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Afectados por el incendio en Ateca: "La mayor impotencia es ver que se quema tu forma de vida y no te dejan hacer nada"

Los vecinos de Moros vivieron "un infierno" con las llamas "a la puerta de casa". Mientras, un grupo de agricultores de Villalengua se resistía a abandonar su pueblo.

Afectados por el incendio en Ateca.
Afectados por el incendio en Ateca.
Oliver Duch

A las 17.00 las llamas se veían a menos de un kilómetro de Villalengua. El fuego estaba calcinando la zona del Chaparral y si cruzaba el camino de La Canaleja iba a avanzar sin freno hacia La Hinojosa. Hacía cerca de tres horas que Protección Civil había avisado a los vecinos de que debían abandonar el pueblo, pero más de una docena de agricultores seguían con "rabia", aseguraban, el avance del fuego. El olor acre de humo era intenso y las cenizas llegaban al casco urbano.

"La mayor impotencia es ver cómo se quema tu forma de vida y que no te dejen hacer nada. Es que no podemos ni remojar las calles y en cierta manera perimetrar el casco urbano", se lamentaba Enrique Alonso, concejal. "A las 9.00 las llamas las veíamos a seis kilómetros, pero ahora las tenemos aquí, a 500 metros y no podemos ni acercanos con nuestros medios a luchar contra ellas". se lamentaba. "Se nos quema la  y no nos dejan apagar el fuego", apostillaba Jesús Morte. Se mostraba crítico con que durante toda la mañana no habían visto pasar "ni un solo helicóptero".

Una quincena de atomizadores estaban listos para remojar el terreno y lo hicieron durante un tiempo por algunas calles y campos próximos hasta que la Guardia Civil se lo permitió.

Una patrulla de la Guardia Civil se ha desplazado a la zona del incendio para comprobar si queda alguna persona en el interior de las viviendas aisladas por el fuego.

En el autobús que salió a las 17.50 para trasladar a las personas que no podían salir por sus propios medios hasta Calatayud solo había media docena de pasajeros. Lumi Stoika y su hija de 18 años eran dos de ellas. "Tenermos miedo, por supuesto, pero mi marido está aquí con un tractor y estamos pendientes de lo que haga. A las dos de la tarde ya teníamos preparada la maleta preparada por lo que pudiera ocurrir", explicaba. Con ellas iba una vecina de 74 años con su perro que se resistía a dejar su hogar y su mascota. "Ha venido el sobrino a buscarnos, se ha ido con mi marido que está enfermo, pero yo no quería. El jefe de la Guardia Civil ha insistido tanto que al final no he tenido más remedio", aseguraba, algo más convencida, minutos antes de emprender el viaje.

A la hora de emprender el trayecto Villalengua estaba ya cercada por las llamas y prácticamente todos los accesos cortados. Para salir tuvieron que dar un rodeo por la A-1502 por Torrijos, Torrelapaja, Bijuesca y Berdejo hasta llegar a enlazar con la N-234.

En medio de los nervios y la tensión, la llegada de efectivos de la Unidad Militar de Emergencias pocos minutos después de las 18.00 supuso un alivio. "Es muy triste ver cómo se quema el monte y la vega y que no venga nadie. Ahora por los menos a ver si lo pueden parar y nos hacen algo de caso", señalaba Esther Alonso sin poder contener las lágrimas.

La alcaldesa, Ana Isabel Villar, no había podido acceder al muncipio ya que se encontraba en Madrid como senadora. Aunque regresó acabó quedándose en Ateca pegada al teléfono móvil. "Estoy decepcionada y rabiosa porque no sé lo que està pasando de verdad en mi pueblo", reconocía en Ateca mientras acompañaba al presidente del Gobierno aragonés, Javeir Lambán, en su visita a los vecinos acogidos en el pabellón. Villar comentaba que el incendio iba a suponer un "auténtico desastre" para esta localidad de 290 habitantes "de los que el 80% vive de la agricultura, sobre todo de frutales y cereal". Aunque reconocía que el Gobierno aragonés "está haciendo todo lo que puede", también comprendía y compartía "el malestar" de sus convecinos.

"Hoy he visto el infierno"

Pasadas las 20.00, el pabellón de Ateca, donde la Cruz Roja había dispuesto un centenar de camas para que los vecinos desalojadas que lo necesitaran pudieran pasar la noche, era un auténtico hervidero. El equipo de los servicios sociales de la Comunidad de Calatayud había tendido a lo largo de la tarde a 147 personas procedentes de Moros y cuatro de Villalengua. Alrededor de 70 habían solicitado pernoctar, pero el número podía variar ya que algunos se iban acomodando con conocidos y otros valoraban desplazarse a Calatayud, donde el recinco ferial estaba listo para 200 personas.

Pascual García y Carmen Remacha, un matrimonio de Moros de 88 y 82 años, respectivamente, tenían claro que de las instalaciones atecanas no se movían. "Hoy he visto por primera vez el infierno, con las llamas llamando a las puertas de casa. El humor y el calor eran insoportables y se ha quemado completamente un corral casi en el mismo casco urbano, muy cerca. Mi única obsesión ahora es ver qué pasa con mi casa", explicaba este anciano. "Hemos bajado sobre las dos con un chico del pueblo y aunque ha venido una hija para llevarnos con ella a Zaragoza ya nos estamos preparando para cenar", apostillaba su esposa.

Rosa Mari con su marido y sus cuatro nietos, de entre 5 y 10 años, también estaban en el polideportivo de Ateca mientras esperaban irse al domicilio de su hermana. Los pequeños mostraban en el móvil los vídeos de cómo las llamas se acercaban al pueblo en el que estaban pasando las vacaciones. "Por la noche parecía que el fuego estaba muy alejado, pero por la mañana lo teníamos encima. El cielo tenía un color grisáceo muy extraño. Hemos pasado un rato de muchos nervios, pero todo ha ido bien", resumía mientras daba de algo de comer a los niños.

El alcalde de Moros, Manuel Morte, cruzaba los dedos porque el casco urbano se había salvado. "La situación ha sido dantesca. Nos han avisado de que teníamos que desalojar y ha sido visto y no visto", aseguraba. "Nos hemos acercado a ver si podíamos ayudar en algo. Hoy todos somos de Moros y Villalengua", aseguraba a las puertas del pabellón cerca de las 21.30 José Fernando Labrador. Se quedó corto, una hora después ya estaba en marcha el desalojo de otras dos poblaciones Bubierca y Alhama de Aragón.

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