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La Colegiata de Borja y su bagaje artístico

Este magnífico museo, de carácter religioso, es el más impactante y variopinto de los tres que mantiene abiertos la localidad durante todo el año.

El discurso del borjano Alberto Aguilera, doctor en Historia por la Universidad de Zaragoza, es perfecto para conocer a fondo el Museo de la Colegiata de Borja, sito en el antiguo hospital Sancti Spiritus. Un palacio renacentista, renovado en 1560, que desde el traslado del hospital en 1868 a su actual sede en el antiguo Convento de los Capuchinos tuvo varios usos hasta que en 2003 lo restauró el Ayuntamiento; tras un convenio con el obispado de Tarazona se trasladaron las obras más significativas de la Colegiata a este museo. La titularidad de las obras sigue siendo de la Iglesia. “En la planta baja –explica Alberto– hay una sala de exposiciones temporales, y en el resto del espacio se cuenta con otras siete salas en las que se exhibe la colección permanente. La segunda sala, también en la planta baja, está dedicada a la música: destacan los cantorales y los libros de polifonía, amén de tres instrumentos: un cajón, un fagot y un contrabajo”.

El recorrido por las salas depara sorpresas notables, por variedad y calidad. Por ejemplo, un ‘ecce homo’ –nada que ver que ver con el del Santuario de la Misericordia– de la escuela andaluza o el ‘Cristo yacente’ en barro de Gregorio de Mesa, el mejor escultor aragonés de los siglos XVII y XVIII.

Con la iniciativa ‘Borja con los cinco sentidos’ se ofrecen audioguías, tablets de asistencia, libros en braille… todos estos recursos, desgraciadamente, están limitados ahora por seguridad. “En las salas cuarta y quinta –afirma Alberto– se exhibe lo más granado del museo: el antiguo retablo gótico de la Colegiata. Se contrató en 1470 por 11.000 sueldos jaqueses, un récord en Aragón para la época en este tipo de obra. Representa la historia de la Virgen María, con los evangelios apócrifos y los canónicos como bases. Se conservan 15 tablas, incluida la central. Llama la atención la recreación del nacimiento de la Virgen, con Santa Ana comiendo un huevo después de parir. También la Virgen en majestad, con el niño y varias santas alrededor, o la tabla de la epifanía sin el rey negro; no salía porque en esta época se centran más en las tres fases del hombre, Melchor el anciano, Gaspar el maduro y Baltasar el imberbe. Todas las tablas fueron restauradas por la DPZ, pero también hay un excelente repintado del XVI”.

Entre sala y sala también hay joyas, como el mapa de Aragón del cartógrafo luso Labaña, el único ejemplar identificado de la edición realizada en 1697. En la segunda planta hay retratos de dos prelados borjanos: el obispo dominico fray Juan López de Caparroso (que donó a la Colegiata una colección de reliquias procedentes de las catacumbas romanas) y el cardenal-arzobispo de Granada don Vicente Casanova y Marzo. Además, puede admirarse la colección de libros de derecho de la biblioteca, con varios incunables, muchos de ellos llegados de una donación en el XVII. “Hay una sala dedicada a la mujer, con pinturas de varias mártires como Santa Justa, Santa Rufina o Santa Margarita; en cada una aparece la santa y la escena de su martirio en una esquina, a tamaño reducido”.

La sala de ornamentos de la Colegiata, con selección de orfebrería, cierra la muestra; hay custodias y obras procedentes de conventos desamortizados, entre las que destaca una ‘Divina Pastora’ del convento de los Capuchinos.

Museofilia, una pasión muy borjana

Un poco de historia y de clausura franciscana, pared con pared

El Museo Arqueológico de Borja ocupa la antigua iglesia de San Miguel, pegada al convento de clausura de las monjas clarisas, que tiene igualmente su espacio museístico. “Este museo –explica Alberto Aguilera, en referencia al Arqueológico– ocupa un edificio de origen románico, del siglo XII, con techumbre mudéjar del XIV y ampliaciones con las capillas el XV y XVI; de principios del XVII es la hermosa la celosía que tiene justo detrás el convento de santa Clara. En 2008, tras la restauración municipal, se abrió el Museo Arqueológico con piezas del Centro de Estudios Borjanos, que recorre todos los yacimientos del valle del Huecha”.

Variedad y gusto

El recorrido es cronológico, desde el Paleolítico hasta el siglo XVI. Las piezas de gran tamaño no caben en las capillas, y figuran en el centro. Los nervios de las bóvedas de crucería son góticos, y asombran las cabezas de dragón echando fuego en las embocaduras. Hay desde balas romanas a cerámica celtibérica, pesas de telar, monedas de Bursau, dados y fichas… de la época romana destaca un anillo que representa a Ganímedes, el copero de los dioses, y una cerámica con crismón.

Clausura con sorpresas

El Museo de Santa Clara se inauguró en 2013. “Las monjas–explica Alberto– me llamaron porque toco el órgano de tubos, para que enseñase a la organista algunas piezas para la misa. En 2006 se acababa de restaurar la iglesia y querían identificar la autoría de un lienzo, y fuimos investigando; apareció el archivo tras un armario, amén de piezas de plata, y luego estancias nuevas en los tejados, que habían sido tabicadas. Al final había obra suficiente para un museo, que se abre con esculturas de Santa Clara con su custodia y San Francisco con sus estigmas.

El lienzo de la crucifixión de Cristo que exhibe este museo es único. “Muestra cosas prohibidas por el Concilio de Trento –explica Alberto– y personalmente no he visto otro así. Para empezar, se combinan dos tipos de cruz, la arbórea y la braquial. Subyace un mensaje: si por un árbol fue condenado el hombre, por otro fue salvado. Hay quien asocia el Gólgota a la figura de Adán, igual que se bautiza a María como la nueva Eva. Otra simbología del lienzo habla de la Iglesia que surge del agua del bautismo y de la sangre del costado de Cristo; también se escenifica la muerte de la ley vieja, con el símbolo de la traición del pueblo judío representado por el escorpión, la ruptura del limbo que evoca la posibilidad de la salvación y el demonio encadenado; la cruz se levanta sobre la muerte y un último brazo abre la puerta del cielo, con varias citas bíblicas esparcidas por la obra”.

Entre las joyas del museo destaca la obra poética de sor Mariana ‘Vida de la seráfica madre Santa Clara’ y, sobre todo, un tríptico italiano del siglo XVI que perteneció a Pío XV, San Pío. Su autoría no está clara. También hay crónicas históricas de la orden en vitrinas. grabados franceses del siglo XVIII libros musicales de gran valor histórico, sobre todo el misal de Santos, amén de una Santa Rita de Bayeu, una donación.

Otros espacios de expresión artística con diversos discursos y fines

El arte en Borja no se limita a los tres museos glosados; hay más espacios consagrados a divulgarlo y generarlo. El Faro del Arte, por ejemplo, un estudio de arte gráfico, cerámica y serigrafía en la calle Coloma. El Torreón de los Borja, en la plaza del Mercado, es otra maravilla que suele acoger muestras; está junto al restaurante La Bóveda del Mercado, el templo culinario local, con el Gabás como otro notable exponente, cada uno con su discurso propio. La sala de exposiciones Baltasar González –no es estrictamente un museo, y actualmente no tiene nada expuesto– es otro magnífico espacio, y naturalmente no se puede olvidar todo lo generado para Borja desde el Santuario de la Misericordia, sede del famosísimo ‘Ecce Homo’ modificado por Cecilia Giménez en 2012, que se convirtiera en un fenómeno mundial desde que HERALDO se hiciera eco de su existencia. Han pasado por allá 250.000 visitantes.

Cómo llegar a Borja y curiosidades

Comarca. Campo de Borja.

Cómo llegar. Desde Zaragoza, su capital de provincia, hay 65 kilómetros por la AP-68 hasta la salida de Gallur (o la N-232) y desvío a la N-122 hasta Borja.

Alojamientos en el municipio. El Hotel Ciudad de Borja, a las afueras, es una selección muy demandada por los visitantes de la ciudad. Los apartamentos La Fonda 1-2-B y la Pensión Peñas de Herrera son otras dos posibilidades, junto con el Ecocamping Santuario de la Misericordia.

El vino. La Denominación de Origen Campo de Borja, con la uva garnacha como enseña tiene aquí su centro neurálgico; la marca vinícola por excelencia es Borsao, aunque no hay que olvidar dentro del término municipal a Alto Moncayo, la Cooperativa y a Bodegas Morca, la última referencia en aparecer.

Centro de Estudios Borjanos. Con Manuel Gracia al frente y vinculado a la Institución Fernando El Católico, es un motor de divulgación de la cultura borjana desde hace más de medio siglo.

Reportaje de la serie ‘Aragón es extraordinario’.

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