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La Miguería cambia de ubicación en plena pandemia

Es la tercera mudanza que realiza el establecimiento fundado en Zaragoza hace 25 años. Las restricciones y medidas en cuanto a aforos propiciaron la búsqueda de un local más espacioso.

Javier y Carlos Martín, dueños de La Miguería.
Javier y Carlos Martín, dueños de La Miguería.
C.I.

“Era ahora o nunca. Para nosotros el cambio significaba dar un paso adelante y mirar con esperanza a lo que viene, a pesar de todo”. Con una visión positiva y grandes dosis de ilusión con vistas a un futuro no muy lejano, los hermanos Carlos y Javier Martín inauguraban este mismo martes, 12 de enero, el nuevo local de La Miguería ubicado en el número 6 de la plaza Sas de la capital aragonesa.

Un lugar privilegiado ubicado en las proximidades de la calle Alfonso y a apenas 30 metros de su anterior local, sito desde el año 2002 en la calle Estébanes. “Nuestro padre, Luis, abrió la primera Miguería en la calle Contamina en el año 1995. Por aquel entonces solo abría los fines de semana por la noche, pero siempre hemos ido evolucionando”, admite Javier.

Todo comenzó gracias a Luis Martín, natural de Tauste, que trabajaba como comercial en una de las primeras empresas de migas precocinadas que surgió en España. “Se le ocurrió la idea de crear un local especializado en este producto tan nuestro y que tanto gusta, y así decidió lanzarse a la piscina”, reconoce. De eso ya han pasado 25 años.

Tras años y años de experiencia entre los fogones de La Miguería, Luis acabó desarrollando su propia receta familiar que hace cinco años, cuando cogieron las riendas del negocio, pasó a sus hijos. “Se trata de un plato de siempre, muy extendido hace años entre los pastores y la gente del pueblo. Junto al pan rallado, era una solución económica que permitía aprovechar el pan del día anterior y que llenaba mucho”, relata Javier. Sin embargo, debido al gran trabajo que llevan, no es un plato que habitualmente se haga de diario. “Para hacerlas bien hay que tener una buena materia prima -en su caso utilizan un pan de horno de leña y aceite virgen del Bajo Aragón-, y respetar los tiempos”, resume.

Antiguo local de La Miguería, en El Tubo zaragozano.
Antiguo local de La Miguería, en El Tubo zaragozano.
C.I.

Un plato que, a su juicio, es “verdaderamente muy familiar y muy acogedor” y que prácticamente le gusta a todo el mundo. “La miga tradicional se realiza con papada y jamón, aunque desde hace una década contamos con una receta apta para veganos y vegetarianos, sin grasa animal”, asevera.

Hoy, han pasado de ofrecer las típicas migas aragonesas con chorizo, longaniza, huevo, uva o setas, a ofrecer más de una treintena de variedades. La innovación, aseguran, es una de sus máximas: “El aprendizaje es constante. Mucha gente nos cuenta cómo se preparaban en su pueblo cuando eran niños y vamos añadiendo ideas y consejos. Siempre estamos abiertos a seguir aprendiendo y ampliando”.

Entre las recetas más innovadoras y que triunfan entre su clientela se encuentran las migas con queso, foie y huevo, las de chocolate y naranja, las de bacalao o las migas con pulpo al pimentón. La oferta gastronómica que acompaña a su plato estrella la completa una carta protagonizada por productos 100% aragoneses como su ensalada de tomate rosa de Barbastro, carnes típicas o una amplia variedad de vinos de la tierra.

¿Sobrevivir con dos mesas?

Aunque reconoce que llevaban meses pensando en buscar un local más amplio para La Miguería, Javier admite que lejos de contribuir a disuadirles de esta idea, las restricciones y medidas en cuanto a aforos propiciaron la búsqueda de un local más espacioso y, sobre todo, con posibilidad de terraza. “En la anterior ubicación tan solo teníamos dos mesas en la puerta, hoy tenemos licencia de hasta 15 mesas en exterior y un aforo de 77 personas, pero durante los meses de prohibición de utilización de los interiores hemos tenido que sobrevivir con eso y con el envío a domicilio”, rememora.

Un formato -el ‘take away’ y el envío a domicilio, que también se han visto obligados a adaptar a tiempos de la era covid pues eran los propios dueños de la empresa quienes llevaban, personalmente, cada uno de los pedidos a domicilio. “Era necesario para abaratar costes. No nos podemos quejar porque la gente se volcó con nosotros y, al cerrar las puertas de nuestra casa, no dudaron en abrirnos las suyas. Sin duda, la respuesta de la gente ha sido lo más emocionante de esta pandemia”.

“Los dos primeros meses y medio de cierre fueron muy duros porque no sabíamos qué iba a pasar ni cuándo. Siempre tienes miedo de que vuelvan a cerrar por los datos, ahora solo nos queda esperar a que funcione la vacuna”, resume. Eso sí, el éxito de la nueva inauguración -cuya celebración tendrá que posponerse por algún tiempo- y el hecho de tener las reservas completas hasta el próximo fin de semana, sin duda son una buena señal de que van por el buen camino: “Queremos seguir adelante y pensar en que pronto habrá pasado todo esto. Pase lo que pase no vamos a perder la ilusión”.

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