados, como hace unos días contra el Fuenlabrada. Ahí se le han observado algunas costuras y debilidades en el ataque posicional, en la creación de soluciones desde la pizarra, dejando casi todo en manos -o pies- de las inspiraciones individuales que guarda la plantilla: el ímpetu de Luis Suárez, el destello de Soro, la luz de Puado, el pase imposible de Eguaras, la fe de Guti…

Puado (izda.) conduce el balón en un contragolpe junto a Luis Suárez, el pasado fin de semana en Madrid, cuando el nuevo delantero del Real Zaragoza se estrenó en el equipo frente al Rayo Vallecano.
Puado y Luis Suárez, al ataque.
Enrique Cidoncha

Dependerá del adversario y también de si se juega en casa o fuera, pero el Zaragoza que viene se asentará sobre la idea de que sus delanteros deben ser el polo del equipo. Hasta ahora, James se ha afianzado como el recurso más estable y equilibrado en la banda izquierda, pero no debe descartarse que Víctor Fernández, en La Romareda, arroje toda la pólvora posible al campo: Luis Suárez, Puado, Soro, Pereira, Burgui -cinco futbolistas para cuatro o tres puestos-… Tampoco que, como visitante, James se aloje con Guti en el doble pivote en lugar de Eguaras, con la intención de estimular aún más, desde la contención, el juego de transiciones hacia la vanguardia.

Será, de todos modos, la evolución del equipo la que irá moldeando su personalidad. Con vocación de simplificar mecanismos, el centro del campo del Zaragoza parece enfocarse más bien a un lugar de paso que a uno de mando. Dependerá del momento, de los rivales, de la tipología de partido… Pero la voluntad de Víctor es que sus delanteros -y extremos- tomen los hilos del equipo, que el Zaragoza sea una flecha afilada y letal, con ritmo continuo de ataque. De cierta manera, como siempre ha sido con él. Un entrenador de estilo definido e irrenunciable, en el que es el perfil del futbolista lo que determina el modelo y no los dibujos tácticos, adaptando las posiciones a los jugadores en lugar de los jugadores a las posiciones. Y son conocidas las características del gusto de Víctor: ahí está Burgui como último ejemplo. Un atacante fino de pie, de talento, capacidad técnica y creativa, y potencial ofensivo. Toda la carne está ya en el asador: llega el Zaragoza de los delanteros. 

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