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Gastronomía

Bares y restaurantes

Nadie para comer en el asador O’Callejón de Belchite de Ayerbe por primera vez en 13 años

Casbas Romeo regenta este hotel-restaurante, el único abierto en el pueblo, reduciendo gastos de donde puede para mantenerse y superar este bache.

Hotel-asador O’Callejón de Belchite de Ayerbe.
Casbas Romero, en el Hotel-asador O’Callejón de Belchite de Ayerbe.
Heraldo

Hace 13 años que Casbas Romeo, natural de Ayerbe, decidió regresar a su pueblo para montar su propio negocio, el restaurante asador O’Callejón de Belchite. Tras licenciarse en Turismo en Huesca, Casbas se mudó a Andorra la Vella a trabajar y, poco después, pasó un año en Estado Unidos como au pair. Barcelona, Huesca y brevemente Ibiza fueron sus últimas paradas antes de asentarse de nuevo en la localidad oscense para dar vida a su proyecto más especial.

El negocio se asienta en un terreno donde antiguamente había unos almacenes propiedad de su padre. El espacio se reconvirtió para albergar primero el asador y, años después, ampliarlo con un hotel de seis habitaciones (cuatro dúplex y dos apartamentos de 45 metros). Este segundo proyecto, que complementa al restaurante, vio la luz en 2017 y, por suerte, poder ofrecer un servicio completo de restauración y alojamiento es lo que está salvando al O’Callejón de Belchite en esta dura etapa.

Y es que con la movilidad restringida, los potenciales clientes del negocio de Casbas se limitan a los vecinos de Ayerbe y del resto de municipios de la provincia, sin contar con los habitantes de Huesca capital, así como a trabajadores que están de paso. “El turismo es nulo, con todas las comunidades cerradas, Francia también y ni rastro de holandeses y belgas”, lamenta.

Al menos, el balance del verano ha sido más positivo de lo esperado, gracias a que el turismo de montaña y hacia lugares despoblados en busca de aire libre ha triunfado este año. Octubre, con un puente del Pilar de bastante afluencia, añade Casbas, “también ha sido un buen mes”.

En cualquier caso, el importante descenso en la actividad del negocio queda evidenciado en una realidad: en veranos anteriores, la época de más trabajo, la plantilla del hotel-asador ha llegado a ser de hasta 8 personas, frente a las tres que se han hecho cargo de todo este año.

Recortar costes hasta el último céntimo

Junto a la diversificación del negocio, que ofrece alojamiento y restauración a base de menús del día, con la carne a la brasa como especialidad, a Casbas le están saliendo las cuentas gracias a un exhaustivo control de gastos. Desde la cantidad de servilletas de papel o bolsas de basura que encarga hasta el tipo de platos que ofrece en sus menús. Todo en el restaurante ha tenido que ser adaptado a la nueva situación para buscar la mayor rentabilidad.

“Antes ofrecíamos cinco opciones de primero y cinco de segundo, con dos guisos y tres carnes a la brasa, por ejemplo. Ahora, damos cuatro opciones y ninguna es un guiso”, explica Casbas sobre los menús que preparan a diario.

Asador-hotel Belchite de Ayerbe.
Asador-hotel O'Callejón de Belchite de Ayerbe.
Heraldo

Su pareja es cocinero y se encarga de elaborar estos platos, ahora con alimentos menos perecederos y pensando en una demanda que se ha reducido al mínimo. “Si se prepara un guiso, tiene que ser en una cantidad considerable y, si sobra porque no tenemos clientes, se tiene que tirar”, comenta Casbas.

Y eso que lo de no tener clientes es algo totalmente nuevo para ella. “Recientemente, abrimos un sábado lluvioso y, por primera vez en trece años, no tuvimos a nadie para comer”, narra Casbas. Una situación lamentablemente recurrente si se tiene en cuenta que solo puede prestar servicio en las mesas de la terraza y que, en esta época del año, las condiciones meteorológicas no siempre acompañan.

Pese a ello, Casbas ha adaptado al máximo el espacio del que dispone para poder seguir recibiendo clientes. En todo caso, de las 65 plazas que habitualmente tiene en terraza, ahora cuenta con siete mesas y 21 sillas. Algunas están situadas en un callejón, con estufas en el techo para llevar mejor el frío. El resto se encuentran en un patio interior, con estufas eléctricas y algo más resguardadas.

En estas condiciones y con las 14 mesas interiores inservibles, el negocio se va manteniendo a base de cafés, cañas, refrescos y, por supuesto, comidas. Lo de las cenas se antoja complicado, teniendo que cerrar a las ocho de la tarde y solamente con las mesas exteriores, pero a mediodía se nutren de trabajadores de la zona.

En ausencia de turistas, éste es actualmente el tipo de cliente mayoritario, trabajadores que están eventualmente en la zona y que no solo comen en O’Callejón de Belchite, sino que también se alojan en el hotel donde, al tratarse de establecimiento hotelero, está permitido dar cenas en el interior hasta las diez de la noche.

La situación es muy distinta a la de un otoño-invierno habitual, cuando lo más frecuente es que los huéspedes del hotel sean parejas de fin de semana y, en menor medida, familias, más recurrentes en verano.

El daño psicológico, más allá del económico

Como buena emprendedora, Casbas ha puesto todo su esfuerzo e ilusión en seguir adelante con el proyecto que siempre quiso. Por este motivo, por estar en su tierra, rodeada de su gente y cumpliendo un sueño, bajar la persiana no entra en sus planes. “Tengo días malos pero voy a luchar con uñas y dientes hasta el final y no me planteo tirar la toalla”, dice con determinación.

Reconoce, al mismo tiempo, estar pasando por una etapa de desilusión y desmotivación, en buena medida debido a la desprotección que siente, como autónoma, por parte de la Administración Pública. “La lección que me llevo es que solo puedes contar contigo mismo y con tus propios recursos”, dice.

Tiene claro que lo importante ahora es mantenerse y cubrir gastos hasta que vengan tiempos mejores, lo que no deja de ser, por la incertidumbre de la situación, un quebradero de cabeza continuo. “Además de la parte económica, esta etapa supone un daño psicológico diario. Me despierto varias veces por la noche, me cuesta dormir… Parece una pesadilla pero te levantas por la mañana y es una realidad”, narra. Y es que, independientemente de los ingresos, ella sigue teniendo que hacer frente a una serie de gastos fijos mensuales, como hipoteca, seguros, luz e impuestos varios, para los que, lamenta, nadie está poniendo facilidades.

Mientras tanto, como la luchadora y soñadora nata que es, Casbas Romeo sigue pensando en posibles proyectos y alternativas futuras, al tiempo que, a media mañana, ya ha servido los cafés del desayuno y limpiado y preparado las habitaciones del hotel. Más tarde, se pondrá con las facturas y, si alguien se encuentra el establecimiento cerrado, con llamar al timbre de la casa contigua estará atendido ya que, por suerte, Casbas vive ahí.

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