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Heraldo del Campo

temporal de nieve

La solidaridad se sube (de nuevo) al tractor

Los agricultores han vuelto a sacar sus tractores a las calles y las carreteras, en esta ocasión para retirar la abundante nieve que dejó Filomena.

Desde que se declarara la pandemia, el sector agroalimentario ha demostrado no solo su carácter esencial sino también su cara más solidaria. Los epis que se utilizan en sus industrias fueron de gran ayuda para los sanitarios cuando conseguir estos equipos era prácticamente imposible. Sus tractores sirvieron para desinfectar las calles y mobiliario urbano y dar tranquilidad a los vecinos de sus pueblos cuando fue obligatorio encerrarse en casa. Sus producciones llegaron de forma gratuita durante el confinamiento a las cocinas de las residencias, a los hospitales o a los centros de dependientes. Y sirvieron de acicate para el consumo en bares y restaurantes que atraviesan una complicada situación debido a las medidas restrictivas impuestas para frenar el virus.

Y ahora, nada más estrenar el 2021, el sector agrario ha vuelto a dar muestra de que es esencial y solidario en el medio rural, especialmente cuando la nieve hace imposible el acceso a los pueblos.

Desde el mismo momento en el que Filomena comenzó a avanzar el pasado 8 de enero por Aragón, dejando estampas siberianas en la provincia de Teruel, los tractores y sus palas se convirtieron en máquinas quitanieves y se equipaban con las herramientas propias de la labor agraria para esparcir la sal por las calles y evitar los riesgos que el hielo supone para la integridad física de las personas.

Tanto en los pequeños municipios de Teruel, como en las acostumbradas localidades de la alta montaña oscense, pasando por los sorprendidos pueblos del valle zaragozano, poco acostumbrados a ver sus calles con tan abundante manto blanco, los agricultores y ganaderos formaron un ejército de voluntarios para hacer retroceder la nieve que ha hecho que sean muchas las voces que les denominan ya como "la UME del medio rural".

Lo han hecho con naturalidad, sobre todo aquellos que tienen sus tierras y sus ganados cerca de la montaña y están acostumbrados a ‘rescatar’ a sus vecinos cuando la nieve no da tregua. Lo han hecho organizadamente, sin necesidad de que nadie les indicara cómo, cuándo y dónde tenían que actuar. Lo han hecho desinteresadamente, e incluso poniendo de su bolsillo el coste del carburante que consumen sus máquinas en dicha labor. Y lo han hecho no solo para limpiar los accesos a sus campos o a sus granjas, sino también abriendo paso en las carreteras, limpiando las calles de los municipios, abriendo brecha hasta alguna que otra fábrica o ayudando a los camiones a salir del hoyo (de nieve) en el que se habían quedado atascados.

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