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Aragón

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Murero y el amor por San Mamés, el santo más joven y su patrón

Esta localidad zaragozana de apenas 130 habitantes reúne a 400 personas cada 17 de agosto para salir en procesión mientras se baila desde la iglesia hasta la ermita.

La procesión va desde la iglesia de Murero hasta la ermita de San Mamés, a un kilómetro
La procesión va desde la iglesia de Murero hasta la ermita de San Mamés, a un kilómetro
Heraldo.es

En Murero, el amor por San Mamés se inculca de generación en generación. Esta localidad zaragozana, de apenas 130 habitantes censados, es la única de Aragón que honra a este santo. Aunque sus vecinos lo tienen presente a cada momento, el día grande es el 17 de agosto, cuando rigurosamente todos los años se celebra la procesión hasta la ermita.

El templo es de los más grandes de España en honor a San Mamés pero aun así, ese día, no todos los que asisten a la ceremonia religiosa caben dentro de la ermita. La devoción por este santo atrae hasta la localidad a casi 400 personas. Algunas viven en el pueblo, otras descienden de él y no faltan nunca a esta cita, y también hay quienes se desplazan hasta allí desde lejos por su adoración a San Mamés.

Aunque el origen exacto de la procesión, a la que le acompaña un baile muy característico, no está claro del todo, los datos más antiguos de la existencia de la cofradía de San Mamés de Murero son del año 1540. Pero sería más tarde, en torno a 1660 cuando, según cuenta la tradición oral, el mismo San Mamés se le apareció al párroco de entonces encarnado en un misterioso niño. El joven, dice la leyenda, le animó a alentar al pueblo para construir una gran ermita, digna del patrón.

Desde entonces, hace ya 360 años, el día grande de las fiestas patronales, la imagen de San Mamés se porta desde la iglesia de la Asunción hasta su ermita, a algo más de un kilómetro del pueblo. No importa el calor de un 17 de agosto, no importa la resaca tras una noche de fiesta y tampoco importa la edad o el sexo. Hombres y mujeres de todas las generaciones salen en procesión mientras bailan de cara al santo. La imagen es digna de presenciar ya que para mirar a San Mamés durante el dance, hay que avanzar de espaldas al sentido de la marcha.

El baile del bolero de San Mamés se hace de cara al santo.
El baile del bolero de San Mamés se hace de cara al santo.
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Se cree que antiguamente se acompañaba al baile de castañuelas aunque de aquello solo ha quedado la posición de los brazos en alto. El sonido lo pone la charanga, que toca el bolero de San Mamés al ritmo del que los danzantes bailan. Éstos se van incorporando y saliendo del baile de forma espontánea y son frecuentes los aplausos y las lágrimas de los más devotos.

La mayoría participan en el baile de principio a fin de la procesión. Cada uno tiene sus motivos, desde la pura devoción o la tradición familiar hasta el agradecimiento. “Algunas mujeres van descalzas para pedirle algo o para agradecer una promesa cumplida”, explica María Jesús Morata. Aunque nació en Zaragoza y no vive en el pueblo, su familia sí y está muy implicada en sus tradiciones. Es concejal del Ayuntamiento y presidenta de la Asociación Cultural. En lo personal, procura que sus hijos crezcan sintiendo el amor y la devoción por San Mamés con la que ella se ha criado.

Los bebés se colocan en la peana de San Mamés durante la procesión, para ser bendecidos
Los bebés se colocan en la peana de San Mamés durante la procesión, para ser bendecidos
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No hay bebé en Murero que no pase por la peana de San Mamés

Desde recién nacidos hasta niños de unos tres años, en Murero no hay bebé que no pase por la peana de San Mamés para tener su bendición. Tampoco falta la foto de rigor del pequeño o pequeña, a veces incluso con días de vida, colocado junto al santo.

Esta tradición forma parte de la procesión y se suele realizar en el camino de vuelta hacia el pueblo, casi llegando ya a las primeras casas para mayores facilidades, especialmente para las familias con recién nacidos. “En ocasiones, han llegado a pasar hasta 50 niños”, asegura María Jesús.

Tras el episodio de las fotos en las peanas, que suele demorarse un buen rato, la procesión finaliza de nuevo en la iglesia de la Asunción. Conforme las imágenes de los santos (a San Mamés lo acompañan la Virgen del Rosario y San Gregorio) se acercan a la puerta del templo, el ritmo del bolero se acelera más y más para finalizar con un gran aplauso del pueblo mientras la peana del santo entra en la iglesia. “Es un momento muy emocionante”, asegura María Jesús, reconociendo que la piel se le pone de gallina solo de recordarlo.

Un momento que este año, por primera vez en la historia, no se ha podido vivir a causa de la pandemia. “Nunca en estos 360 años, ni siquiera durante la Guerra Civil, se había dejado de hacer la procesión”, explica. Incluso la meteorología ha respetado en todo este tiempo a San Mamés, cuya imagen no se podría sacar a la calle si lloviera porque se dañaría. “Ha habido años que justo después de meter la peana en la iglesia ha caído la típica tormenta de verano”, recuerda María Jesús. Pero, gracias a San Mamés, dicen los más devotos, nunca ha sido ni antes ni durante la procesión.

La procesión va desde la iglesia de Murero hasta la ermita de San Mamés, a un kilómetro.
La procesión va desde la iglesia de Murero hasta la ermita de San Mamés, a un kilómetro.
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La cofradía de San Mamés, 480 años de historia

Salvando este imprevisto del pasado mes de agosto, la cofradía de San Mamés de Murero lleva 480 años manteniendo la devoción por su patrón en el pueblo. En sus comienzos, solo los hombres podían formar parte de ella pero los tiempos han cambiado, y ahora muchas mujeres son cofrades. Actualmente, unas 300 personas forman parte de ella, contribuyendo no solo con sus acciones, sino también con sus aportaciones económicas, a mantener vivas las fiestas en honor a San Mamés.

Una aportación que, aunque siempre suele ser la misma y ya se intuye del año anterior, no se conoce hasta que no se hacen las cuentas, una vez celebrados los actos. “Y nadie se va sin pagar”, asegura María Jesús, como prueba de que en Murero, la devoción por San Mamés está por encima de todo.

Dentro de la cofradía, cada año hay dos personas con la categoría de priores. Se eligen por antigüedad como cofrades y son quienes encabezan la procesión, vistiendo con una banda que les identifica. Se ocupan además de organizar la fiesta religiosa y de buscar a las personas encargadas de cargar con las imágenes de los santos.

“No importa la noche que hayan llevado, si tienen resaca o incluso si no han dormido. Hasta los más jóvenes cumplen con San Mamés en su día”, comenta María Jesús. Y es que aunque la procesión es el acto central de las fiestas populares, junto a los religiosos, el programa también cuenta con actos profanos, organizados por la comisión.

Un ejemplo, el de Murero, de que tradición y ocio pueden ir de la mano cuando la devoción por el patrón no entiende de edad, ni siquiera de religión. Para los mureranos, San Mamés es San Mamés.

 

 

 

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