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Gastronomía

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Hace casi un año que el catering Bernama no sale de Letux para cubrir un gran evento

En circunstancias normales, el servicio viaja a unos cien pueblos anualmente, ofreciendo comidas populares para más de mil comensales.

Toni Pechuán lleva el catering Bernama, con sede en Letux, desde hace siete años.
Toni Pechuán lleva el catering Bernama, con sede en Letux, desde hace siete años.
Heraldo

Ojos Negros fue la última localidad hasta la que se desplazó el catering Bernama de Letux para prestar sus servicios en grandes comidas populares. Fue el 6 de marzo de 2020, días antes de que se produjera el confinamiento por coronavirus en España.

Desde entonces, el equipo de Toni Pechuán, valenciano residente en la localidad del Campo de Belchite desde hace 12 años, no ha viajado a ningún pueblo para dar de comer a miles de personas. Esa es su dinámica habitual en un año normal, cuando el catering recorre hasta cien localidades de la geografía aragonesa, con salidas prácticamente todos los fines de semana.

Nada que ver con una situación actual donde los eventos que reúnen a muchas personas están totalmente descartados. Además, aunque se vaya recuperando cierta normalidad, volver a organizar este tipo de fiestas populares queda muy lejos en el horizonte de Toni.

Por suerte, semanas antes de que estallara la pandemia, el catering empezó a prestar un nuevo servicio, el de reparto de comida a domicilio para personas mayores. “Afortunadamente es lo que nos está haciendo mantenernos a raíz de la covid”, asegura Toni.

No obstante, el volumen de pedidos no es una locura. Para esta época del año se mantienen en cifras normales, con unos 15 ó 20 menús diarios, pero estos números, que a partir de Semana Santa y hasta pasado el verano deberían multiplicarse, apenas varían. “Las personas mayores que con el buen tiempo se venían a su casa del pueblo, en 2020, por la situación sanitaria, se han quedado en Zaragoza”, explica Toni.

Una tendencia que afecta a su trabajo y a su equipo. De las cuatro personas que están en plantilla actualmente, una está en ERTE y los otros tres, entre los que están Toni y su mujer, como autónomos, van sacando los pedidos.

Lo hacen desde el local en el que todo empezó el 5 de febrero de 2014. Al principio, el negocio se planteó como un bar que ofrecía almuerzos y cenas y, como complemento, un servicio de catering. Pero esta segunda vía de negocio creció tanto que ha terminado siendo la principal fuente de ingresos.

Todo comenzó cuando se corrió la voz de que a Letux había ido a vivir un valenciano que hacía muy buenas paellas. Las primeras las preparó para grupos de amigos en la misma localidad y un año después, llevó su plato estrella a Fuendetodos. Luego fueron Quinto y otros pueblos de la comarca y las proximidades hasta que, a día de hoy, el catering viaja a localidades turolenses como Bronchales o Gea de Albarracín así como a Torla, en el Pirineo.

Esta proyección es fruto del trabajo de muchos años y de una fuerte inversión económica, que ronda los 35.000 euros. “Demasiado esfuerzo detrás como para tirarlo ahora por tierra”. Es la lectura que hace Toni a día de hoy, pese a que el colchón con el que contaba para hacer frente a la crisis está en las últimas. “En mayo del año pasado fui al banco y me preguntaron si necesitaba ayuda. Les dije que en principio hasta marzo de este 2021 podía aguantar”, recuerda Toni, cuando dicho plazo está a punto de cumplirse.

Aun así, no está dispuesto a renunciar a un negocio que por fin se ha consolidado y tiene una imagen en prácticamente todo Aragón. “De momento me doy este año de margen. Pediré un ICO o miraré otras opciones para aguantar todo lo que pueda”, dice.

Un ingeniero valenciano asentado en Letux

La historia del catering Bernama es algo más joven que la vinculación de Toni con la localidad de Letux, su actual lugar de residencia. Con estudios en Ingeniería, este valenciano, a quien siempre le había gustado la cocina a nivel amateur, entró por primera vez en contacto profesional con este sector durante su estancia en Andorra la Vella.

Vivió en el país vecino unos años, alojado en el hotel de unos amigos de sus padres. Un buen día, por hacer un favor al dueño, tuvo que entrar en cocina como ayudante, algo que se estableció como rutina. Tal fue su adaptación que cuando el jefe de cocina se jubiló, lo propuso a él como sucesor.

Tiempo después, el amor se cruzó en su camino. Toni conoció a su mujer, natural de Letux, y se trasladó allí, un pueblo de la comarca de Campo de Belchite en el que nunca había estado y del cual no había oído hablar. “Los primeros años fueron duros a nivel social porque no conocía a nadie y fue un cambio importante de vida”, reconoce.

Pero pronto sus dotes sociales y, dicho sea de paso, la fama sobre sus paellas, ayudaron a que el valenciano de Letux se fuera haciendo su sitio.

Desde su llegada al pueblo ha pasado ya más de una década, tiempo suficiente para que Toni, a sus 47 años, esté totalmente integrado. Además de las paellas, sus ranchos, migas y estofados hacen las delicias de quienes le rodean y de sus miles de clientes allá por donde viaja el catering.

Hasta que llegó la covid, el negocio iba viento en popa. Los encargos crecían al tiempo que lo hacían las contrataciones de más personal que, de forma eventual, como en la cena de Nochevieja, llegaba a estar compuesto por hasta 35 personas. “Además de preparar la comida, la servimos, con un camarero para cada 15 personas”, explica Toni.

Dejando esta cita concreta a un lado, cualquier fin de semana, era fácil que se necesitara a 12 personas para atender los servicios en grandes eventos.

Unas cifras a las que Toni espera poder volver cuanto antes aunque, reconoce, no con demasiado optimismo. “Por el momento, este año que se suponía que iba a ser bueno en cuanto a comuniones, las que se pospusieron de 2020 ya me las han cancelado”, lamenta.

Y es que otra pata del negocio de Toni es el de las comuniones y bodas sencillas. Eventos que también han desaparecido del mapa. “La normalidad que yo necesito tardará en volver, si es que vuelve, porque puede ser que después de esto nos cambie la mentalidad”, reflexiona Toni, en referencia a un posible cambio de hábitos sociales que afecte a los eventos populares de los que vive su empresa. 

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