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coronavirus en aragón

Andrés Guillén: "En Filipinas nos hicieron controles de temperatura, en España no"

El zaragozano llegó este viernes a la capital aragonesa tras casi 40 días de confinamiento en el país asiático. 

Andrés Guillén, este viernes, en un autobús de Avanza rumbo a recoger su coche para ir a Murillo de Gállego.
Andrés Guillén, este viernes, en un autobús de Avanza rumbo a recoger su coche para ir a Murillo de Gállego.
Guillermo Mestre

Tras cinco meses fuera de España y uno de ellos totalmente confinado –sin poder salir siquiera a hacer la compra–, el zaragozano Andrés Guillén llegó ayer de nuevo a casa. Fue uno de los españoles repatriados que voló desde Filipinas con rumbo a Madrid. En el avión viajaban 250 personas, 100 de ellas con destino a otros países de la Unión Europea (UE).

Guillén, que trabaja como bombero forestal y reside en la localidad de Murillo de Gállego, llevaba desde noviembre visitando el continente asiático. Pasó por Birmania, Camboya y Vietnam, y en Filipinas le sorprendió el estallido de la crisis sanitaria del coronavirus. Fue detenido por ser extranjero y las autoridades del país lo llevaron junto a otros españoles a un alojamiento en la playa de Pagudpud, al noroeste de la isla de Luzón, cuyo coste debieron abonar. Las restricciones de movilidad son especialmente duras: los ciudadanos no pueden abandonar sus domicilios bajo ninguna circunstancia. De lo contrario, se pueden enfrentar a penas de cárcel e incluso la muerte, ya que el presidente filipino ordenó "disparar a matar" a quien infrinja la ley.

No obstante, el zaragozano asegura que se sintió en todo momento bien acogido y que el gobierno le dio facilidades para trasladarse y se encargó de controlar su estado de salud. Sin embargo, hace 13 días ordenaron el cierre de la zona en la que se encontraban y expulsaron a los turistas, pero afortunadamente la asociación Remar se hizo cargo de ellos y les ofreció alojamiento y manutención.

Tras varias semanas sin recibir noticias, el Gobierno de España puso a disposición de los ciudadanos atrapados –que tuvieron que pagar por adelantado el coste del billete– un avión de Iberia. "En Filipinas nos hicieron controles de temperatura, pero aquí no", cuenta. Ayer, tras catorce horas de vuelo, una larga espera en Madrid, un par de viajes en autobús y otro al frente de su vehículo, Guillén terminó su odisea.

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