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día de la madre

Madres, un día especial para recordar a las que murieron en pandemia

A las familias de Estefanía Escobar, Andresa Bailo, Aurora Buil y Rosa María Gimeno les une en este Día de la Madre la emoción de rendir homenaje a las que se fueron de una forma más silenciosa por culpa de la covid.

De izquierda a derecha y de arrhiba a abajo: Estefanía Escobar, Aurora Buil, Andresa Bailo y Rosa María Gimeno.
De izquierda a derecha y de arrhiba a abajo: Estefanía Escobar, Aurora Buil, Andresa Bailo y Rosa María Gimeno.
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Un repetido refrán, ese gesto amable, su risa, la forma de solucionar los problemas, su habilidad para adivinar lo que ocurre sin mediar palabra, saber dónde está ese objeto que tanto cuesta encontrar y el aroma propio de cada una de ellas. Ese es parte del legado que dejan algunas madres cuando ya no están.

En el último año, muchas personas se ha quedado huérfanas de madre y, hayan fallecido o no por la covid-19, la pandemia ha dificultado esas despedidas, privando de consuelo al entorno. A Aurora Buil, de 82 años, ni siquiera pudieron despedirla todos sus hijos. Falleció en abril, en pleno confinamiento. "En el hospital no nos dejaban estar a los cuatro hermanos y en la funeraria la norma eran tres personas", relatan. Una situación similar vivieron los familiares de Andresa Bailo, que se contagió de coronavirus en el transcurso de la tercera ola y murió alejada de los suyos en la uci del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, mientras su marido y su hija permanecían hospitalizados en Huesca. "Es una manera de vivir el duelo muy dura, que no te permite llevarlo bien. A nosotros nos queda el consuelo de que mi madre se fue sin enterarse; no la vimos sufrir. Nos ha dejado un recuerdo muy dulce a todos y muchas lecciones de vida", indica otra familia.

Las historias de Estefanía Escobar, Andresa Bailo, Aurora Buil y Rosa María Gimeno pretenden servir de homenaje a todas esas madres que se fueron de una forma más silenciosa por culpa de la covid.

Estefanía Escobar

"Me enseñó que frente a las adversidades hay que seguir"
Estefanía Escobar, en una foto facilitada por su hija Idoia.
Estefanía Escobar, en una foto facilitada por su hija Idoia.
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Idoia dice que la mejor herencia que le ha dejado su madre es la actitud de que "frente a las adversidades hay que seguir". Luchadora, así recuerdan a Estefanía Escobar Frauca, Fanny.

Un dolor de espalda el pasado julio fue el aviso de un diagnóstico tardío en septiembre: cáncer. A las semanas dio positivo en coronavirus y el 30 de septiembre falleció en la planta covid del Miguel Servet. Idoia solo tiene palabras de agradecimiento para el personal del hospital, por los cuidados y la humanidad demostrada.

Se fue con R.E.M., ese grupo que le había presentado su hija y al que se había aficionado. Amante de la música, pero también de las series y la literatura, en especial de la novela negra. "Además, todos los días leía la prensa", recuerda su hija, claro, trabajó en quioscos gestionados por Disminuidos Físicos de Aragón (DFA). Dos operaciones de corazón, una con 19 años y otra después de ser madre, le llevaron a esta fundación. Atrás había dejado diez años de monitora de esquí en Astún y Candanchú, lo que era su pasión. Se jubiló hace un par de años, pero seguía igual de activa.

Cuando nació su nieta cambió los paseos por las tardes de parque. Su nombre, Leire, delata la ascendencia navarra de Fanny. Había nacido en Pamplona hacía 68 años, pero Zaragoza se convirtió en su nuevo hogar, donde conoció a personas como Margarita, su "amiga del alma". Fanny era una madre coraje que sola sacó adelante a Idoia. "Se fue pronto", dice, tanto que no cumplieron ese viaje a Peñíscola el último verano.

Andresa Bailo

"Se alegraba de vernos viajar y de que nos diéramos caprichos que ella nunca se dio"
Las hijas de Andresa Bailo hojean un álbum familiar con fotos de su madre.
Las hijas de Andresa Bailo hojean un álbum familiar con fotos de su madre, que murió de coronavirus el pasado mes de octubre.
Rafael Gobantes

Rosi y Marimar Cacho solo tienen palabras de admiración hacia su madre, "una mujer buena" de la que todo el mundo habla bien en Frula, su pueblo. Allí vivía junto a su marido, ambos de 78 años, cuando se contagiaron de la covid-19 el pasado mes de octubre. "El mismo día que ingresaron a mi padre, a mi madre la tuvieron que trasladar a Zaragoza porque la uci de Huesca estaba llena. Ingresó un domingo y murió un viernes. La dejé en Urgencias sin saber que era la última vez que la iba a ver...", cuenta Marimar.

El duelo por la muerte de Andresa Bailo, madre de seis hijos y abuela de ocho nietos –y un último al que no llegó a conocer– ha sido especialmente difícil para esta familia, que por culpa de la pandemia no pudo estar unida en los momentos más difíciles. "Cuando mi padre y mi hermana salieron del hospital, mi madre ya estaba enterrada. Ha sido duro para todos, pero sobre todo para él. Estaban el uno por el otro, y la soledad pesa mucho", confiesan. Ahora encuentran consuelo en el recuerdo de los años felices que vivió Andresa, y en las muchas "lecciones de vida" que les deja. 

"La tenemos muy presente y la nombramos cada día. Nos ha dejado un recuerdo muy dulce a todos porque era una madre maravillosa, que no tuvo otra ilusión que su casa y su familia. Tenernos a todos era lo que más feliz la hacía, y siempre nos animaba a estar bien. ‘Muy bien, hijas mías’, nos decía. Se alegraba de vernos viajar y de que nos diéramos caprichos, cuando ella no se dio nunca ninguno", cuentan con una sonrisa.

Aurora Buil

"Su tiempo más feliz fue cuando se separó y pudo hacer lo que nunca había hecho"
María Ángeles, Beatriz y Carlos hojean el álbum familiar, lleno de recuerdos de su madre, que murió durante el confinamiento, en abril de hace un año.
María Ángeles, Beatriz y Carlos hojean el álbum familiar, lleno de recuerdos de su madre, que murió durante el confinamiento, en abril de hace un año.
P. B. P.

Aurora Buil, de 82 años, sufrió un ictus el pasado año que la dejó postrada durante meses en una cama, ajena a todo cuanto estaba ocurriendo en el mundo. "Nació en el 37, en plena Guerra Civil, y ya no le dio tiempo a vivir este momento histórico porque de enero a abril de 2020 estuvo hospitalizada, sin enterarse de nada", relatan sus hijos, mientras recuerdan con un álbum de fotos algunos de los momentos más felices que vivió esta anciana. Madre de cuatro hijos, y la mayor de cuatro hermanos, pasó gran parte de su vida entregada a la familia y a los cuidados. Precisamente por eso, subraya María Ángeles, la mayor de sus descendientes, Aurora vivió su ‘época dorada’ cuando se separó de su marido, en el año 95. "Su tiempo más feliz fue entonces, cuando pudo hacer lo que nunca había hecho. Quiso vivir sus últimos años independiente, y sus amigas dicen que estaba muy orgullosa de la vida que había tenido", cuenta María Ángeles.

Apesar de su longevidad, Aurora no pudo cumplir con todos sus deseos. Le faltó tiempo. Tenía la ilusión de ser bisabuela, "y por un añico" no pudo serlo. "Es una pena que yo tengo", confiesa la mayor de sus hijas, que acaba de ser abuela. Recordarla en estas líneas supone para esta familia el "homenaje" a una mujer que, por las circunstancias, no tuvo despedida. "Mi madre es de esa generación que ha sacado este país adelante. Personas trabajadoras, que nos han procurado estudios, pero que cuando han caído, no se les ha dado la atención que merecían", reflexiona su hija, médica en primera línea.

Rosa María Gimeno

"Mi madre era una mujer con mucha rasmia y muy turolense"
Rosa María Gimeno, un día del Pilar, en una foto facilitada por la familia.
Rosa María Gimeno, un día del Pilar, en una foto facilitada por la familia.
HA

Cervera del Rincón es un pueblo turolense con una decena de censados. Para Rosa María Gimeno Galindo era una devoción, donde nació en mayo de 1951. "Mi madre era muy feliz en el pueblo, siempre ha sido un referente para ella. Recibió la educación básica y a la vez, desde pequeña, hacía labores de labranza", relata su hija Beatriz. Con 18 años hizo las maletas y emigró a Valencia para servir en casas, probó suerte en Canadá y con 22 se mudó a Zaragoza. Era muy devota de la Virgen del Pilar y de San Blas. En la capital aragonesa se casó con Manuel Arnedo y tuvieron dos hijas, Beatriz y Belén. Compaginó su familia con el trabajo en Pilas Secas Tudor, hasta 1995. "Fue entonces cuando mi madre se dedicó a las labores del hogar y a cuidar de mi abuela durante 20 años, que era dependiente", cuenta.

Viajaba mucho hasta 2018, cuando le diagnosticaron un cáncer muy avanzado y su familia la cuidó igual que ella había hecho con su madre. "Sus últimos días coincidieron con el estricto confinamiento domiciliario y la pobre no pudo tener una muerte digna: no le prestaron cuidados paliativos ni la sedaron", lamenta Beatriz. El 4 de abril de 2020 murió rodeada de los suyos. "El duelo ha sido muy largo, muy difícil, porque era una persona muy querida –la define Beatriz–. Mi madre era una mujer con mucha rasmia y muy turolense. Era tan fuerte, tan extrovertida...". Los comerciantes y vecinos de la Bozada, su barrio, también la echan de menos y la recuerdan por sus calles, en los últimos momentos acompañada de su nieta Julia.

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