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patrimonio

Semillas de Montañana a Noruega: "Hay borraja en Svalbard"

El Banco de Germoplasma del CITA atesora miles de semillas, como las enviadas a Svalbard o a los restaurantes de los hermanos Roca.

Banco de Germoplasma Hortícola de Zaragoza, en el CITA.
Banco de Germoplasma Hortícola de Zaragoza, en el CITA.
Guillermo Mestre

"Me importa un pimiento", dice la popular expresión, pero hay quien valora hasta las pepitas. En la mesa de uno de los laboratorios del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) analizan en placas cómo germinan las semillas de esta hortaliza. De ellas brotan unos pequeños tallos –algunas, incluso con minúsculas hojas–. La estampa recuerda a la más tierna niñez, cuando crecían lentejas entre algodones en vasitos de yogur. Más allá de esta simple comparación, esos brotes son la esperanza de que variedades se conserven para la posteridad. La importancia es tal que, incluso, se custodian en Noruega.

"Atendemos peticiones para investigación y mejora genética y también para la recuperación de su cultivo", resume Cristina Mallor, investigadora y responsable del Banco de Germoplasma Hortícola, ubicado en el barrio de Montañana de Zaragoza. Precisamente, los cocineros Joan, Josep y Jordi Roca han abanderado un proyecto en colaboración con esta sección. "Los hermanos Roca quisieron hacer un homenaje a su madre para elaborar una receta con variedades de semillas de Gerona. Seleccionaron pimiento, nabo negro de Olot, que había sido recolectado para el banco en 1995, y un tipo de escarola", detalla la responsable. "Tenemos un proyecto sobre siembra de semillas olvidadas y colaboramos con el Banco de Germoplasma de Zaragoza, y uno en la región agraria de Kaduna, en el norte de la capital de Nigeria, Abuya, sobre conservación de tomates", reveló el Josep Roca en una reciente entrevista.

En esa placa con semillas que tratan con mimo a la luz del laboratorio del CITA comienza la labor del Banco de Germoplasma Hortícola, donde se recogen tanto variedades locales como del resto de la geografía española. Tienen frasco las más relevantes, pero también otras más minoritarias. Incluso las silvestres.

"Aquí conservamos principalmente variedades que han cultivado nuestros antepasados"

"Aquí conservamos principalmente variedades que han cultivado nuestros antepasados y que, al dejarse de plantar en el campo, han requerido de su conservación ex situ. Nuestro objetivo es preservar la biodiversidad, pero también su utilización", explica Cristina Mallor. El cambio climático o las plagas y enfermedades han podido poner en compromiso la existencia de algunas variedades en ciertos momentos.

Banco de Germoplasma Hortícola de Zaragoza, en el CITA.
Banco de Germoplasma Hortícola de Zaragoza, en el CITA.
Guillermo Mestre

Agricultores particulares ofrecen las semillas al CITA, que se han encontrado olvidadas en graneros o que cultivan, pero que tienen un futuro incierto. En las instalaciones se encargan de germinarlas, como el ejemplo del pimiento. Posteriormente, en las parcelas de este centro del Gobierno de Aragón las multiplican, intentando mejorar la calidad y cantidad suficiente. "Tenemos cinco huertos separados espacialmente para evitar que se mezclen las variedades", cuenta Mallor entre dos palos de habas y bisaltos, donde esta primavera crecen 22 y 17 variedades, respectivamente.

De este cultivo se recopila una parte para analizarlas. Los productos se cortan transversal y longitudinalmente, se observa el peso, los colores con una paleta, el calibre, la forma de la hoja o su longitud, entre otros parámetros. "Son unos descriptores a nivel internacional", detallan desde el CITA. "Es muy importante tener información asociada más específica de las variedades", señala Mallor en otro laboratorio de las instalaciones donde las fotografían.

"Es muy importante tener información asociada más específica de las variedades"
Banco de Germoplasma Hortícola de Zaragoza, en el CITA.
Banco de Germoplasma Hortícola de Zaragoza, en el CITA.
Guillermo Mestre

La otra parte se mantiene en el campo para que florezcan. Después, se recopilan las semillas para secarlas, primero a temperatura ambiente y después también con la ayuda de un gel de sílice, que indica cuándo el proceso está completo en función del tono.

Se conservan en cuatro cámaras que marcan -18ºC. Tras pasar la puerta del gran congelador se encuentran unas estanterías móviles repletas de frascos de cristal con semillas en su interior. En total son alrededor de 18.000 las semillas que se conservan, pertenecientes a más de 300 especies. Que estén en un recipiente sin humedad y a baja temperatura propician que el envejecimiento sea más lento. Tras la numeración de su etiqueta se esconde la historia del cultivo.

Banco de Germoplasma Hortícola de Zaragoza, en el CITA.
Banco de Germoplasma Hortícola de Zaragoza, en el CITA.
Guillermo Mestre

Son el melón de Torres de Berrellén, la cebolla de Fuentes de Ebro, la borraja de Movera, las judías de Muniesa –recuperadas en 2020– o el espárrago de Barbastro. Un tipo de brócoli de la provincia de Huesca, la borraja de varios lugares, la judía caparrona o la achicoria se añaden a la lista. En la actualidad, en los huertos del CITA también cultivan lechuga negra de Calaceite y en los palos de al lado asoman entre la tierra almortas o guijas, que se empleaban para cocinar gachas.

"Hay borraja de Aragón en Svalbard"

Además de la muestra que se custodia en las instalaciones del barrio de Montañana, se hace un duplicado de seguridad que se envía a Madrid en unos sobres, para asegurar su permanencia. De las semillas que se guardan en el banco de la capital de España, se seleccionan ciertas variedades que se envían a Noruega, al Banco Mundial de Semillas de Svalbard. "Hay borraja de Aragón en Svalbard", ríe Cristina Mallor. Esta remota infraestructura científica del norte de Europa atesora la mayor colección de seguridad de la biodiversidad agrícola global y salvaguarda la base de la alimentación mundial, tal y como destacan desde el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Más de un millón de muestras de semillas de diferentes cultivos de casi todos los países del mundo se guardan en esta isla del archipiélago ártico de Svalbard, que llaman el 'arca de Noé vegetal'. "Las primeras 1.080 variedades españolas ya están preparadas en congeladores del INIA-CSIC", concretó Luis Guasch, investigador del INIA-CSIC y director del Centro de Recursos Fitogenéticos del instituto a principios del mes de marzo.

Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega.
Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega.
Seedvault.no

En total han sido 31 semillas con germen aragonés las que se han mandado al norte de Europa. Desde el banco del CITA enumeran tres variedades de borraja, también zanahoria morada y cebolla roja de Tauste. Acelga de penca blanca de Sabiñánigo, lechuga amarilla de Sádaba, judía del Pilar –que recibe el nombre de la mancha que tiene al recordar a la Virgen o por las fechas en las que se recolecta, a principios de octubre– y tomate zaragozano se suman a la lista de la treintena de muestras.

De esas 1.080 variedades, "300 son cereales de invierno, 114 de las cuales corresponden a trigos; 510 son leguminosas, de las que 189 son judías; 200 son hortícolas, 81 de ellas tomates, y 108 variedades de maíces", distinguió el investigador del INIA-CSIC. El período de tiempo de duración del depósito suele ser de una década renovable. Desde el CSIC destacan la importancia de este traspaso, al ser especies 'puente' entre Europa, Iberoamérica y África. Este proyecto, creado como protección adicional, está respaldado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la organización internacional Global Crop Diversity Trust (CROP Trust), la Fundación Bill y Melinda Gates y el Gobierno de Noruega. Según las últimas informaciones, le ha afectado el cambio climático, ya que ha ascendido algunos grados la temperatura de este espacio cavado en una montaña a más de 100 metros de profundidad.

A más de 4.145 kilómetros, de vuelta a Aragón, uno de los objetivos prioritarios del banco del zaragozano barrio de Montañana es evitar la pérdida de variabilidad intraespecífica, causada principalmente por la sustitución de muchas de las antiguas variedades locales por otras mejoradas. Las semillas que se conservan en Aragón las puede solicitar cualquier anónimo. "Hasta ahora y a día de hoy el servicio es gratuito. Siempre hemos tenido una financiación para esto, que se ha interrumpido. Pero, de momento, seguimos con esa inercia", expone Mallor. Sin embargo, si se demandan, es necesaria una fidelización. "Si un particular solicita las semillas, le pedimos que nos dé información de cómo se están comportando las semillas que les hemos proporcionado, porque esa información para nosotros es muy útil, y que haya un proyecto de recuperación", matiza, de tal forma que la entrega de las semillas tiene que estar relacionada con el restablecimiento de una variedad de cultivo.

Existe la figura de los 'embajadores de la biodiversidad'. "Son agricultores que cultivaban las muestras en sus campos y nos mandan los resultados, el objetivo es que se cultive en el lugar autóctono", los definen en el CITA. A la par de esta acción, colaboran con colegios y sus huertos escolares, proporcionándoles cultivos compatibles con los meses de curso.

"Nuestro cometido es un privilegio porque trabajas con unos materiales únicos"

"Nuestra labor es un privilegio porque trabajas con unos materiales únicos y, además, se ve que el banco da sus frutos en el campo", agradece el equipo. Estas semillas son una especie de cápsulas que mantienen el trabajo campestre de las generaciones pasadas y que a la par son conservadas con la esperanza de ser plantadas en el presente o futuro.

Más de 40 años de trabajo entre azadas y placas

El Banco de Germoplasma Hortícola del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (CITA) se fundó en 1981. En estas cuatro décadas se ha realizado un continuo trabajo que ya ha dado sus frutos. "Fue en las primeras décadas, en los 80 y 90, cuando se realizaron las principales misiones de prospección para localizar a esos hortelanos que todavía cultivaban y mantenían esas variedades en el campo para que esas semillas llegaran al banco", aporta la investigadora Cristina Mallor, su actual responsable. Trabajan en dos laboratorios y también en el campo, donde multiplican las semillas.

Esta sección del CITA forma parte de la Red de Colecciones del Programa Nacional de Recursos Fitogenéticos, que participa de las acciones del Programa Nacional de Conservación y Utilización Sostenible de los Recursos Fitogenéticos para la Agricultura y la Alimentación, gestionadas por el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA).

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