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riada del ebro

La Ribera Baja respira aliviada al salvar los núcleos urbanos de la punta de la crecida

La rotura de varias motas aguas arriba alivia la situación de Pina de Ebro, que descarta inundaciones en el pueblo y que no tendrá que abrir las compuertas de la carretera.

Trabajos de contención ante la crecida del Ebro en la Ribera Baja
Trabajos de contención ante la crecida del Ebro en la Ribera Baja
Oliver Duch

Cuando la punta de la riada cruzó Pina de Ebro a mediodía aún lejos del casco urbano, los vecinos empezaron a respirar aliviados. La noche allí había sido tensa, igual que en toda la Ribera Baja del Ebro. El caudal no dejó de crecer y puso a prueba las motas aguas abajo de Zaragoza. Algunas de ellas sí que cedieron (al menos lo hicieron en Villafranca de Ebro, en Fuentes de Ebro y en La Alfranca). Esto permitió que se relajara algo la virulencia de la crecida aguas abajo, pero sin afectar a los pueblos ni a sus viviendas. Esta nueva riada del Ebro deja miles de hectáreas anegadas, pero ha finalmente ha respetado a la mayoría de poblaciones.

No estaba claro que fuera a ser así. La noche del martes fue tensa en localidades como El Burgo de Ebro, Fuentes de Ebro o Pina de Ebro. La primera de ellas recibió la punta de la crecida de madrugada. Hasta las 22.00 estuvieron trabajando efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) reforzando la mota que protege el pueblo. El río llegó a ponerse al mismo nivel que el terraplén, lo que hizo temer lo peor. Por primera vez se puso levantó una segunda barrera de tierra unos metros más atrás, por si fallaba la primera. “Hemos estado vigilando toda la noche y al final ha aguantado”, señalaba junto a la plaza de toros Jesús Garrido, capitán de la UME.

El alcalde de la localidad, Vicente Royo, contaba que llegaron a ver “serias posibilidades” de que la mota fallara. “Este año teníamos miedo por el nulo mantenimiento que la CHE ha hecho de la mota desde las riadas de 2015 y 2018”, criticaba. A su juicio, “había varios puntos problemáticos”, por lo que hubo que actuar “de urgencia” para proteger el pueblo. Finalmente, las afecciones se quedaron en 400 hectáreas anegadas, además de los garajes de varias viviendas de la zona más cercana a la plaza de toros.

En la margen contraria, en Villafranca de Ebro, la mota se rompió “por cuatro sitios”, según la alcaldesa, Volga Ramírez. “Aquí tenemos agua casi como en 2015”, aseguraba. Aunque el casco urbano está asegurado, las cosechas están “todas perdidas”. “No vale ni una”, apuntaba.

Siguiendo el Ebro aguas abajo, en Fuentes de Ebro también se rompió una mota de la zona de la isla, pero las demás defensas aguantaron. “En principio parece que la riada ha sido menor y con menos afecciones que la de 2015”, apuntaba allí la alcaldesa, Pilar Palacín. Eso sí, se dan por perdidas unas 800 hectáreas de cultivo, ya que el agua que ha entrado tardará días en volver a salir.

Al otro lado del río, Pina de Ebro concentraba buena parte de la atención. La noche del martes se llegó a temer por la integridad del casco urbano, y se fijó un protocolo para romper las compuertas que la CHE construyó junto a la carretera, en caso de que fuera necesario. Finalmente no hizo falta. Por si acaso, a media mañana 15 camiones cargados de tierra esperaban con el motor encendido por si hiciera falta que salieran a reforzar algún punto. La UME trabajó intensamente consolidando motas y achicando agua con dos potentes bombas que literalmente trasvasaban de vuelta al río el agua que se había filtrado y que amenazaba al pueblo. “Desde anoche hemos conseguido que bajara medio metro el nivel del agua en toda esta zona”, apuntaba el Sargento Primero Ruiz, señalando los campos más cercanos a Pina.

Así bombea la UME el agua de los campos de Pina de Ebro

Su alcaldesa, Mercedes Abós, apuntaba que “ayer -por el martes- parecía que se complicaba la cosa” pero finalmente “las motas han aguantado”, tras llegar la crecida con un máximo de 1.118 metros cúbicos por segundo. Las horas previas se habían evacuado por precaución 69 personas, principalmente con movilidad reducida, por si había que salir corriendo. “El pueblo está a salvo”, anunciaba Abós a media mañana.

En el lado contrario, en Quinto, la situación era similar. Los daños en los cultivos son cuantiosos, con unas 900 hectáreas de la huerta alta afectadas. En principio, la huerta baja “parece que sigue seca”, aunque habrá que esperar a ver cómo quedan las infraestructuras y los caminos, señalaba el alcalde, Jesús Morales.

El martes por la tarde ha trabajado intensamente la UME reforzando la mota y ayudando en alguno de estos edificios.

En definitiva, la angustia y el miedo de la noche dejaron paso por la mañana a una cierta sensación de alivio. En Pina de Ebro, el presidente de Aragón, Javier Lambán, anunciaba que empezaban “a respirar con cierto alivio”, aunque con la cautela que dan “las sorpresas que puede deparar el Ebro”. Lambán confesó que se llegaron “a temer lo peor” viendo cómo venía el río por Navarra, pero finalmente “no se han cumplido los peores presagios”. La delegada del Gobierno en Aragón, Rosa Serrano, felicitó a todas las administraciones y organismos “por la buena coordinación” y anunció inversiones “de 13 millones de euros” en el Ebro, que comenzarían con unos trabajos de limpieza del cauce en El Burgo de Ebro.

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