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El mundo como oficina gracias al 'house sitting'

La traductora zaragozana Sara Arilla se encuentra en Florida desde hace dos meses gracias a la modalidad de intercambio de techo por cuidar casas, animales y plantas.

La traductora zaragozana Sara Arilla, en uno de sus viajes
La traductora zaragozana Sara Arilla, en uno de sus viajes
H. A.

¿Se imagina recorrer el mundo completamente gratis? Gracias a la técnica del ‘house sitting’ -o cuidado de casas, que incluye también animales y plantas- es posible, aunque en España es algo muy desconocido. La zaragozana Sara Arilla, de 36 años,. recorre el mundo con esta modalidad de intercambio y lo cuenta a través de sus redes sociales, en el perfil de ‘Traductora viajera’. En estos momentos reside en Florida, Estados Unidos.

Dedicada a la traducción, las clases de español y los servicios lingüísticos desde el año 2013, hace tres años decidió convertir el mundo en su oficina y descubrirlo gracias a esta modalidad de viaje. Es lo que hoy se conoce ser un nómada digital, es decir, un profesional que usa las nuevas tecnologías para trabajar con un nuevo estilo de vida. "Con esto no gano nada, pero recorro distintos países. Mi trabajo me da una gran libertad y flexibilidad, puedo trabajar desde donde quiera", admite. Tan solo debe pagar sus billetes y gastos de manutención. "En algunas casas te piden gastos de luz y de agua, pero a mí nunca me ha pasado", recalca.

La mayoría de las veces, Arilla se queda en casas de familias que se van de vacaciones durante una larga temporada y no quieren dejar sus domicilios vacíos; o tienen demasiadas plantas o animales de los que no pueden ocuparse. "Casi siempre son perros o gatos, aunque me ha tocado cuidar estanques con peces y tortugas, pájaros, y próximamente me quedaré con una iguana por primera vez en mi vida", admite.

"Mi trabajo me da una gran libertad y flexibilidad en este sentido, puedo trabajar desde donde quiera"

Y así pasa cuatro meses al año, mientras que el resto regresa a España, y en concreto al zaragozano barrio del Actur, lugar en el que ha vivido siempre. "Mucha gente cree que vivo de vacaciones todo el tiempo. La verdad es que creo que no me lo monto nada mal, pero reconozco que es una vida basada en la inestabilidad. Hay que saber llevarlo", reflexiona. En todo este tiempo, la zaragozana ha viajado por varios lugares de Estados Unidos -donde se ha instalado hasta en siete ocasiones, Canadá e Irlanda.

Entre los mayores problemas a los que se enfrenta destaca el tema horario. "Como tengo clientes en distintos lugares del mundo, a veces me lío con las horas y es un poco confuso. También me cuesta un poco aclimatarme al nuevo escenario, pero merece la pena", añade. También destaca la gran responsabilidad que supone cuidar a la mascota de otra persona, sobre todo cuando son animales "algo mayores".

Sara Arilla, en otro escenario de sus viajes
Sara Arilla, en otro escenario de sus viajes
H. A.

Aunque ella reconoce que alguna vez ha utilizado esta modalidad en su propia casa, asegura que en España no está nada extendida. "En Estados Unidos es más habitual, pero en nuestro país la gente no se fía de meter a nadie en su casa, menos tanto tiempo", explica. En cuanto al funcionamiento, todo gira en torno a una aplicación en la que te registras como ‘cuidador’ o incluyes tu casa.

"Lo que más me atrae de este formato de vida es no depender de nadie. Para muchos es un sueño, para otros una auténtica locura"

"También hay reseñas de gente que ha pasado antes que tú que te permiten no ir tan a ciegas". Aun así, reconoce que es una forma de ver la vida algo distinta: "Lo que más me atrae de este formato de vida es no depender de nadie. Para muchos es un sueño, para otros una auténtica locura".

Conocer cada país como un local

En las estancias no existe un límite temporal y lo suelen marcar los propietarios de la vivienda. "Lo que más me gusta es tener la oportunidad de vivir como un vecino más del barrio en cada sitio que visito. Hago cosas como ir al gimnasio o a clases de baile, y conozco a gente muy distinta cada día", admite.

Para Arilla, el ‘house sitting’ se convierte en una gran oportunidad de ver conocer cada lugar con los ojos de un local, en lugar de como un turista: "Me permite ver el mundo de forma más intensa, con conocerlo de verdad".

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