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Folclore aragonés

En Trasmoz, las brujas no solo están en los cuentos

Es el único pueblo de España que sigue estando excomulgado por la Iglesia por su relación con la brujería en la Edad Media. Cada año, una feria rememora la maldición.

Carmen París, Bruja de Honor, participó en los numerosos actos organizados en Trasmoz.
Carmen París fue Bruja de Honor en una edición pasada de la feria de Trasmoz. 
N. Bermejo

Excomulgado por la Iglesia en el siglo XIII por sus aquelarres y otros actos paganos, Trasmoz es el único pueblo de España que sigue manteniendo esta condición. Que la situación cambie depende del Papa pero, lejos de estar preocupados por ello, en esta localidad del Moncayo se enorgullecen de su pasado de brujería.

Prueba de ello es, entre otras manifestaciones, la escultura levantada en honor a la Tía Casca, la última bruja asesinada en Trasmoz según cuenta la tradición oral.

De este pasado misterioso, a caballo entre la leyenda y la realidad, Trasmoz ha sabido sacar partido, manteniendo viva su historia y haciendo de su relación con la brujería un atractivo turístico.

El máximo exponente de este reclamo es la Feria de la Brujería y las Plantas Medicinales, un evento que se celebra desde hace 20 años el primer sábado de julio. Aunque para maldición la de este 2020, en el que ni las brujas han podido con el coronavirus y la vigésima edición de la cita no se pudo celebrar.

Representaciones, magia y mercado

La representación de la maldición de Trasmoz, con la persecución y captura de las brujas para su posterior juicio y aquelarre, es el acto central de la feria. La historia escenificada cambia cada año, pero siempre está relacionada con los episodios del pasado que llevaron a la localidad a ser excomulgada.

La feria ha ido ganando popularidad con los años. Tanto es así que en 2017 el evento fue declarado Fiesta de Interés Turístico de Aragón. Su atractivo lo avala además el volumen de personas que participa, llegando a los alrededor de 6.000 visitantes en las ediciones más recientes.

El programa de actos lo completan actuaciones de magia, exhibiciones de cetrería, recreaciones de combates de espadas y otras propuestas que consiguen que Trasmoz regrese al siglo XVI durante un día.

Todas estas propuestas se organizan al aire libre, aprovechando el tiempo veraniego del mes de julio. A llenar de ambiente las calles contribuye el mercado esotérico, compuesto por decenas de puestos repartidos por las empinadas calles del municipio.

El inquisidor ordena la captura de las brujas ante la atenta mirada del público.
El inquisidor ordena la captura de las brujas ante la atenta mirada del público, en una de las ediciones de la feria de Trasmoz .
NORA BERMEJO

Que nadie se asuste si al pasear por el pueblo ese día se cruza con personajes raros, como el yerbero de Trasmoz. De hecho, quien lo vea estará de suerte porque solo aparece el día de la feria para obsequiar con un ramo de plantas aromáticas a las brujas.

Ellas son, sin duda, las protagonistas indiscutibles de la fiesta, aunque dos en concreto tienen un papel más destacado durante la feria. Se trata de la bruja del año y la bruja de honor, dos reconocimientos que se entregan anualmente a sendas mujeres.

La bruja del año suele ser una vecina de Trasmoz o una persona cuyas raíces están en el pueblo. Recae sobre una mujer que además se involucra con la celebración y las representaciones de la feria y para que a nadie le quepa duda, en la fachada de su casa, se cuelga una placa que dice que allí vive la bruja del año.

Durante el día de la feria, esta bruja del año es la encargada de la lectura del pregón desde el balcón de la plaza de España de Trasmoz que da por inaugurada la feria y sirve también como apertura del mercado.

Le acompaña siempre la bruja de honor, un título que recae cada año sobre mujeres con cierta fama, ajenas al pueblo pero relacionadas de alguna manera con él. Los títulos de las últimas ediciones han recaído sobre la compositora e intérprete aragonesa Carmen París, la cineasta y creadora del largometraje documental ‘Bécquer y las brujas’ Elena Cid, o la actriz y guionista Marisol Aznar.

Os Diaples d'a Uerba, encargados del cierre

Música, fuego y pirotecnia son los ingredientes de las actuaciones de Os Diaples d'a Uerba que, como ellos mismos se definen, es un grupo de “diablos, brujas y otras bestias”. Con esta carta de presentación, quién mejor iba a servir como colofón final de la feria de la brujería de Trasmoz.

En su espectáculo, los diaples manejan artificios pirotécnicos de baja intensidad para llenar de chispas, color y diversión las calles de Trasmoz. Les acompañan las brujas, jugando con sus bestias, mientras los músicos ponen el ritmo tocando en directo.

La actuación es el cierre de una jornada que empieza a medio día, con el desfile de las brujas de honor y del año, acompañadas por el resto de compañeras y del ya citado yerbero. Desde la entrada del pueblo y ataviados con atuendos medievales, la comitiva, escoltada por caballeros y personajes raros, camina hasta la plaza de España para, con los discursos desde el balcón, dar por inaugurada la feria.

A lo largo del día se suceden las actividades para todos los públicos. Desde paseos en pony y cuentacuentos para niños, hasta pasacalles, combates medievales dentro del castillo o espectáculos de magia. Después de un día ajetreado, las conocidas como migas infernales, con su huevo frito y regadas con vino, cerveza o refrescos, llegan para reponer los cuerpos y prepararlos para el gran aquelarre de la noche.

La plaza de España es cada año, casi al llegar la medianoche, escenario de la recreación histórica de la maldición de Trasmoz. Acto seguido, el espectáculo pirotécnico da por clausurada la feria.

De la organización del evento se ocupa el Ayuntamiento de Trasmoz, que cuenta con la colaboración de la asociación El Embrujo y de la Fundación Castillo de Trasmoz.

 

 

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