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"¿Nos van a comprar un ventilador para el techo con chorros de agua?"

En el colegio Torre Ramona de Zaragoza el termómetro marca 31,3 grados las 12.36. Combaten el calor rociando a los niños con agua, con abanicos y permitiéndoles refrescarse cada dos por tres.

Calor en los centros educativos de Zaragoza: foto del colegio Torre Ramona
Marisa Igea, docente del colegio Torre Ramona de Zaragoza, rocía de agua a un alumno de 3º de Primaria
Guillermo Mestre

"¿Nos van a comprar un ventilador para el techo con chorros de agua? Sería lo mejor". A sus 9 años, Eduardo Calderón, alumno del colegio Torre Ramona de Zaragoza tiene muy claro cuál es la solución para combatir los 31.1 grados que el termómetro marca en su aula, la de 3ºB de primaria, a las 12.36. A lo largo de la mañana ha ido a rellenar su botella de agua al lavabo "por lo menos cinco veces" y "he aprovechado para mojarme la cabeza", explica. En el recreo, de 11.10 a 11.40 en estos días que acaban a las 13.00, se ha dedicado a "ir a la fuente cada dos por tres". Y suerte que cuentan con estos surtidores en el patio.

El grupo de escolares están aprendiendo a hacer punto con tres mujeres mayores del centro de adultos Salvador Allende que les enseñan a manejar agujas. Como contrapartida, los niños les leen en voz alta algunos pasajes de ‘El principito’. Se trata del programa ‘Tejiendo lazos’, que el centro organiza en colaboración con la biblioteca Ricardo Magdalena.

Una actividad que acerca generaciones y les encanta. Parece que no les cuesta mucho prestar atención, pero nada que ver con las asignaturas de Matemáticas e Inglés del inicio de la jornada. También es cierto que a estas alturas las notas finales están prácticamente puestas.

"Les cuesta más concentrarse, la atención que prestan con este calor no es la misma y se sienten cansados. Alguno se queja hasta de dolor de cabeza"

"Les cuesta más concentrarse, la atención que prestan con este calor no es la misma y se sienten cansados. Alguno se queja hasta de dolor de cabeza, pero estos días tampoco les podemos pedir que estén al cien por cien", comenta Marina Hernández, la tutora. Se ha traído un pequeño ventilador de casa para su mesa, a la vez que camina entre los pupitres aprovecha para abanicarlos y es "mucho más flexible" para dejarles ir a los baños. De una de estas salidas Roxny Arauz, de 9 años, regresa con la camiseta completamente empapada. "Estaba sudando, yo lo que haría es una guerra de agua con globos", propone. A su lado, Binton Gekeneh, cuenta que ella se moja la cara y los brazos continuamente, pero que sabe que en el comedor va a estar más fresca "porque hay un ventilador en el techo y mi mesa está justo debajo".

Cubiertas vegetales y aislantes

Este colegio del barrio zaragozano de Las Fuentes, de 400 alumnos y dos vías, es un ejemplo de los edificios construidos antes de que existiera una normativa básica de condiciones térmicas y no está preparado. Cuando uno entra al mediodía en las instalaciones, la temperatura es agradable en los pasillos de la planta baja. Pero conforme se suben las escaleras y se llega al primer y segundo piso el sofoco va a más. Las aulas de los más mayores, orientadas al sureste, y en las que el sol da desde primera hora de la mañana son un auténtico horno desde hace rato. Marisa Igea, tutora de 3ºA, esgrime desde el lunes un vaporizador de agua con el que rocía a los escolares. "Es la mejor manera que he encontrado de soportar el calor, por ellos estaría todo el rato mojándolos", comenta.

"Todos los edificios públicos tienen aire acondicionado menos los centros educativos", recuerda José Luis Ruiz, jefe de estudios. No exige una climatización "poco ecológica y muy costosa", pero sí que se adopten medidas a corto y medio plazo para adecuar estas instalaciones. "Se puede desde colocar cubiertas vegetales a instalar toldos que sombreen los ventanales -comenta-, además de mejorar los actuales aislamientos que no son eficientes".

Calor en los centros educativos de Zaragoza: foto del colegio Torre Ramona
Calor en los centros educativos de Zaragoza: foto del colegio Torre Ramona
Guillermo Mestre

Bádminton y tenis "estáticos"

Educación Física es una de las asignaturas que se ha adaptado a estas temperaturas extremas. Mari Carmen Lorén, la profesora que la imparte, cuenta que ya llevan unos días practicando bádminton y tenis "estáticos" a base de lanzamientos y otros ejercicios como "tiro de la alpargata y comba grupal, para que les dé tiempo a recuperarse después de saltar".

 "Hay que hacer cosas con poca actividad física porque el calor corporal es muy alto. A veces les tomo el pulso y les digo que en cuanto sientan algo de agobio paren y se remojen. A los niños muy movidos los tengo que frenar para que no corran", comenta. Las sesiones se imparten en el gimnasio y en las sombras que hay en el patio gracias a unos pocos árboles y los porches. La semana que viene avisará a las familias para que acudan con sandalias y camisetas que puedan mojar sin problemas. Tocarán juegos de agua. Algo más dirigidos que los que ya se disputan a la hora del recreo, un rato en el que echan mano de las regaderas del huerto y entre los mayores se permiten los globos. Así es la ‘Escuela de calor’.

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