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Las lágrimas de emoción de Víctor Fernández ante el coro de La Romareda

Al entrenador del Real Zaragoza se le encharcaron los ojos y tuvo que contener el llanto cuando la mayoría de la afición gritó "Víctor, quédate" tras lograr el equipo el 4-2 ante el Sporting en el minuto 90.

Víctor Fernández, con los ojos arrasados, contiene el llanto emocionado mientras la mayoría de los 17.000 espectadores de La Romareda pidió su continuidad el año que viene.
Víctor Fernández, con los ojos arrasados, contiene el llanto emocionado mientras la mayoría de los 17.000 espectadores de La Romareda pidió su continuidad el año que viene.
Captura de Gol TV/LFP

Fue marcar el 4-2 el Real Zaragoza, recién rebasado en minuto 90 del partido de este viernes ante el Sporting de Gijón, y estallar el grito en los graderíos de La Romareda: "¡Víctor, quédate; Víctor, quédate; Víiiiictor, quédaaateee...!". Lo lanzaron al aire zaragozano, en la fría noche del 18 de mayo de 2019, la mayor parte de los 17.000 aficionados que se dieron cita en las tribunas para ver in situ este penúltimo partido de la temporada en el coliseo aragonés. Fue un coro sonoro. Como hacía tiempo no sucedía... en positivo hacia nadie.

Y Víctor Fernández, el sujeto protagonista de la letra de la canción, recibió el input en pleno corazón. Le tocó la fibra. Y el resorte cerebral que todos los humanos tenemos para desatar nuestras emociones, que es incontrolable, que actúa de forma refleja, le llenó los ojos de lágrimas, se los arrasó mientras se movía por la banda del estadio, por delante de su banquillo y los jugadores se disponían a reanudar el juego tras haber celebrado por todo lo alto el cuarto gol que apuntalaba una victoria vital para cerrar la salvación y eludir el terrible descenso a Segunda B, misión excepcional para la que fue contratado en diciembre el veterano técnico del barrio Oliver. Ex profeso.

Víctor se muerde el labio para evitar el llanto en la recta final del partido.
Víctor se muerde el labio para evitar el llanto en la recta final del partido.
Captura de Gol TV/LFP

Desde el fondo de animación, en el minuto 30, porque así se había programado, ya sonó la tonadilla brevemente en el transcurso del juego, entonces con el 0-1 en el marcador y el miedo metido hasta el tuétano. En ese pasaje, todo quedó postizo, sin chicha, sin seguimiento por parte de nadie más que los solistas. No estaba el horno para bollos. Pero lo acontecido en la recta final, con el 4-2 y la liberación de las endorfinas y neurotransmisores similares que originó el bonito triunfo ante los gijoneses en días de tanto apuro, ya fue otra cosa bien distinta.

Víctor Fernández, 'Vitín', no pudo aguantar en situación ordinaria ese método sonoro de loa hacia su trabajo, hacia su función en este Zaragoza de 2019, que va a cumplir con enorme sufrimiento, sudor... y lágrimas. Las imágenes de Gol, la televisión que transmitió el partido en directo para todo el mundo, reflejaron el momento de intensidad sentimental del técnico. La mueca emocional fue nítida. Se tuvo que morder el labio para no llorar abiertamente. Gritó un "vamooos" al horizonte para soltar adrenalina y despistar el llanto. Cerró los ojos un segundo introspectivamente para aliviar su tensión anímica, alterada por el góspel de La Romareda, directo hacia él. 

Víctor, camino de convertirse en sexagenario, viene advirtiendo hace días que esta tercera era suya en el Real Zaragoza no tiene nada que ver con las dos anteriores. Que de aquel jovenzano, aún veinteañero, de 1990 hasta el maduro personaje de hoy han variado muchos pareceres y modos de afrontar la vida y la profesión. Que de aquel Fernández en la cresta de la ola del éxito en 2006, cuando el agapitismo lo captó como mascarón de proa bonito y seductor en un proyecto que prometió días de vino y rosas, hasta el de esta mitad de 2019, han ido moldeándose esas cosas de la vida que nos hacen más sensibles, más emocionables, más vulnerables al sentir de alrededor.

La bravura de la juventud suele nublar la mente a menudo. Suele derivar hacia decisiones y posturas equivocadas más de lo aconsejable. Hay una edad en la que uno puede tender a creerse el amo del mundo, que todo lo puede y eso desemboca el errores de apreciación, en conductas sobre las que luego, con los años, se tienden a admitir yerros evidentes. Por eso, en la historia de la humanidad, siempre es bueno acudir a los mayores, a los expertos, a los calmados maduros para atenuar arrebatos infundados. En ellos ya no hay ambiciones, ni egos, ni competencias absurdas, ni ambiciones desmedidas. En este escenario, Víctor Fernández ha puesto las cosas en su sitio paso a paso desde su aterrizaje previo a la Navidad.

Visto ya lo acontecido respecto del Real Zaragoza del presente desde mitad de diciembre hasta hoy y aludiendo, con el máximo respeto y fervor, al inicio de la jaculatoria de la Virgen del Pilar, seguro que son muchos los que firmarían debajo de este 'bendita y alabada sea la hora' en que a alguien -algunos- se le ocurrió pensar que Víctor Fernández podía ser la solución al chandrío que estaba tomando forma en el seno del equipo zaragocista en el primer tramo de este terrible curso futbolístico, el 2018-19 que ya va a concluir. Nunca habrá que olvidar que Vitín cogió al equipo en el puesto 20º, antepenúltimo (el Reus aún no había sido expulsado de la liga), cuando solo restaban dos partidos para concluir la primera vuelta.

Esos promotores deberían ser tenidos muy en cuenta desde ya mismo de cara al futuro inmediato que se avecina. Ellos sí la clavaron. Tal vez sea el único acierto en mucho tiempo. Crucial. Fundamentalmente, decisivo. Tanto que va a generar que, las únicas lágrimas que se vean en estos últimos 20 días de liga en La Romareda sean de emoción, de feliz comunión entre el sufrido público y su entrenador, y no las lágrimas negras que se han temido con tantos vértigos, histerias y preocupaciones durante meses y meses. Felicidades a todos los referidos. 

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