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Desalojados por la riada: "Pensaba que no nos iban a sacar de casa como la última vez, ahora sí que tengo miedo de verdad"

La tranquilidad matinal de los vecinos de Novillas se tornó en una pesadilla cuando a media tarde fueron evacuados. La gran mayoría se alojó en hogares de familiares y amigos y el Ayuntamiento habilitó la residencia del C.D. Oliver.

CRECIDA DEL RIO EBRO ( NOVILLAS ) / DESALOJO DE VECINOS / 12/12/2021 / FOTO : OLIVER DUCH[[[FOTOGRAFOS]]]
Angelines Irún, en el centro, recibe la solidaridad de sus vecinos tras ser desalojada. Su casa es una de las primeras en inundarse
Oliver Duch

La pesadilla volvió a repetirse para los vecinos de Novillas que viven en la parte baja del pueblo cercana al cauce. Era el sentimiento generalizado que se respiraba a las 19.00 en la calle Pablo Herráez y Esposa, colindante con la zona donde se encuentran los hogares que tuvieron que abandonar medio centenar de personas. Unos casi se fueron con lo puesto, otros tuvieron tiempo para preparar algunas maletas y también los hubo que dedicaron un rato a poner a salvo algunos electrodomésticos y objetos valiosos. Así se prepararon para vivir una larga noche en la que pocos confiaban en que podrían conciliar el sueño con la mente puesta en que la mota aguantara el envite del agua.

"En 2015 la planta baja se convirtió en una auténtica piscina con 80 centímetros de agua"

"Pensaba que este año no nos iban a sacar de casa como en 2015. Primero, a las cuatro nos han dado un aviso y cuando a las cinco nos han vuelto a llamar porque teníamos que salir no me lo podía creer. Ahora sí que tengo miedo de verdad, hay que esperar que no ocurra nada", explicaba Angelines Irún, que en cuanto salía de su casa en la calle de Aladrén se topaba con los sacos de tierra formando murallas colocados por la Unidad Militar de Emergencias (UME). Por lo que pudiera pasar, por la mañana tenía desmontado el comedor, con los cajones de los armarios sobre la mesa y los "papeles importantes" en lo alto de las estanterías. Además, los efectivos de la UME también le habían protegido la puerta que conecta con el patio.

"Al menos esta vez me he llevado la medicación que necesito, porque hace seis años tuvieron que venir a buscármela en piragua"

"En 2015 la planta baja se convirtió en una auténtica piscina con 80 centímetros de agua. Hubo que cambiar todo el comedor y la cocina. Los seguros respondieron, pero nadie nos quita los cinco meses que no pudimos vivir en nuestro hogar. Rascamos todos los muros para quitar la humedad", recordaba algo angustiada. Rodeada de los suyos y de convecinas que se solidarizaban con ella hasta sacaba su buen humor: "Al menos esta vez me he llevado la medicación que necesito, porque hace seis años tuvieron que venir a buscármela en piragua".

El desalojo también cogió por sorpresa a María José Villanueva, su pareja y sus tres hijos. "En 2015 mi marido durmió arriba mientras abajo se inundaba", decía. "Las puertas del salón, que son nuevas, las hemos desmontado y subido al primer piso. Y todos los muebles que hemos podido los hemos puesto en alto encima de barquillas y ladrillos", comentó.

A unos metros de las viviendas que se quedaron vacías, la Guardia Civil se interesó por la situación de la residencia de mayores Pablo Herráez y Esposa. "Estamos bien. A esta zona solo dan la capilla y sala de visitas. Los 17 ancianos se encuentran muy tranquilos en la otra parte del edificio", les explicó la hermana Alice Royappan.

"El temor es que si sigue así se acabe cegando el puente y revoque el agua hacia el pueblo, lo que sería un desastre"

Nervios junto al puente

El Ayuntamiento habilitó la residencia que el Club Deportivo Oliver tiene en la localidad para que pudieran pasar la noche los habitantes que lo desearan, aunque la mayoría optaron por realojarse con familiares y amigos.

Al mismo tiempo que se empezaba a alertar a algunos novilleros de su posible traslado, junto al puente de acceso a Novillas que cruza el Ebro se vivieron momentos de tensión y preocupación. Ya se cortó por la mañana al tráfico porque el agua había llegado a la vía. A las 17.00 había superado los 8,40 metros y en algunas partes pegaba contra las vigas del paso.

Los más mayores no recordaban algo así. "Tengo 86 años y nunca había visto que el agua llegara a tapar alguno de los ojos. Además ha subido muchísimo, unos 35 centímetros en las dos últimas horas", indicó Jesús Irún. Fue barquero en el cauce hasta los 15 años, cuando toda la cosecha se pasaba en una embarcación de un lado al otro del cauce.

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"El temor es que si sigue así se acabe cegando el puente y revoque el agua hacia el pueblo, lo que sería un desastre. También podría llevarse el paso por delante si no aguanta", señaló el alcalde, Abel Vera. Calificó el momento como el "más crítico" de una jornada dominical complicada en la que tensión fue a más conforme oscurecía. En un primer momento, técnicos de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) valoraron fracturar la carretera. Finalmente, ya prácticamente a oscuras, una máquina de la UME rompió un dique de la margen derecha con el objetivo de disminuir el nivel en ese punto. La medianoche era el momento más temido. Cerca de las 23.00 el caudal parecía ir de bajada con 8,36 metros de altura. Hoy, a quienes puedan volver a sus hogares, les tocará evaluar posibles daños.

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