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Eguaras, fútbol de alta costura

El mediocentro navarro lidera la victoria contra el Extremadura con su actuación mágica a los mandos del timón del Real Zaragoza: dio dos asistencias de gol y se inventó otro con un pase imposible

PARTIDO DE LIGA EXTREMADURA - REAL ZARAGOZA / 11/05/2019 / FOTO : CONRADO DEL CASTILLO [[[FOTOGRAFOS]]]
Eguaras ejecuta uno de sus pases en el partido contra el Extremadura
TONI GALAN

Íñigo Eguaras agarró el hilo de seda de la pelota, y lo mandó directo a la cabeza de una aguja imposible, entre piernas de defensas del Extremadura, enhebrando así un pase de largo alcance al que la carrera del bisonte Luis Suárez le dio el pespunte definitivo para que Kagawa devolviera la ventaja al Zaragoza. El equipo aragonés estaba convertido en cascotes por el Extremadura y vivía momentos delicados, de esos en los que cuando no es suficiente con el juego colectivo son necesarias las inspiraciones individuales. Y así, Eguaras metió ese balón por donde justamente entraba, con ese aire de elegancia y frialdad, como un dandi recién perfumado, con el que el centrocampista navarro juega. No fue una asistencia de gol pero fue más que una asistencia, recordando que en el fútbol los penúltimos pases son tan o más decisivos y valiosos que los últimos. A Eguaras no le salió ni una arruga en el traje con el que bordó el fútbol durante toda la tarde, su gran tarde desde hace dos años: a la acción relatada líneas más arriba, añadió dos asistencias de las de verdad, a su estilo, mirando al frente, detectando lo que otros no ven y soltando su carrete de hilo de pases letales. A Dwamena le entregó el primero por vía aérea. A Luis Suárez le entregó el tercero del Zaragoza en otro envío que se metió con ajustada agonía entre la defensa rival como un gato en una gatera. Y aún pudo sumar Eguaras una tercera asistencia si Kagawa decide mejor frente a la portería tras otro traje de alta costura hilvanado por el navarro en una tarde de catálogo inacabable: pases verticales que agrietaban la presión, primeros toques, cambios de orientación, aclarados, pases de seguridad, toques con el exterior...

Fue, en definitiva, una exhibición de arriba abajo del mediocentro, avivada sustancialmente cuando Víctor Fernández le puso por fin al lado a su amigo y socio Javi Ros, con quien cada día mejor sintoniza y se entiende. Eguaras confirmó su vuelta, su recuperación, su regreso a aquella versión de los seis primeros meses de 2018 en los que guió con su brújula al Zaragoza de Natxo González a la tercera posición. La pasada temporada, una lesión de pubis dejó al equipo sin esa pieza contextual, necesaria para que todo tuviera sentido. A Eguaras le falló el físico y, a partir de eso, el ánimo, erosionándose así la confianza en un jugador que la necesita tanto, por su singular personalidad, como necesita soluciones tácticas. Eguaras no tuvo solo problemas de pubalgia: le falló también la pizarra. El navarro es un mediocentro de cualidades muy concretas y específicas, un futbolista posicional en toda la amplitud del término. El rombo de hace dos temporadas le dio al equipo el orden y la estructura para que Eguaras brillara. El rombo ha vuelto al Zaragoza, aunque ayer cojeó por el lado izquierdo: Soro no es centrocampista y se notó. Javi Ros entró, ya con otro sistema, y se corrigió el desequilibrio. En este Zaragoza, Eguaras siempre necesitará a dos de estos tres futbolistas para que mejor carbure su fútbol de escuadra y cartabón: Guti, James y Javi Ros. Los necesita para atacar y defender. A Eguaras se le castiga por su falta de nivel defensivo, pero no es un mal defensor. No tiene el físico para ello pero tiene el conocimiento del juego: ayer, recuperó nueve pelotas entre robos, intercepciones y entradas. Ya, hace dos años, fue de los mejores recuperadores de la categoría.

Mientras Víctor Fernández afina tácticamente ese centro del campo en crecimiento, el navarro ha encontrado en el equipo tres piezas que elevan su dimensión y aceitan su visión de juego privilegiada a la espera de que se vaya puliendo el sistema. Quien más, Kagawa. Para Eguaras es una bendición tener a uno de los mejores mediapuntas a la hora de moverse detrás de la espalda del centro del campo rival que ha tenido Europa en la última década. Eguaras, ante todo, pasa hacia adelante. Mete balones en el tercio final del campo. Y ahí Kagawa es su norte, una sociedad que supera la presión, verticaliza el juego y lo lanza hacia los puntas. Precisamente, Luis Suárez y Dwamena, dos bestias al espacio, son la guinda para Eguaras, como lo fue Borja Iglesias. Su juego profundo y capacidad de desmarque abre vías para que el navarro, como ayer, frote la lámpara de los pases de fábula.

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