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día de la madre

Idoia Escobar: "Mi madre me enseñó que frente a las adversidades hay que seguir"

A Estefanía Escobar, una navarra afincada en Zaragoza, le diagnosticaron cáncer a principios de septiembre de 2020. A las semanas se contagió de coronavirus y murió en una planta covid del Hospital Miguel Servet.

Estefanía Escobar, en una foto facilitada por su hija Idoia.
Estefanía Escobar, en una foto facilitada por su hija Idoia.
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Idoia dice que la mejor herencia que le ha dejado su madre es la actitud de "tirar hacia adelante, que hay que vivir". "Aunque no soy ni la mitad de fuerte que ella", matiza. "Me enseñó que ante las adversidades hay que seguir. No le gustaban las personas que se regodeaban en las cosas malas", añade. Luchadora, pero también deportista e inquieta, así cuentan que era Estefanía Escobar Frauca, Fanny le llamaban.

Un dolor de espalda fue la primera manifestación que apareció en julio y el 9 de septiembre llegó la terrible noticia: cáncer. Las consultas por teléfono demoraron el diagnóstico. A las semanas dio positivo en coronavirus y el 30 de septiembre falleció en la planta covid del Hospital Miguel Servet. Para el personal del hospital solo tiene palabras de agradecimiento, por los cuidados y por la humanidad que le demostraron. Ella y su esposo también dieron positivo.

Fanny era fan de Bob Dylan o Joan Báez, pero en los últimos años se aficionó a R.E.M., ese grupo que le había presentado su hija y que escuchó cuando se fue. Música, series y literatura, era una 'devoralibros', en especial de novela negra. "Además, todos días leía la prensa", recuerda su hija, claro, trabajó en varios quioscos gestionados por Disminuidos Físicos de Aragón (DFA) durante 25 años.

Dos operaciones de corazón, una con 19 años y otra después de ser madre, le llevaron a esta fundación. Atrás había dejado sus años de monitora de esquí, gracias a los que disfrutó durante una década de la vida en el Pirineo. "Trabajó tres años en Candanchú y siete en Astún. El esquí era su pasión", explica Idoia, que apunta que también practicó otras disciplinas como la natación. Precisamente, el deporte le regaló importantes valores.

Se jubiló hace un par de años y su hija asegura que se mantenía activa: "Se ponía su visera y se iba a caminar por la Expo". Eso fue hasta que nació Leire y entonces cambió los paseos por los días de juego en el parque. El nombre de su nieta delata la ascendencia navarra de Fanny. Había nacido en Pamplona hacía 68 años y con 15 llegó a Zaragoza acompañada de sus cuatro hermanos.

La capital aragonesa se convirtió en su nuevo hogar, donde conoció a personas como Margarita, compañera del colegio y "amiga del alma". "Cuidó de su padre, que murió de cáncer de pulmón, y de su madre, que fue víctima de un infarto cerebral", apunta Idoia.

Se casó, pero ella sola sacó adelante a Idoia. El trato entre ambas era muy estrecho, un fuerte vínculo que las convirtió en "amigas". "Por ejemplo, me fui una temporada fuera, pero siempre con la intención de volver", asegura Idoia. "No éramos iguales de carácter, pero encajábamos", explica a la par que lo gesticula con sus manos.

"El coronavirus le daba miedo", cuenta su hija. Pasó el confinamiento separada físicamente de sus seres queridos, algo que sintió. Un viaje a Peñíscola de las tres generaciones este verano fue el sueño que no se llegó a cumplir.

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