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La increíble colección de raquetas de Juan Antonio Burges: juego, set y partido para él

El suyo es un apellido clásico del Stadium Casablanca en el deporte que ahora dominan Nadal y Carlos Alcaraz. Burges, empero, mira más atrás.

El tenista, docente y coleccionista Juan Antonio Burges, con parte de sus tesoros raqueteros.
El tenista, docente y coleccionista Juan Antonio Burges, con parte de sus tesoros raqueteros.
Guillermo Mestre

Juan Antonio Burges viene de una familia de tenistas arraigada al Stadium Casablanca desde hace varias décadas. Es el Burges con mejor palmarés tenístico en Aragón, donde destacó poderosamente en el tenis de edades, siguiendo la estela de las estrellas del club a finales de los años 70 y la década de los 80: Jesús y Aurelio Colás, Jesús Rosés o los hermanos Miguel Ángel y José Ignacio Cantarero, entre otros. 

Hoy en día, Burges trabaja como profesor de educación física en el IES Pablo Serrano de Las Fuentes, donde también funge como coordinador del plan escolar de innovación. La pasión por el tenis, que nunca le ha abandonado, ha encontrado en los dos últimos años una salida muy llamativa: el coleccionismo de raquetas, con ámbito mundial y especial incidencia (que no exclusividad) en las de madera de los años 50, 60 y 70.

Burges tiene más de 800 ejemplares en perfecto estado, que consigue de otros coleccionistas gracias a compraventas y trueques, además de rastrear el mercado internacional y estar siempre atento a oportunidades que surgen de amigos y colegas; también tiene gente que le localiza piezas codiciadas. El pasado mes de agosto fue el principal promotor (junto al vasco Igor del Busto, campeón de Euskadi de veteranos) del I Foro del Coleccionista de Raquetas en España; los ocho miembros iniciales se han multiplicado varias veces en estos nueve primeros meses, y las ideas vuelan sobre una diversificación de actividad.

Las pioneras y las galardonadas

“Las primeras raquetas de la colección, cuatro Renos, nos las pasábamos entre los hermanos –explica Burges– y yo las heredé de mis hermanas, concretamente. Mi primera propia, comprada en Copy, fue una Donnay Allwood que me regaló mi padre, la que hizo popular Björn Borg con la cifra de patrocinio más alta de la historia por aquellos años, aunque él ganó su primer Grand Slam en el 74 con una Slazenger nº1 en Roland Garros. Ya sabes que los torneos del Grand Slam son Australia, Roland Garros, Wimbledon y el Open USA”, recuerda Burges. “Yo empecé a jugar con cinco años, y nunca lo he dejado, aunque ahora lo compagino con el pádel, que también me divierte mucho; somos varios con esa doble afición en el club”.

Burges tiene sus raquetas agrupadas por paredes. “Aquí están las Donnay, aquí las Dunlop; ésta raqueta Dunlop, la Maxply, se empezó a fabricar en 1932 y se produjo durante 50 años, es la más vendida en la historia, cuento con raquetas de varias versiones. En 1936, en Wimbledon, la llevaban la mitad de los jugadores, y ese Wimbledon ganó el título femenino con ella Helen Jacobs. McEnroe ganó torneos del Grand Slam con ella, y Andrés Gimeno consiguió su Roland Garros en 1972 con ella. También la llevaron Rod Laver, Ilie Nastase o Thierry Tulasne”.

Zona de las raquetas Fischer en la colección de Burges.
Zona de las raquetas Fischer en la colección de Burges.
Guillermo Mestre

Juan Burges cuelga y alinea las raquetas con exquisita delicadeza, y las mantiene en un estado excelente. “Tengo muchas raquetas Wilson que llevan nombres de jugadoras famosas, desde Virginia Wade a Billie Jean King, Evonne Goolagong o Chris Evert que fue la última en ganar un Grand Slam con raqueta de madera, el Open USA de 1982”.

Cuando llegan nuevas adquisiciones, el coleccionista pasa alguna de las colgadas a la reserva; de momento no se ha planteado buscar un local mayor. “Estoy muy orgulloso de mi colección de raquetas Bancroft, una marca americana que usó Borg un tiempo en Estados Unidos, Japón o Australia, aunque llevase Donnay en Europa; le permitieron firmar dos contratos a la vez. Las Snauwaert, marca originalmente de barcas de madera, también son muy interesantes, así como las Head que llevaba Agassi, aunque él usó las García americanas de chaval, o las Yonex, que hizo famosas Martina Navratilova; también las usó Billie Jean King. Estoy detrás de una Demon, clásica entre las clásicas, aún no la he conseguido. Ah, y tengo que citar a Miguel Labrador, que me ha ayudado mucho a redondear la colección”.

Entre los tesoros de Burges también se ven raquetas Yamaha, Kawasaki, Fisher o Rossignol, marcas famosas por otras actividades, y otras muy curiosas como las Concorde, las Wip italianas de Adriano Panatta, las Máxima o las Pro Kennex en grafito auténtico y mezclas de material con boron, composite, kevlar y otros materiales.

El coleccionista aragonés tiene un sinfín de anécdotas memorizadas, como la de la hija de una coleccionista de Tenerife que quiso regalarle una raqueta de su padre al saber cómo las cuidaba Juan; la pasión se le desborda, y casi todas las raquetas que cita (de cada marca y gama tiene decenas de variedades) están en las paredes de su colección. “Arthur Ashe hizo famosa su Head, pero también ganó con la Wilson Trabert: ahí la tienes. Y esa Wilson Stan Smith –señala– está firmada por el propio Stan; era suya, y es una de las joyas de la colección. Bueno, y ahí tienes una Dunlop Golden Slam que se hizo en honor a Steffi Graf cuando ganó en 1988 los cuatro torneos del Grand Slam y el oro olímpico, la única que lo ha hecho. Ella llevaba la Dunlop 200G ese año en el que absolutamente nadie pudo ganarle en los grandes torneos”.

Dejadas globales

Burges no habla en términos competitivos a la hora de calificar su arsenal, aunque está orgulloso de lo conseguido en términos de calidad, rarezas y profundidad; de hecho, no cree tener la mejor colección de España en términos globales, aunque sus pares y muchos aficionados que han conocido otros templos raqueteros similares se atreven incluso a decir que la del aragonés está entre las más selectas de Europa. 

“En cuanto a raquetas de antes de 1950 -reconoce Burges- hay al menos dos colecciones españolas con cosas maravillosas con las que no me puedo comparar, teniendo además en cuenta que en los dos casos llevan más de 20 años actividad, y yo apenas empiezo; es cierto que hay que dedicar mucho tiempo y dinero a esto, pero cuento con la comprensión de mi mujer Ana, y eso ayuda mucho. Además, a ella también le gusta el tenis, fue gracias a este deporte que nos conocimos”.

Los que tienen la ocasión de ver esas paredes llenas de joyas y saben apreciarlas, por ser igualmente ‘enfermos’ de este deporte, no encuentran palabras al tratar de calificar la muestra. “El que viene y ama el tenis se queda impresionado, eso es cierto. En ocasiones cedo modelos para actividades cuando alguna marca me las pide. Ahora quiero hacer alguna exposición, quizá junto a la Federación Aragonesa de Tenis, y organizar al mismo tiempo algún torneo ‘vintage’ en Zaragoza, algo que está muy en boga en España”.

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