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Nacional

Marchando un cortado para Gardfield

Una cafetería de Logroño ha colocado peluches en sus mesas para simular que el local está lleno de clientes, ahora que la pandemia ha obligado a echar el cierre temporal a todos los establecimientos hosteleros de la ciudad.

Los peluches "toman café" en Murrieta 34, en Logroño.
Los peluches "toman café" en Murrieta 34, en Logroño.
Heraldo.es

Si algo está demostrando la pandemia es que la imaginación no tiene límites, y que la creatividad y las ganas de seguir adelante muchas veces pueden más que cualquier obstáculo que la crisis sanitaria vaya poniendo en el camino.

Logroño cerró todos sus bares y restaurantes hace ya algunas semanas en un intento de doblegar la curva de contagios, que en la capital riojana y algunas de las localidades más importantes de la comunidad está casi fuera de control. Y si algo se hace raro en Logroño, como en cualquier otra ciudad española en realidad, es ver fuera de servicio los establecimientos que todos los días reúnen bajo su techo a miles de ciudadanos hambrientos y sedientos, tanto de la inabarcable oferta de productos que ofrecen como de la atmósfera relajada y casi de andar por casa que crean para sus clientes.

Y precisamente la falta de estos ha llevado al dueño de una céntrica cafetería de la capital riojana a llenar las mesas de su establecimiento con grandes peluches, en un intento de no ver tan vacío un local que no puede ofrecer apenas nada más que cafés para llevar y al que no acceden más que él y sus empleados.

Así que Peppa Pig, Gardfield, Pluto, algún teleñeco y toda una colección de achuchables animales de granja y osos mulliditos han tomado por asalto el establecimiento y ‘conversan’ amigablemente delante de sus respectivas tazas de café.

La iniciativa partió de David Miguel, el dueño de la cafetería Murrieta 34, que solo quería dar color a su bar y no ver las mesas tan tristemente vacías. Por ello, cogió cuatro de los peluches más grandes de su hijo y los sentó en las sillas de su establecimiento, a modo de clientes, aunque de aspecto peculiar. “A la gente le gustó y me han ido trayendo el resto”, explica en declaraciones al diario 'La Rioja'. Cuenta ya con una ‘clientela’ fija de veinte peluches y, lo que no es poca cosa, la aquiescencia de su hijo, que en un primer momento no vio con buenos ojos la idea de desprenderse de sus cuatro amigos y que ahora, según su padre, está encantado con la atención que reciben y la cantidad de colegas que han hecho en la cafetería. Aunque nadie sepa nunca de qué hablan mientras pasan la tarde en Murrieta 34.

El caso es que, a cuenta de la pandemia del coronavirus, los peluches ya han hecho de las suyas en otros establecimientos de todo el mundo. Hay cafeterías, veladores e incluso cines, en Francia, México y Japón, entre otros países, que los usan para mostrar a sus clientes la distancia social que deben guardar entre las mesas y asientos para evitar el contagio. Para muestra, algunos botones:

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