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Los entrañables carteles anunciadores del fútbol perviven en Almendralejo

No hay bar, cafetería, restaurante, comercio, estanco o quiosco en la localidad extremeña que no tenga colgado el reclamo del partido Extremadura-Real Zaragoza de hoy, a la antigua usanza.

Así es el cartel anunciador del partido Extremadura-Real Zaragoza de este sábado en Almendralejo, reclamo que se expone en toda la comarca de la Tierra de Barros.
Así es el cartel anunciador del partido Extremadura-Real Zaragoza de este sábado en Almendralejo, reclamo que se expone en toda la comarca de la Tierra de Barros. Este es el de una cafetería en el centro del pueblo.
José Vidal

En Almendralejo, en este rincón de la provincia de Badajoz, el fútbol es un acontecimiento extraordinario. Tienen a su Extremadura UD en Segunda División, con serias opciones de salvar la categoría y aspirar, como hace un cuarto de siglo ya lograron, a consolidarse entre los clubes profesionales de España en las divisiones grandes. Y, de la mano de su singular idiosincrasia de club pequeño, de localidad pequeña (33.000 habitantes), con un campo pequeño y modesto (el Francisco de la Hera, con 11.000 butacas), que llevan 17 años renaciendo desde la Regional tras una reestructuración del viejo club hacia el actual, en sus hábitos diarios permanecen detalles que, en otros lugares con vocación más cosmopolita, caso de Zaragoza, por ejemplo, hace muchos lustros que se perdieron en el olvido. 

Es el caso de los carteles anunciadores del fútbol. En Almendralejo, en toda la comarca de la Tierra de Barros, no hay bar, cafetería, restaurante, comercio, estanco o quiosco que no tenga colgado o pegado en su cristalera el reclamo del duelo de este sábado entre el Extremadura y el Real Zaragoza. Un partidazo para la renacida historia del club azulgrana. Algo que a los más pequeños y jóvenes del lugar les seduce sobremanera, les llama la atención por inusual. 

Es un cartel en tamaño DIN A 3, a todo color. Con el fondo de uno de los graderíos del estadio almendralejense lleno de aficionados. Con su equipo abrazado celebrando un gol. Todo montado sobre unas manos abiertas que sujetan a los futbolistas en su feliz piña. Se trata de la alegoría de 'la Mano Gigante', figura imaginaria que han gestado los rectores del Extremadura (con el navarro-aragonés Luis Oliver Albesa como referencia) para denominar la unión entre la hinchada extremeña y su equipo, una comunión que ha hecho que el cuadro local haya pasado de ser un muerto en febrero a ser un equipo con enormes opciones de salvar la categoría dentro de 27 días, cuando la liga acabe. 

Ahí, en ese cartel a la vieja usanza, de papel satinado con brillo, aparecen los precios de las entradas. Los horarios. Los patrocinadores. Es un input material, tangible, que llena el día a día de las calles de la redolada de ambiente futbolístico. 

En Zaragoza, como en tantas grandes ciudades, hace falta ser veterano para recordar los pilares del Paseo Independencia, los paneles publicitarios de la plaza Salamero (del Carbón), del Tubo, de las calles Cádiz, San Miguel o de la Puerta del Carmen y el Mercado Central, exhibiendo los cartelones anunciadores del fútbol en La Romareda cuando tocaba. Eran carteles de tamaño mayor, de papel de gramaje adecuado para ser pegados con cola y cepillo con mango. A tres colores, negro, azul y rojo. Unos reclamos de propaganda futbolera que llenaban las principales rutas a pie de los zaragozanos a partir del martes o el miércoles de la semana de fútbol.

Estos simples detalles, matices secundarios si se quiere, hechos refractarios para los contemporáneos del márquetin, también ayudan a apreciar qué es qué en cada lugar de España. Y aquí, en Almendralejo (Badajoz), en 2019, aún se guarda en madera de roble este sabor del fútbol de siempre. Quizá en otros lugares el contador de revoluciones y de kilómetros haya dado ya varias vueltas y se esté a otras cosas más 'in'. Sea como fuere, los vinos nuevos y jóvenes nunca serán nada sin pasar por el barril de las madres para adquirir la solera. Lo que da de sí un cartel anunciador de fútbol. Qué bonito reencontrárselo. Qué gozada ver que las imprentas y las artes gráficas aún tienen negocio por estos lares, combatiendo a puño cerrado con la digitalización más digitalizadora de todo lo digitalizable. Y es que hay cosas que, lejos de acabar siendo excluyentes, habría que poder encontrar la fórmula para que fuesen coexistentes. 

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