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madres en el recuerdo

"Se alegraba de vernos viajar y de que nos diéramos caprichos, cuando ella no se dio nunca ninguno"

La oscense Andresa Bailo, nacida en Robres en 1942, murió víctima de la covid el pasado mes de octubre, en la uci del Servet. 

Las hijas de Andresa Bailo hojean un álbum familiar con fotos de su madre.
Las hijas de Andresa Bailo, Marimar, Lourdes y Rosi Cacho, hojean un álbum familiar con fotos de su madre.
Rafael Gobantes

Rosi y Marimar Cacho solo tienen palabras de admiración hacia su madre, la oscense Andresa Bailo, "una mujer buena" de la que todo el mundo habla bien en Frula, su pueblo. Allí vivía junto a su marido, ambos de 78 años, cuando se contagiaron de la covid-19 el pasado mes de octubre. Ingresaron en el Hospital San Jorge con un día de diferencia, pero solo él superó la enfermedad. 

"El mismo día que ingresaron a mi padre, mi madre empeoró y la tuvieron que trasladar a Zaragoza porque la uci de Huesca estaba llena. Ingresó un domingo y murió un viernes. La dejé en Urgencias sin saber que era la última vez que la iba a ver...", relata emocionada Marimar, a quien le hubiera gustado que las cosas fueran diferentes.

Andresa Bailo murió de coronavirus el pasado mes de octubre, en la uci del Hospital Miguel Servet.
Andresa Bailo murió de coronavirus el pasado mes de octubre, en la uci del Hospital Miguel Servet.
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El duelo por la muerte de Andresa Bailo, madre de seis hijos y abuela de ocho nietos -y un último al que no llegó a conocer-, ha sido especialmente difícil para esta familia, que por culpa de la pandemia no pudo estar unida en los momentos más difíciles. Además del matrimonio, otra de las hijas cayó también enferma de coronavirus y ni ella ni su padre pudieron estar presentes en el funeral de Andresa. "Cuando mi padre y mi hermana salieron del hospital, mi madre ya estaba enterrada. Ha sido duro para todos, pero sobre todo para ella y para mi padre. Estaban el uno por el otro, y la soledad pesa mucho", confiesan.

El matrimonio enfermó de coronavirus en el mes de octubre, pese a llevar una vida tranquila y "con todos los cuidados" para evitar el contagio. Vivían de manera autónoma en Frula, donde se instalaron tras casarse en la capital aragonesa en el año 58. Ella era originaria de Robres, un pueblo de la Comarca de los Monegros, y él de Soria. Recién casados, se fueron a vivir al pueblo y allí sacaron adelante a sus seis hijos viviendo de la agricultura y de la ganadería. "Su 50 aniversario de boda lo disfrutaron mucho. Nos reunimos toda la familia, los hijos y los nietos, y les hicimos una sorpresa que les gustó mucho. Una sobrina les cantó la jota de Robres, que era el gozo de mi madre, y es un recuerdo bonito que tenemos. Mi madre era una mujer maravillosa que no necesitaba lujos. Era feliz con las cosas más sencillas", presumen orgullosas sus hijas.

Andrea Bailo, con su marido y uno de sus nietos, en la celebración de su 50 aniversario de boda, antes de la pandemia.
Andrea Bailo, con su marido, Ángel Cacho, y uno de sus nietos, en la celebración de su 50 aniversario de boda, antes de la pandemia.
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Ahora sus familiares encuentran consuelo en el recuerdo de los años felices que vivió Andresa, y en las muchas "lecciones de vida" que les deja. "La tenemos muy presente y la nombramos cada día. Nos ha dejado un recuerdo muy dulce a todos porque era una madre maravillosa, que no tuvo otra ilusión que su casa, sus seis hijos y sus ocho nietos. Tenernos a todos era lo que más feliz la hacía, y siempre nos animaba a estar bien. ‘Muy bien, hijas mias’, nos decía. Se alegraba de vernos viajar y de que nos diéramos caprichos, cuando ella no se dio nunca ninguno", cuentan con una sonrisa.

Este domingo, 2 de mayo, Marimar, Rosi y el resto de sus hermanos hubiesen celebrado el Día de la Madre, pero también el cumpleaños de su padre, Ángel Cacho, viudo a los 79 años. Dicen que desde que ella se fue no hay un solo día que no vaya al cementerio a ponerle flores. "Nombrarla no la nombra mucho porque se emociona también... pero la visita al cementerio no la perdona", aseguran sus hijas, a quienes les hubiera gustado poder celebrar este domingo en el pueblo, con sus dos progenitores y demás familia. "Ahora no tenemos muchas ganas de celebraciones, aparte de que tampoco se puede... Pero por lo menos estaremos con mi padre, le haremos compañía y, por supuesto, iremos al cementerio a ver a mamá", cuentan con gesto amable. 

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