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tribunales en Zaragoza

La defensa asegura ante el TSJA que el condenado por el crimen de la maleta fue un mero encubridor

El Tribunal Superior de Justicia de Aragón ha celebrado este miércoles una vista para decidir si confirma o enmienda la pena de 20 años que la Audiencia Provincial impuso a Jonathan Witmar Berreondo por matar de 21 martillazos a un transportista madrileño.

JUICIO POR CRIMEN DE LA MALETA / AUDIENCIA PROVINCIAL DE ZARAGOZA / 03/11/2020 / FOTO : OLIVER DUCH [[[FOTOGRAFOS]]]
El acusado, durante el juicio que ha comenzado este martes en la Audiencia de Zaragoza.
Oliver Duch

El Tribunal Superior de Justicia de Aragón (TSJA) ha celebrado este miércoles una vista para decidir si confirma, anula o modifica la sentencia del juicio por el llamado crimen de la maleta, perpetrado el 14 de diciembre de 2018 en el barrio Oliver de Zaragoza y por el que fue condenado a 20 años de prisión por asesinato Jonhatan Witmar Berreondo Noriega. La defensa entiende que el jurado no justificó debidamente su veredicto e incluso cometió graves errores al valorar la prueba. Sin embargo, ni la Fiscalía ni la acusación particular comparten esta opinión. Es más, consideran que fue un tribunal popular “muy proactivo” y que su valoración fue “amplia, extensa, contundente y no deja ningún resquicio al recurso de la defensa”.

Según el relato de hechos probados de la sentencia, el joven guatemalteco dio muerte al transportista madrileño Jorge M. golpeándole 21 veces con un martillo en la cabeza hasta romperle la base del cráneo. Lo hizo tras quedar con él a través de una aplicación de contactos y aprovechando que la víctima hacía escala en Zaragoza durante un viaje entre Barcelona y Madrid. Tras el macabro crimen, el asesino ocultó el cadáver en una maleta, trató de destruir todas las pruebas e incluso inculpó a una tercera persona. Sin embargo, la Policía logró desmontar todas sus coartadas y un jurado acabó condenándolo.

Durante su informe ante el TSJA, la defensa ha venido a decir que no fue un juicio complicado, puesto que su cliente reconoció lo esencial: el escenario de los hechos, que concertó un encuentro con la víctima, el arma utilizada, que el domicilio se limpió posteriormente, que se deshizo de las pruebas, que ocultó el cadáver… “El objeto del debate era si había o no una tercera persona allí y si esta pudo haber sido la verdadera autora del crimen. Y es precisamente en esto donde debió incidir el jurado, pero no lo hizo”, ha señalado el letrado Javier Cestero. Cabe recordar que, a lo largo de la instrucción, el investigado cambió varias veces de versión. Y en un momento dado, ya avanzadas las pesquisas, dio el nombre de Emilio el Cordobés como el verdadero autor del asesinato.

A la hora de impugnar la sentencia, la defensa se apoya en los supuestos “graves errores” cometidos por los miembros del jurado al valorar la prueba. Y como ejemplo cita el informe de los geoposicionamientos de los móviles. “Dice jurado que, por estos posicionamientos, no pudieron coincidir las tres personas en la vivienda donde se produjo el crimen. Sin embargo, en el juicio quedó claro, porque así lo dijo la Policía, que durante un tiempo los teléfonos de los tres estuvieron bajo la cobertura de la misma antena”.

“Ha sido muy complicado para el jurado no entender que todo lo que hizo el señor Berreondo responden a un encubrimiento”, ha manifestado el letrado del condenado, quien tampoco considera ajustada la pena de 20 años de prisión que le impuso el magistrado-presidente del jurado, Mauricio Murillo. La acusación particular, a cargo del abogado José Luis Melguizo, proponía incluso una pena mayor: 25 años. Pero al no apreciar el tribunal popular la agravante de ensañamiento, el castigo fue inferior.

Los geoposicionamientos

En cuanto a la supuesta falta de motivación del veredicto por parte del jurado, la Fiscalía ha recordado que se explayó en folio y medio. “Algo que pocas veces he visto, porque la ley solo les exige una explicación sucinta”, ha dicho. En cuanto a los controvertidos geoposicionamientos, la acusación pública ha recordado que solo hay 24 minutos en los que “no se sabe dónde está realmente Emilio el Cordobés”, persona a la que identificó la Policía e interrogó después el juez de instrucción, sin que nunca llegara a apreciar motivos para imputarle el crimen. “Y en 24 minutos es muy difícil, por no decir imposible, subir al piso del barrio Oliver, descubrir lo que está pasando, matar a la víctima asestándole 21 martillazos, marcharse y llegar a la pensión donde se alojaba, que está a más de media hora”, ha apuntado.

Para el ministerio público, la autoría del crimen está clara y el veredicto “sobradamente justificado”. En la misma línea, el abogado de la familia del fallecido, ha insistido en las “múltiples” versiones de lo ocurrido que ofreció Johathan Witmar Berreondo para tratar de desviar las sospechas sobre él. “Tuvo ocho días para preparar su coartada, que utilizó para limpiar, pintar e incluso encerar el piso. Pero cuando acudió a su casa la Policía y descubrió la maleta con el cuerpo dentro no dijo nada de una tercera persona. Lo hizo mucho más tarde”, ha recordado.

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