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Pocos pedales y mucho ejemplo

La crisis del coronavirus ha dinamitado la temporada de los ciclistas profesionales aragoneses, recluidos en sus casas sin poder salir a la carretera, aunque firmemente comprometidos con las medidas y restricciones impuestas por el Gobierno.

El ciclista aragonés del Movistar Team Jorge Arcas
El ciclista aragonés del Movistar Team Jorge Arcas
PHOTO GÓMEZ SPORT / MOVISTAR TEAM

En torno a las nueve y media de la mañana, en su casa de Sabiñánigo, las rutinas, siempre presentes en la vida de un ciclista, conducen a Jorge Arcas a la mesa del desayuno. Después, se viste con su ropa deportiva del equipo Movistar, agarra el plan de entrenamiento de ese día y emprende la faena. Sin embargo, esta vez no hay asfalto a la vista. Las prohibiciones activadas para la contención del COV-19 le han pinchado las ruedas. Le espera, en una estancia contigua, el rodillo, el dispositivo al que los ciclistas se entregan estos días de cuarentena con el objetivo de combatir el retroceso de forma, las adaptaciones fisiológicas que tanto tiempo cuestan construir, pero tan poco perder. “Nuestro trabajo se hace en la carretera, al aire libre, de uno en uno, pero ahora no es momento de pensar en eso. Es tiempo de estar unidos, permanecer en casa y acatar las normas. Es lo que toca”, comenta el rodador del Serrablo, quien ahora, de no haberse suspendido el calendario UCI, abordaría las clásicas del norte, Flandes, Roubaix… Su territorio favorito.

Los ciclistas profesionales representan uno de los colectivos que se sitúan en una especie de limbo normativo, entre los casos de ambigüedad legal que pueden desprenderse del decreto que, desde el sábado, instauró en España el estado de alarma y sus restricciones. Un empleado de una fábrica de tornillos puede salir a la calle, montar en un autobús con más gente, y compartir luego cadena de montaje en una nave industrial, encerrado con otros muchos compañeros. En cambio, un ciclista profesional no puede salir a la calle, a desempeñar su trabajo, al aire libre, en solitario, viviendo lejos de pobladas áreas urbanas.

A nivel de deportistas recreativos o aficionados, las obligaciones y recomendaciones se han impartido con el objetivo de reducir la propagación de la enfermedad, pero también para evitar los riesgos de accidentes que comprometan aún más las prioridades sanitarias de los centros hospitalarios. Una exposición que, en el caso de los ciclistas profesionales -aunque el riesgo cero nunca existe en la carretera- se reduce notablemente, según afirma la Asociación de Ciclistas Profesionales (ACP). Esta agrupación ha solicitado al Ministerio del Interior un permiso excepcional para los corredores. Su presidente, José Luis Santos, lo explica: "El colectivo de profesionales en España no es superior a 140 personas y no vamos a invadir las carreteras. Nos hemos dirigido ya para solicitar permiso para entrenar y realizar el trabajo de manera individual". En Italia, uno de los países más afectados, el gobierno ha autorizado el entrenamiento a ciclistas y atletas siempre que lo hagan de forma individual. "El ciclismo es un deporte solitario. Queremos que se vea una diferencia, que no somos cicloturistas, somos profesionales -subraya Santos-, pero la autoridad no permite el tránsito por las carreteras y amenazan con multas", explica en un testimonio difundido por la agencia EFE. También los seguros privados se ha posicionado: sus coberturas no serán efectivas en percances durante el tiempo que duren las prohibiciones jurídicas.

Mientras llega una respuesta sobre un posible salvoconducto, los ciclistas aragoneses del pelotón internacional se han confinado en sus hogares, le han sacado lustre a sus rodillos y estudian un reajuste de sus calendarios, bajo un clima de incertidumbre e indefinición: falta de objetivos, competiciones suspendidas y aplazadas… Por ejemplo, Sergio Samitier se preparaba para debutar en el Giro de Italia. En su residencia de Barbastro, afinaba el estado de forma para estrenarse en la carrera rosa en su primer año en el equipo Movistar. Al borde de mediodía, ha acabado su primera sesión de trabajo casero. “No se puede estar mucho encima del rodillo porque yo sudo como un poseso. No tienes el aire fresco de la carretera y entrenar así es muy diferente. Así que con una hora y media te tienes que apañar”, comenta un ciclista para quien la situación no es nueva: hace unas semanas, las primeras etapas del coronavirus ya le mantuvieron unos días en cuarentena en un hotel de Abu Dabi tras suspender el Tour UAE. 

Samitier, en Australia
Samitier, en Australia
Instagram Sergio Samitier

Samitier analiza con serenidad y compromiso social esta novedosa situación: “Hay que relativizar lo que nos pasa porque lo primero es la salud de todos. Nuestras circunstancias como profesionales podrían entrar en esas excepciones, pero ahora es momento de preocuparse por lo verdaderamente importante. No nos va a pasar nada si estamos un mes sin dar pedales en la calle”. Más al norte de la provincia de Huesca, en Jaca, otro de los aragoneses del pelotón, Jaime Castrillo, refuerza la idea: “La salud de cada uno de nosotros y la salud pública están por delante de todo. Es de agradecer que la ACP nos defienda y nos apoye, pero ahora no podemos hacer otra cosa, que seguir las pautas y las normas que nos afectan por igual a todos. Hay que hacer las cosas que nos dicen”, señala. 

Este año, Castrillo se ha enrolado en el nuevo equipo Kern-Pharma, una estructura que conoce de su etapa formativa, como ciclista del equipo Lizarte sobre el que se asienta el proyecto. Mucha ilusión, muchos retos… Pero la pandemia ha puesto la temporada contra las cuerdas y amenaza las piernas de los ciclistas. “Fastidia un poco -admite Samitier-, pero insisto: hay gente que está peor. Muchos trabajadores van a perder su empleo, muchos negocios no pueden abrir… Nosotros somos de los profesionales que, aunque no podamos hacer nuestro trabajo con normalidad, nos van a seguir pagando”. 

Jaime Castrillo, con sus nuevos colores del equipo Kern-Pharma
Jaime Castrillo, con sus nuevos colores del equipo Kern-Pharma
Equipo Kern-Pharma

Su compañero de equipo, Jorge Arcas, remarca cuáles son ahora las prioridades: “Hay que respetar las medidas y quedarse en casa. Es lo que toca. Está claro que vamos a perder forma sí o sí. No podemos hacer días de fondo, ni sesiones de puertos. Pero es cuestión de adaptarse al rodillo para mantener todo lo posible. Hay que tener tranquilidad porque creo que esto va para largo y tardaremos en recuperar lo ganado en los meses previos”. Le secunda Jaime Castrillo: “Te cambian los objetivos y la planificación, pero, como digo, lo mejor es ir día a día, con la mayor normalidad posible. No sabemos cuándo volveremos a competir, ojalá sea cuanto antes porque todo ha vuelto a la normalidad. De momento, hay que centrarse en mantener la forma en casa e ir poco a poco esperando acontecimientos”.

Sergio Samitier acostumbra a entrenar en solitario, en las carreteras del entorno de Barbastro: la sierra de Guara, los puertos de la Ribagorza, las ondulaciones de La Fueva… Territorio inhóspito, tranquilo, despejado de tráfico. Esa es su oficina de trabajo. ¿Cómo observa las prohibiciones impuestas a entrenar en la calle? “Es un tema complicado. Lo primero, como digo, son las normas y las directrices que nos han fijado como ciudadanos que somos. Está claro que por las características de nuestro deporte podríamos salir a entrenar. En Aragón, somos cuatro ciclistas profesionales, salimos solos, al aire libre, muchas veces en carreteras con pocos coches… Pero también es cierto que estamos expuestos a una caída. Yo puedo decirte que entrenando no solemos sufrir percances. Pero, si pasa algo, no podemos ocupar en un hospital el lugar de alguien que realmente lo va a necesitar más. No sé, como digo es un tema complicado. Si nos autorizaran a salir dos o tres horas, con la máxima precaución ya sería suficiente, pero somos conscientes de la situación”, reflexiona. 

“Yo tengo la carretera a un minuto de casa, entreno mucho solo y al aire libre -aborda Jaime Castrillo-, pero, más allá de que se pueda hacer una excepción con nosotros, lo principal es la responsabilidad de cada uno, lo importante respetar las pautas que nos han dado”. Samitier sigue alimentando el debate: “En la carretera, no voy a contagiar a nadie ni me van a contagiar porque el virus no está en el aire, los riesgos están al tocar un objeto o parecido. En Italia, por ejemplo, pueden entrenar. Ya veremos a ver dentro de dos meses, o cuando haya que volver a competir. Nos pasarán por encima los ciclistas de otros países en los que sí han podido mantener su planificación… Y luego en octubre habrá que renovar contratos, y se renuevan en base a resultados y rendimiento… Pero como digo, esto ahora es lo de menos. Hay que acatar las normas y dar ejemplo”. “Es que es así, precisamente, como ciclistas profesionales que somos debemos dar ejemplo a los aficionados, y quedarnos en casa”, abunda Arcas.

Estos ciclistas aragoneses han optado por ajustar sus rutinas: dobles sesiones de trabajo, combinando series en un rodillo y trabajo complementario: ejercicios de core, de fuerza con instrumental de gimnasio… Pero un corredor profesional lo es, sobre todo, por las horas que invierte sobre la bicicleta. El preparador y entrenador aragonés Chema Arguedas lo explica: “Los aficionados, con el rodillo, podemos mantener la forma relativamente. A quienes de verdad afecta esta situación es a los profesionales o corredores de categorías elite o sub 23. Ellos meten mucho volumen de entrenamiento, semanas de más de 20 horas de bici. Eso es un rodillo es imposible”. Castrillo lo completa: “Mentalmente, no puede hacerse eso. Al final hay que tomárselo con cierta normalidad, como si fuera una pequeña lesión, por ejemplo. O como cuando por el mal tiempo no se puede salir”. Samiter añade: “Hay ciclistas que se ponen más en forma en la competición, pero a mí me gusta especialmente salir a entrenar”.

Queda esperar, resignarse, y mirar la situación con ánimo y respeto. “Tocará replantear, volver a empezar, como si fuera una pretemporada, cuando toque. Pero ahora ya sabemos lo que debemos hacer”, indica Jorge Arcas, atento a otra cuestión esencial en la vida de un ciclista: la dieta. Hay calorías que ya no se gastan y muchas tentaciones a mano del aburrimiento. “Hay que cuidarse mucho, quizá más, con la alimentación. Ahora la nevera la tenemos siempre muy cerca”, remata.

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