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Aragón

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El invierno más largo de Salou: así vive la 'playa de Zaragoza' su cierre perimetral

La ciudad con más segundas residencias de aragoneses vive su temporada baja con menos gente que nunca, y con preocupación entre los propietarios aragoneses tras tres meses sin poder ir a sus pisos.

Salou vive su invierno más largo. Cualquier otro año ahora estaría en temporada baja, pero nunca tan baja. Como el resto de municipios catalanes, ‘la playa de Zaragoza’ está cerrada perimetralmente. Salou es estos días de los salouenses. Sus vecinos hablan de “tristeza” en las calles, de una localidad “vacía” y “desierta”. Este fin de semana, con 20 grados de temperatura y puente en la capital aragonesa por San Valero, los más de 15.000 aragoneses que tienen piso en la Costa Dorada tendrían una buena oportunidad de dar una vuelta por su segunda residencia y, de paso, disfrutar de la playa y el sol.

Después de tres meses sin la posibilidad legal de pasar la frontera, hay propietarios preocupados. Quien puede, recurre a familiares que viven allí, a vecinos o a los administradores de fincas para que de vez en cuando revisen el estado de la vivienda. La sombra de los robos y la okupación siempre está ahí, aunque las autoridades aseguran que se trata de casos puntuales.

Pablo Arévalo, administrador de la empresa CAC Salou, lleva 80 comunidades de propietarios entre esta localidad y Cambrils, en las que “el 80% de los dueños son aragoneses”. Entre ellos detecta “mucha incertidumbre y preocupación”. “Un año normal, en realidad algunos no se acercaban por aquí entre el verano y Semana Santa, pero ahora les preocupa el hecho de no poder venir si pasa algo”. 

En las comunidades que gestiona apenas se han registrado casos de okupación. En otras zonas no pueden decir lo mismo: “Hay administradores que están teniendo problemas, especialmente en pisos de personas extranjeras o que son propiedad de bancos. Los okupas saben dónde meterse”, apunta Arévalo.

Luis Usarralde, jefe de ventas de Universal Holiday.
Luis Usarralde, jefe de ventas de Universal Holiday.
Tjerek Van Der Meulen

Luis Usurralde es el jefe de ventas de Universal Holiday, una empresa de alquiler turístico que gestiona 300 alojamientos desde Torredembarra hasta Hospitalet de L’Infant. Muchos propietarios aragoneses ceden sus pisos para que ellos los pongan en alquiler. “Con el cierre perimetral, nos hemos encargado de cerrar la luz y el agua de las viviendas, de abrir la puerta al revisor de la caldera o, simplemente, de dar una vuelta a ver cómo está todo”, apunta. Según afirma, todos los días reciben llamadas de clientes que les trasladan su “preocupación”, en ocasiones porque “han oído que se ha okupado un piso” cerca.

Quien puede, recurre a un familiar para que se dé una vuelta por su segunda residencia, suba las persianas, compruebe que todo está en orden… Es el caso de Estrella Lainez, zaragozana residente en esta localidad y propietaria desde 1985 de una floristería en el ‘cogollo’ del Salou de toda la vida. Una vez a la semana, ella, su marido (de Tarazona) o sus hijos pasan por los pisos que tres familiares tienen en la playa. “Claro que tienen temor, y eso que pusieron buenas puertas y cerraduras”, afirma. “Hay zonas en las que en todo un bloque solo viven uno o dos vecinos, por lo que si entra alguien, te enteras cuando ya se han instalado”, apunta.

Estrella Láinez, florista zaragozana en Salou.
Estrella Láinez, florista zaragozana en Salou.
Tjerek Van Der Meulen

Su floristería aguanta gracias a su fiel clientela de vecinos de la localidad, pero otros no han corrido la misma suerte. En una localidad tan dependiente del turismo, la hostelería y el comercio de Salou están sufriendo especialmente. Es el caso de Casa Soler, uno de los restaurantes con más nombre de la zona. Lo fundaron dos aragoneses del desaparecido pueblo de Tiermas, y su director es Paco Pérez. “En febrero vamos a cerrar, porque no tiene sentido seguir abiertos. Hay días que no tenemos ningún cliente”, lamenta.

En Cataluña, los bares y restaurantes solo pueden abrir de 7.30 a 9.30 y de 13.00 y 15.30. En un lugar como Casa Soler, de servicios largos y comidas reposadas, “si alguien viene más tarde de las 14.00, ya no le puedes dar”. El año pasado lo cerraron con “un 60% menos de volumen de negocio”, y ahora ven el futuro “con mucha incertidumbre” porque “no se ve la luz”. De momento cierran sin fecha prevista de apertura.

Paco Pérez, director del Casa Soler, entre Cambrils y Salou.
Paco Pérez, director del Casa Soler, entre Cambrils y Salou.
Tjerek Van Der Meulen

Óscar Sánchez es otro veterano aragonés en Salou. Llegó desde Los Fayos a los 12 años y ahora su negocio de cáterin lleva el nombre de su pueblo. Además, gestiona los bares del pabellón y del Ayuntamiento. “Esto está muerto, es inaguantable. Muchos bares han cerrado y es normal, porque la gente no se habitúa a los horarios”, señala. En sus locales “a las 9.20 hay que empezar a echar a la gente, porque a las 9.30 tiene que estar cerrado”, lo que al final “crea más aglomeraciones en la puerta que si nos dejaran seguir abiertos”.

Óscar Sánchez, de Los Fayos, con su decoración zaragocista en el bar del pabellón de Salou, que él gestiona.
Óscar Sánchez, de Los Fayos, con su decoración zaragocista en el bar del pabellón de Salou, que él gestiona.
Tjerek Van Der Meulen

Una amplia colonia aragonesa

En Salou no son pocos los aragoneses que, como Estrella u Óscar, dejaron su tierra en busca del sol… o de un trabajo. La Asociación Cultural Aragonesa hace una importante labor para intentar mantener los vínculos entre la colonia aragonesa de la localidad. El año pasado tenían que haber celebrado su 25 aniversario, pero la pandemia lo aplazó -como todo- “para cuando se pueda”, como señala José Antonio Ibáñez, su presidente.

Son 60 familias que se juntaban para comer, cenar o ver los partidos del Real Zaragoza, y que celebraban las fiestas como San Valero, San Jorge o el Pilar. Para el día del patrón de Zaragoza todos los años había una misa aragonesa, un pasacalles, un festival de folclore en la sede y una comida con roscón de postre, por supuesto. Ayer no hubo nada. “Desde que empezó la pandemia todo se ha suprimido y esto está cerrado; vamos muy justitos, ya que seguimos pagando el alquiler y la luz, pero tenemos menos ingresos”, apunta Ibáñez.

José Antonio Ibáñez, presidente de la Asociación Cultural Aragonesa de Salou, en la sede.
José Antonio Ibáñez, presidente de la Asociación Cultural Aragonesa de Salou, en la sede.
Tjerek Van Der Meulen

Este zaragozano, vecino de Salou desde hace 33 años, ve la ciudad “desierta”, con un ambiente “un poco de miedo y otro de precaución”. Aun en temporada baja, los fines de semana y los puentes “se llenaban de gente de Lérida, de Aragón o de Navarra y abría casi todo”. Ahora, dar una vuelta por el paseo marítimo es ver la playa a un lado y un mar de persianas bajadas al otro. Tras la tregua de Navidad, estos aragoneses no saben cuándo podrán volver a visitar su tierra. “Tengo una nieta de un año y medio, Elsa, y me estoy perdiendo su infancia. Eso sí que se lleva mal”, lamenta José Antonio.

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