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Víctor: un icono del zaragocismo

El técnico, que vive su tercera etapa al frente del equipo, estará siempre ligado a aquella noche de 1995 en la que el Real Zaragoza se hizo con la Recopa de Europa.

Víctor Fernández, a la salida de la sesión de vídeo de este viernes en la Ciudad Deportiva.
Víctor Fernández, en la Ciudad Deportiva.
Oliver Duch

Víctor Fernández renovará en las próximas horas como entrenador del Real Zaragoza para la temporada 2019-2020. Icono del zaragocismo y protagonista de algunas de las páginas más relevantes de la entidad, su figura estará siempre ligada a aquel 10 de mayo de 1995, en París, cuando el equipo conquistó la Recopa de Europa.

Sucedió en un escenario supremo, en el Parque de los Príncipes, ante el Arsenal, un adversario de reconocido potencial. Y el desenlace resultó irrepetible, conmovedor: el cuadro zaragozano se adjudicó el título continental en el último suspiro de la prórroga, gracias a la parábola imposible de Nayim: un disparo envenenado, inesperado, formidable, que sorprendió a Seaman desde el centro del campo en el minuto 120 de partido. El Real Zaragoza firmaba el éxito más importante de toda su historia.

La Recopa, sin embargo, no fue la única aportación de Víctor Fernández a las vitrinas del club. Durante su primer lustro en el banquillo, el técnico confeccionó un notorio palmarés -campeón de la Copa del Rey en 1994 y finalista en la edición de 1993-, al margen de la admiración que generó un equipo por entonces competitivo, valiente, muy seguro de sus fuerzas, brillante por momentos, y distinguido sobre todo por su detallista propuesta futbolística: un juego combinativo, ofensivo y seductor, siempre desmarcado de la mediocridad.

Porque Víctor , en los triunfos y en las derrotas, siempre se mantuvo firme en su filosofía de juego. No se le recuerda ni un paso atrás, ni una sola renuncia a sus principios. Muy por encima de su contribución material, la importancia de su legado residió, sobre todo, en su valiente concepción futbolística. La imaginación, la técnica, el riesgo, la búsqueda de la victoria mediante la conservación del balón, siempre primaron sobre el resultadismo y los rigores tácticos. Un estilo que no sólo comulgó con la exigente afición de La Romareda, sino que situó al Real Zaragoza bajo los focos del escaparate mundial.

En este sentido, para el recuerdo quedaron pasajes únicos, como aquel 6-3 al ‘dream team’ de Johan Cruyff, o la victoria por 4-5 en el Camp Nou, que supuso otro importante revés al orgullo de los azulgranas. El Real Zaragoza era, al mismo tiempo, un rival temido y un equipo admirado.

En su primera etapa en La Romareda, Víctor accedió al cargo en 1991, como sustituto de Ildo Maneiro, con el desafío de alcanzar la permanencia en la máxima competición nacional. El técnico aragonés, con sólo 30 años, consumó la salvación del equipo tras una intensa eliminatoria ante el Murcia, en lo que fue el inicio de su exitosa trayectoria como entrenador . Después llegaron las conquistas de la Copa y la Recopa, el subcampeonato en el torneo del KO y las clasificaciones para la Copa de la UEFA. Cerró su primera etapa en noviembre de 1996, cuando fue destituido por Alfonso Soláns y relevado en el banquillo por Víctor Espárrago.

Fernández regresó al Zaragoza diez años después, de la mano de Agapito Iglesias, como mascarón de proa de un club con renovadas ilusiones. Desde la propia entidad se divulgó la idea de un proyecto grande, sólido, estable; de un ambicioso plan deportivo que devolviese al Real Zaragoza al grupo más selecto del fútbol español. Un propósito que se alcanzó en la primera temporada, en el curso 2006-07, que finalizaron los zaragocistas en la sexta posición.

Sin embargo, el equipo se colapsó después, contra todas las previsiones, y Víctor Fernández fue despedido en enero de 2008, con toda la segunda vuelta todavía por disputar. Los continuos cambios en el banquillo -Garitano, Irureta y Villanova- tampoco lograron modificar la negativa trayectoria del equipo, que acabó despeñándose a la Segunda División. A Víctor , entonces, se le responsabilizó de haber solicitado para su proyecto unos jugadores que tenían más nombre que fútbol, además de sus dificultades, en aquel momento, para manejar los egos del vestuario.

Una década después, el pasado diciembrre, el técnico llegó de nuevo al equipo en sustitución esta vez de un Lucas Alcaraz que no dejaba al Zaragoza en puestos de descenso.

El club explicó entonces que se había decantado por Víctor por su conocimiento del club y de la ciudad, cuestiones esenciales en momentos delicados. Se buscaba, contaron los dirigentes zaragocistas, un entrenador con el que la plantilla sintonizase de inmediato por su trayectoria y experiencia, y que fuera capaz de estimular el juego creativo y ofensivo del equipo tras los problemas manifestados en este aspecto por Alcaraz.

Ahora, con el objetivo de la permanencia garantizado, el Real Zaragoza mantiene su confianza en Víctor y quiere que siga al frente del equipo para superar todos los retos en la próxima temporada.

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