Despliega el menú
Zaragoza

coronavirus en aragón 

Ejea, resignada al confinamiento por una minoría insolidaria

En Ejea todas las conversaciones giraban ayer en torno al mismo asunto. La mayoría veía adecuadas las normas pero muchos creían que la situación podía haberse evitado

Inusitada calma para una ciudad que está sumergida en el ojo del huracán. Algunos coches, casi nada de gente y poco más de un puñado de parroquianos en los bares de las calles más céntricas. Con mascarillas, la mayoría, aunque quizá algunas menos de las que se ven en la capital. Sería un día de lo más normal en Ejea de los Caballeros –dentro de lo que supone sufrir una pandemia mundial– si no fuera porque acababan de anunciar su confinamiento perimetral y la vuelta a la fase 2 de la desescalada.

"¿Qué tal? Nosotros aquí, horrorizados". "¿Te has enterado? Ya no te vas a poder ir a Zaragoza". Entre quienes estaban a primera hora de la tarde echando un café en la terraza del Restaurante El Salvador esta era la tónica general. No cabía otro tema de conversación. Dentro, y alrededor de la barra por última vez en –al menos– una semana, más de lo mismo. Como pasa siempre, cada uno tenía su particular opinión y su propia teoría sobre cómo había acabado ocurriendo una cosa así. Ejea convertida, dos días después de la presunta 'no celebración' de sus fiestas patronales, en la primera ciudad confinada de Aragón.

Sin embargo, había cuestiones en las que sí parecía fácil ponerse de acuerdo, al menos para la mayoría. En general, las nuevas medidas dictadas ayer por el Gobierno de Aragón para frenar el acusado rebrote de coronavirus en la capital cincovillesa tuvieron una buena acogida entre los ciudadanos, que incluso consideraron que ya llegaban tarde. Resignados, eso sí, porque desearían que no fueran necesarias, pero admitían que, dadas las circunstancias, era lo más acertado.

En las calles también había un no demasiado autocrítico ir y venir de culpas que acababan, casi todas, dando diana en el mismo blanco. Unos y otros achacaban la situación, como ya habían hecho las autoridades, a las reuniones privadas de familias y, sobre todo, grupos de amigos en viviendas particulares –en principio, no en las peñas, que están prohibidas por el Gobierno autonómico– y asumían que todavía quedan varios días hasta que la curva de contagios deje de ser ascendente.

En definitiva, parece que los comportamientos inadecuados de una "minoría insolidaria" acabaron repartiendo el virus hasta triplicar la tasa de incidencia de la Comunidad, tal y como subrayó la alcaldesa, Teresa Ladrero, que calificó el confinamiento de "una mala noticia que se podía haber evitado" y pidió a los ejeanos "responsabilidad". "Son actitudes que deben erradicarse y que la inmensa mayoría detestamos", sentenció.

Ladrero apoyó la decisión de la DGA, que consideró "lógica y necesaria" y dijo, no obstante, que no es cuestión de que la población se alarme, sino de "hacer una reflexión" que permita que estas elevadas cifras de casos no se repitan en el futuro. El Ayuntamiento también pondrá de su parte en este cometido y a primera hora de la mañana de hoy se celebrará una reunión con la Policía Local y la Guardia Civil de cara a incrementar los controles.

Demasiada laxitud

En el mismo sentido, quienes fueron preguntados por este periódico aplaudían la llegada de más restricciones para tratar de poner fin a las actitudes incívicas que comprometen la salud de toda una población, pero también hubo vecinos que apuntaron que por el momento se ha sido demasiado laxo a la hora de, por ejemplo, impedir el acceso a las peñas o vigilar el correcto uso de la mascarilla.

"Todavía hay gente que no las lleva. Las autoridades no han puesto medios suficientes, hay que ser más estrictos", consideraba un ejeano, que prefirió no dar su nombre, al tiempo que se aplicaba gel hidroalcohólico a las puertas de un céntrico bar. A la hora del vermú, sentada en la terraza de otro, Rosa Garcés se manifestaba más o menos en el mismo sentido. "La gente se junta en casa y también en la calle. Estos días había cuadrillas de chicos jóvenes en la plaza sin mascarilla", aseguró. "Considero acertado el confinamiento", remató.

En medio de todo esto, y con la recomendación de salir de casa solo para lo imprescindible, a algunas familias les preocupa que en los colegios de la localidad se siga dando clase. "Mi hija tiene que empezar el viernes y creo que debería retrasarse al menos una semana, hasta que la situación esté mejor", apuntaba una madre ejeana mientras caminaba, junto a su pequeña, por el paseo de la Constitución. Precisamente, el sindicato STEA pedirá hoy medidas cautelares para la suspensión del curso mientras dure el confinamiento en la localidad y aportará para ello los testimonios escritos de docentes.

Otro golpe a la hostelería

Las nuevas restricciones también complican las cosas en la economía ejeana. Para el sector hostelero, que vuelve a ver limitado el aforo y restringido el uso de la barra, el retroceso supondrá otro duro golpe económico que sumar a la larga lista de pérdidas que acumulan este año atípico y difícil. Igual que el resto de la población, asumen que "es lo que toca", pero esperan volver lo antes posible a la nueva normalidad, que tan rara y ajena sonaba en un principio y que tan deseada y celebrada se ha vuelto durante la segunda ola de covid-19.

Poco antes de la hora del café, el presidente de la Asociación de Hostelería de Ejea, Javier Laguarta, hacía balance en El Salvador de los daños a los que de nuevo habrá que enfrentarse. Lamentó que estos negocios necesitarán ayuda para salir adelante y que, aún así, "muchos no lo conseguirán". "Hay que seguir luchando –afirmó igualmente– y rezar por que pronto haya menos trabas".

Etiquetas
Comentarios