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Una veintena de superhéroes nonagenarios celebran con una fiesta que se han vacunado

Un grupo de mayores de una residencia de Zaragoza sale por primera vez a la calle después de un año luchando contra la covid. Todos han generado anticuerpos y lo celebran con música, sidra y visitas familiares por sorpresa. 

El pequeño Capi juega con una de las residentes.
El pequeño Capi juega con una de las residentes.
Oliver Duch

No era la pasarela de ‘Operación triunfo’, pero se le asemejaba. Al son de ‘Cuéntame’ y de ‘Corazón contento’, los mayores de la residencia Ballesol Mariana Pineda del Actur iban cruzando la puerta del centro y salían, por primera vez en un año, a las calles de Zaragoza. Allí, junto al parque del Buen Humor, les esperaban por sorpresa algunos familiares, juegos terapéuticos e, incluso, copas de sidra. Conforme iban saliendo del centro, se les colocaba una medallita acreditativa de que se habían comportado como superhéroes en lo más crudo de una pandemia que se ha cebado especialmente con los mayores.

A Vanessa García, directora del centro, aún se le encharcan los ojos cuando recuerda el pasado mes de noviembre. “En la primera ola no tuvimos casos, pero después en octubre sí hubo algunos contagios”, explica. El peor momento de sus 14 años al frente de la residencia fue “después del confinamiento en las habitaciones, cuando los mayores volvieron a bajar al salón, unos y otros miraban los sillones vacíos y veían quiénes faltaban”, recuerda a un tris de la lágrima. “Por eso, se han ganado con creces la vacuna, el cariño, la fiesta y todo”, dice García, al tiempo que explica que hace tres semanas que se terminó de distribuir la segunda dosis y todos los residentes y trabajadores han generado anticuerpos.

Un grupo de mayores de una residencia de Zaragoza sale por primera vez a la calle después de un año luchando contra la covid. Todos han generado anticuerpos y lo celebran con música, sidra y visitas familiares por sorpresa.

Casi entre alharacas, un grupo de mayores recibe a Capi en el parque. Se trata de un perrito, un ‘jack russel terrier’ de cuatro años, que con sus destrezas propias de titiritero enseguida se convierte en el centro de atención. “Es buenísimo desde pequeño. Siempre le he entrenado para estar con gente mayor y le encanta”, explica Raúl Font, su amo, que es terapeuta ocupacional del centro. “Antes de la pandemia solíamos venir y los mayores disfrutaban jugando con él. De hecho, algunos residentes no se acuerdan de mi nombre pero el de Capi no se les olvida nunca”, explica el joven. “Los meses del confinamiento fueron muy duros pero como la residencia tiene ventanas que dan al parque, a veces lo traía para que se asomaran y lo pudieran ver. Claro que no es lo mismo que tenerlo cerca, poderle tocar y jugar con él”, dice el terapeuta.

Capi, aunque “ha engordado un poco estos meses”, no a abasto dando saltitos y recogiendo las pelotas que le lanzan los mayores. “Los beneficios para ellos son muchísimos: en el plano emocional y también a nivel físico porque le lanzan la pelota, lo visten, lo peinan… Da mucho juego para trabajar a nivel cognitivo y reminiscencia”, cuenta Font.

Algunos de los mayores que esta mañana han salido al parque -al resto de internos les irá llegando el turno-, no habían pisado la calle desde hace doce meses. “Sí habían bajado a los jardines del centro, pero no es lo mismo, no habían salido de la residencia. Además, hoy hemos invitado a familiares a disfrutar de una jornada terapéutica y los reencuentros han sido muy emotivos”, dice la directora García, que -no obstante- incide en que hay que mantener muchas precauciones. “La vacuna reduce los riesgos de contagio y sus consecuencias pero la inmunidad no hace que no podamos contagiar ni contagiarnos”, explica. Persiste, por tanto, la obligación de usar el hidrogel, de mantener las distancias, de protegerse con mascarilla, tanto por ellos mismos como por los familiares que se acercan a verlos.

“Durante los peores momentos de la pandemia se identificó a las residencias con las muertes y ellos, los mayores, se daban cuenta. Veían los informativos con sus fríos datos estadísticos y se percibía el miedo. Por eso, ahora que hemos conseguido inmunizarnos, de uno u otro modo teníamos que celebrar la vida”, añade García.

Mientras tanto, un grupo de mayores en círculo mantea varias pelotas gigantes y se prueban unos cuantos sombreros blancos traídos para la ocasión. Por un altavoz suena ‘Pasodoble español’ y hay alguna valiente que incluso se levanta de la silla para bailar agarrada con una trabajadora del centro. “Como en las fiestas del pueblo”, dice.

“Hemos pasado muchos nervios, pero el reencuentro ha sido muy emotivo y, además, ha salido un día espléndido”, decía Conchita Bueno, que tiene a su madre -de 96 años y medio- interna. Bueno agradece que en esta crisis sanitaria “en la residencia se han comportado todos como una familia” y celebra la inmunización, al tiempo que advierte de que las vacunas han de llegar a todos para poder volver a cierta normalidad. “Tenemos que estar inmunizados todos, pero iremos poquito a poco, esta es la primera puerta que abrimos y el primer escalón que subimos”, afirma.

A su lado, María del Carmen Gurupegui coge la mano de su madre, de 92 años, poco antes de brindar con la sidra y las copas de plástico. “Está contenta e ilusionada. La semana pasada ya pudo salir un poquito por la ribera, pero lo de hoy ha sido una sorpresa porque no sabían que veníamos los familiares. Ha sido una idea estupenda”, concluye.

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