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"Herniado te lo doy, sano te lo devuelvo", el rito sanador que solo sobrevive en Lobera de Onsella

Es el único municipio español donde se conserva esta tradición que consiste en atravesar el tronco de un árbol milenario para recuperarse de una hernia.

El rito del herniado en Lobera de Onsella, en 1926 y una recreación de 2016.
El rito del herniado en Lobera de Onsella, en 1926 y una recreación de 2016.
Lobera de Onsella

"Tómalo Juan, dámelo Pedro; herniado te lo doy, sano te lo devuelvo". Son las palabras que, repetidas tres veces, forman parte del milagro sanador del rito del herniado, una tradición que antes de practicaba en toda España y que hoy solo se conserva en la localidad cincovillesa de Lobera de Onsella.

Desde tiempos inmemorables, en la noche de San Juan, personas no solo de Aragón sino en buena parte de Francia, llegaban al bosque de La Mosquera para tratar de curar su dolencia. Se trataba, a menudo, de personas mayores que padecían una hernia y acudían a Lobera alentados por la fama sanadora de su ritual.

En la noche señalada, los herniados asistían a una misa previa en la ermita de San Juan desde donde se iba en procesión, alumbrando el camino con faroles, hasta el paraje de La Mosquera. Una vez allí, se abrían por la mitad tantos árboles como personas iban a participar en el ritual. Desnudos y, si eran adultos, tapados con una sábana por pudor, debían pasar hasta tres veces de manos de Juan a manos de Pedro. Los oficiantes se colocaban cada uno a un lado del árbol y pronunciaban las palabras mágicas durante el proceso.

“El rito se ha quedado como un símbolo y se pasa a los bebés nacidos cada año en el pueblo”

Después, el tronco de estos robles milenarios se reconstruía, sellándolo con barro, por sus propiedades cicatrizantes, y dejándolo reposar esperando que se cerrara su herida. Según la tradición, los herniados que pasaran por árboles que sanaran, también sanarían. Si así fuera, deberían regresar un año después en señal de agradecimiento. Si, por el contrario, no se producía el milagro, se tenían otras dos oportunidades, en las dos próximas noches de San Juan, para volver a participar en el ritual.

Una tradición adaptada

Actualmente, la tradición sigue viva y se ha recuperado basándose en una fotografía del año 1926. De ahí que ahora, en la noche de San Juan o el sábado siguiente a dicho día, los vecinos de Lobera se atavíen como en aquella época, basándose en la imagen recuperada de los años 20, y vayan en procesión desde la ermita hasta el bosque. Gracias a esta representación, desde hace tres años, el rito de los herniados de Lobera de Onsella está incluido en la guía de recreacionismo de la Diputación Provincial de Zaragoza (DPZ).

Un Juan y un Pedro, que habitualmente son personas voluntarias que se llaman realmente así, hacen los honores junto al tronco por el que ya no pasan apenas personas mayores, sino niños. “El rito se ha quedado como un símbolo y se pasa a los bebés nacidos cada año en el pueblo”, explica Francho Chabier Mayayo, alcalde de Lobera de Onsella.

El rito actual en Lobera de Onsella, con un niño del pueblo
El rito actual en Lobera de Onsella, con un niño del pueblo
Lobera de Onsella

En los últimos años, entre cinco y seis niños han participado en el rito que para la localidad es ya casi la presentación oficial de los recién nacidos. Uno de ellos, fue, a principios de los 70, el propio Mayayo quien, con apenas unos años de vida, fue pasado entre el tronco sanador de forma simbólica. “Yo no tenía ninguna dolencia pero era el único niño de aquellos tiempos y convencieron a mi madre para que participara y poder reactivar la tradición”, explica el actual alcalde.

Este episodio fue parte de los comienzos de la recuperación del rito, que se había perdido a mediados de los 50 por la venta de árboles que dejó desierto el bosque mágico de La Mosquera.

“Yo no tenía ninguna dolencia pero era el único niño de aquellos tiempos y convencieron a mi madre para que participara y poder reactivar la tradición"

Pese a ello, la tradición se recordaba en Lobera y algunos seguían dando fe de que el milagro se producía. “Un sargento de la Guardia Civil practicó de forma puntual el ritual con su hijo, que tenía una hernia, y se curó”, narra Mayayo.

A raíz de aquello y con la ayuda de varios documentalistas, como Julio Caro Baroja y, posteriormente, ya en 2004, Eugenio Monesma, el rito se ha ido documentando y recuperando.

La inquietud vecinal por resucitar esta tradición también ha estado latente en las últimas décadas, canalizando estos esfuerzos a través de la Asociación Cultural Sesayo, impulsora junto con el Ayuntamiento y los vecinos de la recuperación del rito de los herniados.

De la mano de la ceremonia ha ido, además, la recuperación del bosque de La Mosquera, el paraje mágico donde se produce la curación. La zona está habilitada con merenderos y la celebración del rito de San Juan, con hogueras incluidas, se ha convertido en una de las fechas más señaladas del calendario festivo de Lobera de Onsella.

Una recreación que implica a todo el pueblo

Aunque durante los meses de invierno apenas viven en Lobera de Onsella 50 personas, el rito de los herniados y el resto de actividades que han surgido a su alrededor hacen que para San Juan la población se multiplique por veinte. “En los buenos tiempos, venían entre 800 y 1.000 personas, más que para las fiestas de agosto. En los últimos años ha descendido, pero se siguen reuniendo 600 personas”, explica Mayayo.

De la tradición antigua se mantiene el rito en sí, con el paso entre el árbol y la procesión desde la ermita, aunque a los herniados les han ganado terreno los bebés habitualmente sanos, de forma simbólica. Otra de las adaptaciones es la fecha, que varía en unos días según el año. Cuando la noche de San Juan cae entre semana, la celebración se traslada al sábado para favorecer la asistencia de más gente y convertir el ritual en un fin de semana festivo.

Así, las actuaciones musicales y la fiesta nocturna se han sumado a la ceremonia en la ermita y el bosque, combinando ocio y tradición. “La gente mayor está encantada de que lo hayamos recuperado”, asegura el alcalde. “Identifican la recuperación del ritual de San juan como algo propio, que se había perdido, y lo viven intensamente, porque ven cómo se mantiene gracias a la gente joven”, añade.

“La gente mayor está encantada de que lo hayamos recuperado”

Al tratarse de un acto multitudinario que congrega a un elevado número de personas, este año, por las circunstancias especiales, la celebración no se ha podido llevar a cabo con normalidad.

En esta ocasión, el rito nocturno se sustituyó por la plantación, el pasado 27 de junio, de varias carrascas en el mismo bosque de La Mosquera, con el vecino más longevo, de 90 años, y el más joven, de tan solo dos, como protagonistas. “Hemos querido plasmar en este acto el ciclo de la vida. Recordar a los que se han ido, pero aportar una luz de esperanza por los que han superado la enfermedad y por las nuevas generaciones que son el futuro de nuestro pueblo”, indica el primer edil, cuyo Ayuntamiento se ha querido sumar así los propuestas del Gobierno de Aragón para recordar a las víctimas de la pandemia.

Para terminar con el fin de semana mágico y atípico de este año, el domingo se ofreció una misa en la ermita de San Juan, en honor al santo, eso sí, con aforo reducido para cumplir con las normas sanitarias.

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