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bares y hostelería

El Moderno: la lucha del bar de toda la vida por sobrevivir en el pueblo

Fundado hace más de 60 años en la localidad turolense de Calanda, el local se enfrenta a una de las peores crisis de su historia.

José Manuel, en el bar El Moderno de Calanda.
José Manuel, en el bar El Moderno de Calanda.
Heraldo

En pleno corazón del municipio turolense de Calanda, uno de los más castigados por la cuarta ola del coronavirus -a principios de año llegó a alcanzar una tasa acumulada de en torno a 1.500 casos por 100.000 habitantes-, se encuentra el bar Moderno -también conocido como ‘El Pepe’ entre los vecinos de la zona- el cual a pesar de la crisis sanitaria continúa aferrándose a la continuidad del negocio contra viento y marea. A sus 62 años, José Manuel Royo, actual propietario de la cafetería, una de los más antiguas de la localidad, asegura que jamás podría haberse imaginado en una situación como la vivida en la actualidad.

Royo, encarna la tercera generación de hosteleros de su familia, la cual comenzó con sus abuelos, Manuel Royo y Carmen Cases, en el antiguo casino de Calanda en torno a 1935. “En 1957 mis padres, José Royo y Carmen Borruel, abrieron el primer Moderno que se encontraba en el número 16 de la calle San Miguel. Allí estuvo hasta 1963, cuando nos trasladamos aquí”, relata el calandino. Hoy, el Moderno se encuentra ubicado en un lugar privilegiado: en concreto en la plaza de España, frente al Ayuntamiento, la iglesia, y la que fue la casa de uno de sus vecinos más ilustres: el cineasta universal Luis Buñuel.

“Mi padre siempre decía que desde que se abriera esta puerta jamás habría problemas”, rememora Royo. Claro que, el hostelero jamás habría imaginado la llegada de una pandemia. “Empecé a trabajar en el bar en los años 80 y, junto a mi hermano, Joaquín, tomamos las riendas del negocio en 1990”, explica. En 2014, tras el fallecimiento de este, José Manuel decidió seguir adelante con el proyecto familiar él solo. De hecho, sus hijos han elegido unas carreras profesionales bien distintas: “Beatriz es profesora de Filosofía en un instituto y Jorge es fisioterapeuta. Cada uno ha seguido su vida”.

El Moderno cuenta con más de 60 años de historia.
El Moderno cuenta con más de 60 años de historia.
Heraldo

“La del hostelero es una vida de sacrificio”, reconoce. Y eso es algo que sabe muy bien tras más de 40 años detrás de la barra de un bar. En las paredes del Moderno todavía se muestran retales de su historia, una historia que comenzó hace más de 60 años, como aquel poema que regalaron hace años a su familia, apodada en el pueblo como ‘Los terceros’, que decía: “Tengo fama universal, soy Manolo, el Tercero, pues es mi café especial, exquisito y sin rival, famoso en el mundo entero”.

Y es que, el Moderno, es una cafetería tradicional en la que el café y la cerveza son los productos fundamentales, acompañados del picoteo de toda la vida. “Aquí tenemos a la clientela de toda la vida, como norma general gente más mayor, que ha sido la que peor lo ha pasado con esto de la pandemia junto a los turistas, que hace meses que no pueden venir”, señala el propietario.

¿Su estrategia para tratar de sobrellevar la crisis?: grandes dosis de paciencia. “Ya veníamos tocados de la crisis de 2008 y esto se ha notado mucho. El verano se animó un poco la cosa gracias a la terraza, pero duró poco”, lamenta Royo. El miedo generalizado, unido a las restricciones, han supuesto un duro golpe para este establecimiento que, entre otras cosas, ha optado por reducir su horario de atención al público y abrir solo por las mañanas.

“También he tenido que prescindir de las dos personas que me echaban una mano a media jornada. No hay trabajo para más por lo que ahora me he quedado yo solo”, admite. Además, la configuración del establecimiento también se ha visto afectada por la pandemia con la retirada de varias mesas -para garantizar las distancias mínimas de seguridad- o una gran mampara de plástico que separa la barra del resto del local.

Sin Semana Santa ni verano

“Ahora tan solo podemos tratar de aguantar lo que nos viene y esperar a que vayan pasando los días”, añade Royo, que reconoce que confía en que la llegada del buen tiempo vuelva a reactivar la economía. Además, a punto de cumplirse un año desde la llegada de la covid, afirma que un año más así podría suponer la ruina: “Para los negocios de la zona, la Semana Santa y el verano suponen en torno al 80% de nuestros ingresos anuales”.

En su caso, Royo complementa la actividad del bar con un punto de venta de loterías que regenta, algo que también ha sido “un respiro”. “La venta de lotería de Navidad y El Niño fueron muy decentes, y eso que estaba bastante preocupado, pero nos dio bastante vidilla”, admite. Y es que, la realidad, es que la mayoría de los días no compensa abrir la persiana.

“Algunos días vienes más por estar que otra cosa pues económicamente no salen las cuentas para nada. La gente viene, se toma el café rápido y se vuelve a casa. No sé si algún día llegaremos a acostumbrarnos a esta nueva vida”, reflexiona el calandino. 

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