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historia y patrimonio

Momias aragonesas: las de Quinto, los Amantes de Teruel y otras más

Una curiosa historia durante la Guerra Civil envuelve a las momias de Isabel de Segura y Diego de Marcilla, uno de los ejemplos que se descubren en Aragón.

Foto de Quinto
Museo de las Momias de Quinto
Laura Uranga

Vehículos blindados con decoración faraónica, guardas a caballo y sacerdotes como en la antigüedad, estandartes, antorchas y música de tambores. Esa fue la comitiva que acompañó a un total de 22 momias de reyes y reinas del Imperio Nuevo, de los siglos XVI al XI a.C., en El Cairo la pasada semana. Era el traslado hasta el Museo de la Civilización Egipcia, donde fueron recibidas por una salva de cañones.

Como bien es sabido, en Aragón existe un museo de momias, el de Quinto. Fue inaugurado en 2018 en el Piquete, como se conoce a la antigua Iglesia de la Asunción de Quinto –ahora desacralizada-. En la primavera de 2011 salieron a la luz centenares de enterramientos en ese edificio, que habían sido depositados desde su construcción hasta 1831. En total, más de 1.060 personas documentadas.

No obstante, a pesar de ser el más sonado, existen más ejemplos de momias en la Comunidad. Cuatro personas momificadas aparecieron en el convento de los dominicos de Gotor. "Conservados en buen estado dentro de ataúdes", detalló la información de este periódico, publicada en 1995. Uno de ellos era un hombre –vestido con hábito de la orden-, mientras que los restantes eran mujeres que también conservaban restos de tejido y calzado, además una tenía un collar de cuentas. En el proceso de investigación se observó, según la información recopilada en diferentes archivos, que fue durante tres siglos panteón de los Martínez de Luna. Entre ellos, estuvo quien fuera virrey del Reino de Aragón, don Pedro. En la dimensión de enterramiento para los dominicos también fue lecho para fray Adolfo Valentín, un religioso del siglo XVI y que se señaló como santidad. En el mausoleo romano de Chiprana, que data del siglo II, se conservaba una momia y otros restos humanos, que se descubrieron en unas excavaciones en el edificio.

Recorte de Heraldo de Aragón que habla de las momias de Gotor.
Recorte de Heraldo de Aragón que habla de las momias de Gotor.
HA

También en unas obras, en este caso de la iglesia de San Pedro de Teruel, en 1991, se encontraron unos restos humanos, entre los que se destacó un niño momificado. En la capilla de San Cosme y Damián, orientada hacia el sur, es seca, lo que ha fomentado la momificación de los cadáveres. "Un niño amortajado en una caja de madera que fue sepultado y varios adultos, también en sus cajas, aunque los cuerpos de estos están bastante degradados, algunos restos textiles y de calzado han aparecido en el lugar de donde se extrajeron los Amantes de Teruel", desveló la crónica de HERALDO.

Esas dos momias desaparecieron en esta ciudad: la de Isabel de Segura y la de Diego de Marcilla. La batalla que se libró en Teruel durante la Guerra Civil obligó a poner los restos de los Amantes a buen seguro. Un vecino de la capital los escondió en una cueva, donde permanecieron durante cinco meses. Incluso, se comentó que habían sido sacadas de sus urnas y trasladadas a Valencia. Eduardo Fuembuena, enviado especial de HERALDO, intentó encontrarlas junto a tres jóvenes turolenses. Una misión que culminó sin éxito. “Rebuscamos por todas las cuevas de las rondas de la calle de Valencia y en las inmediaciones de la iglesia de San Pedro, bajamos a los sótanos del Banco de España -convertidos en enormes montones de ruinas- damos la vuelta a la Glorieta y caminamos cerca de media hora por el subsuelo de Teruel, sin encontrar rastro alguno de las históricas momias”, se publicó en este diario. Una recompensa se ofreció a quien las encontrara: cinco mil pesetas.

Primera fotografía obtenida de las momias de los Amantes de Teruel al ser encontradas en el cementerio de las religiosas del Convento de Santa Teresa
Primera fotografía obtenida de las momias de los Amantes de Teruel al ser encontradas en el cementerio de las religiosas del Convento de Santa Teresa
Francisco Martínez Gascón / Archivo Heraldo

El entuerto se resolvió con una llamada a HERALDO. Fuembuena siguió las indicaciones y se dirigieron al convento de Santa Teresa. En el sótano, entre colchones, sábanas desperdigadas, sillas rotas, trozos de vendajes y frascos rotos de material de cura, descienden por cuatro naves de camas desvencijadas. A once metros por debajo de la superficie, dieron con una galería que terminaba en una cueva. En este lugar estaban postradas las dos momias, al lado del cadáver de un miliciano.

Sin salir de la provincia turolense, en Alcaine -un pueblo de la comarca de las Cuencas Mineras- también se dio con momias a mediados de los años 90. En la iglesia de Santa María la Mayor se encontraron restos fechados entre los siglo XVI y XVIII. Se identificó el cuerpo de un niño con manos y pies atados y sin cabeza. Junto al infante, los cadáveres de una mujer y un hombre, este último vestido con hábito. La sequedad y las bajas temperaturas son las condiciones que permitieron su conservación. Estas son solo una muestra, pero a lo largo de la historia se han encontrado muchos más cuerpos momificados en Aragón.

Desfile de faraones y procesiones con esqueletos

Ese traslado en El Cairo generó repercusión en todo el mundo, llegando a ser tendencia en las redes sociales. No obstante, a pesar de la sorpresa, son habituales los desfiles procesionales que portan esqueletos. En Aragón, por ejemplo, se localizan dos casos. En Ateca se puede ver La Muerte. Se trata de un esqueleto humano real que procesiona cada Semana Santa por las calles de la localidad zaragozana desde 1661. Cuentan que entre sus vecinos corre un dicho: “Estás más seco o más tieso que la muerta de Ateca”.

Paso de La Muerte de Ateca.
Paso de La Muerte de Ateca.
Jesús Macipe

Otra muestra se ubica en Zaragoza: el paso del Triunfo de la Vida sobre la Muerte. Es una talla de autoría anónima que pertenece a la Hermandad de la Sangre de Cristo y procesionó durante décadas por las calles de la capital aragonesa. En la actualidad no sale por las calles –en el siglo XXI solo lo ha hecho en una ocasión- y fue adquirida en Amposta en 1818.

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