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Senderismo

Rutas con niños en el parque de Ordesa

El parque nacional de Ordesa está lleno de rincones singulares que visitar y algunos no requieren demasiado esfuerzo, por que pueden realizarse con niños. Ofrecemos varias rutas que puede hacer toda la familia.

Heraldo.es 02/10/2018 a las 05:00
Puente de San Nicolás, en Bujaruelo.Javier Blasco

Octubre es un mes idóneo para realizar senderismo, a salvo ya del calor a veces incómodo del verano y sin padecer todavía de los rigores del frío. Es además un momento en que todavía se disfruta de bastantes horas de luz y en el que el paisaje se llena de nuevos colores con el cambio de estación. Para disfrutar del senderismo en familia, ofrecemos cuatro rutas sencillas para recorrer con niños, dentro del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido:

1. Ruta de las ermitas de Tella:

Se trata de un agradable paseo circular de una hora aproximada de duración y un desnivel de 150 m. Este corto recorrido y escaso desnivel la hacen muy adecuada para caminar con niños. La ruta comienza desde el mismo pueblo de Tella. Situada a 1.348 metros de altitud, esta localidad ha sabido conservar todo el encanto de la arquitectura pirenaica tradicional con sus casas de piedra, y chimeneas troncocónicas rematadas con un espantabrujas (que se metían en las casas por este conducto, según las leyendas locales), un detalle que seguro llamará la atención de los niños.

La salida se realiza desde la iglesia parroquial de San Martín. El itinerario está señalizado con paneles. En unos 20 min se llega a la primera ermita, la de los Santos Juan y Pablo, de estilo prerrománico. Siguiendo por el mismo camino marcado, en apenas 10 min el caminante llega a la ermita de Nuestra Señora de Fajanillas y en otros 10 min, a la ermita de la Virgen de la Peña. Todo el camino discurre entre los bonitos paisajes del parque de Ordesa.

2. Dolmen megalítico de Tella

Otra ruta sencilla desde el mismo pueblo de Tella es la que lleva hasta el dolmen megalítico. Conocido también como dolmen Losa la campa o piedra Vasar, se trata de un monumento funerario, un lugar de enterramiento común de época prehistórica. Lo forman varias losas, hincadas verticalmente en la tierra, que sostiene una losa horizontal que cubre todo el conjunto.

Unos 700 metros antes de llegar al pueblo, una señal nos indica el camino para ir hacia el dolmen. Durante toda la ruta se encuentran señales y paneles informativos que nos irán guiando hasta la planicie en la que se encuentra el dolmen, en medio de un hermoso paisaje natural. Mas que una ruta es un pequeño paseo de poco más de un kilómetro que se puede hacer con toda la familia.

3. Paseo por el Valle de Otal

En la zona de Bujaruelo, encontramos esta ruta de escasa dificultad, con un tiempo estimado de 1 h 30 min y 50 min de descenso. La ruta parte desde el puente románico de San Nicolás, en Bujaruelo. Desde la izquierda del puente se toma la senda que va hacia el norte, discurriendo muy cerca del río Ara, entre bosques de acebos, con tejos, bojes y serbales. Tras 20 min de caminata llegaremos a una fuente y un desvío. Tomaremos el camino de la derecha, que es el que sube por el valle de Otal. Al noreste veremos los picos de Ordiso (2320 m.) y Asperillo (2.355 m), mientras que al norte se pude ver el Vignemale - Comachibosa (3.300 m) y sus neveros. Tras una hora caminando entraremos en el valle de Otal, en el que aparece, al fondo, la cumbre de Tendeñera (2.853 m). Se trata de una planicie sin árboles pero salpicada con abundantes flores de montaña: narcisos, orquídeas o gencianas. No será raro ver algún rebeco y las recuperadas colonias de marmotas, que harán las delicias de los niños, a los que también puede sorprender algún que otro saltamontes.

4. Camino del Mirador de Revilla.

Esta ruta se encuentra en el sector de Escuaín, probablemente la zona más desconocida de las cuatro que componen el parque de Ordesa. Sin paradas es un recorrido que puede hacerse en 1 h (ida), sin apenas desnivel y por pista en general de buen piso. La vuelta se realiza por la misma ruta.

El recorrido parte del pueblo de Revilla, un núcleo de población abandonado. La Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos recuperó uno de los edificios como albergue y aula de naturaleza, en la que realizan diversas actividades temporales. Al comienzo de la ruta hay una pequeña zona de aparcamiento donde dejar los vehículos. Allí mismo se encuentra un panel explicativo que nos da información sobre el paraje y la ruta que vamos a realizar. El camino discurre por una faja desde la que se puede disfrutar de impresionantes vistas sobre la garganta del río Yagas. Aunque es un recorrido con cierta solana, la vegetación protege del calor en buena parte del recorrido. A mitad de camino hay un desvío hasta la cercana ermita de San Lorién, un abrigo en el que todavía pueden verse distintos signos escritos sobre la roca. La zona es un buen lugar para ver rapaces, incluso, con un poco de suerte, algún ejemplar de quebrantahuesos.

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