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Cartas de recuerdo

"El coronavirus entró sigilosamente en nuestras vidas sin poder imaginarlo"

HERALDO publica doce cartas manuscritas de otros tantos aragoneses que perdieron a sus seres queridos o que han trabajado de forma directa con aquellos que nos dejaron para siempre. Fredi Rodríguez, vicario parroquial de Épila, ayudó a los ancianos de la residencia de esta localidad, donde contrajo el virus. 

Fredi Rodríguez cuenta su experiencia en la residencia de Épila
Fredi Rodríguez cuenta su experiencia en la residencia de Épila
Heraldo

En solidaridad con los afectados de esta pandemia, comparto este testimonio de mi experiencia como paciente covid, esperando que sirva de luz y de esperanza a las familias sumidas en la incertidumbre y el dolor; y de recuerdo perenne de aquellos que lucharon pero que han perdido esta batalla y se han ido sin apenas poderlos despedir.

Como párroco de Rueda de Jalón y vicario parroquial de Épila, a mis 37 años, el confinamiento me tomó por sorpresa en una residencia de mayores. Es decir, en medio de una población bastante vulnerable. En principio, no imaginábamos que nos pudiera afectar, pero nada más lejos de la realidad: el día llegó y el virus se introdujo sigilosamente en nuestras vidas y tras el primer positivo se encendieron las alarmas. Frente a esta situación me ofrecí para ayudar y acompañar a los ancianos y sus familias poniéndolos en contacto, a través de videollamadas, siendo testigo de momentos muy emotivos.

En este contexto contraje el virus, el Señor me llamó no solo a estar del lado de los que sufrían en ese momento, sino a vivir en carne propia la dureza de la enfermedad. Ingresé al Hospital Clínico el 28 de marzo. Tras realizar las pruebas dí positivo en covid-19 con una infección muy avanzada en los pulmones que hizo que los médicos tomaran decisiones urgentes. Fueron varios días en estado de coma inducido, periodo en el cual se me practicó una intubación y después, una traqueostomía. 

Al despertar me encontré rodeado de un excelente equipo de sanitarios, grandes profesionales, personas que arriesgan su vida para dar vida y a quienes admiro, respeto y debo eterna gratitud, porque gracias a su vocación, conocimientos, cercanía y entrega se lleva mejor la enfermedad. Soy un enamorado de la vida y eso me impulsó a luchar; la fe y la confianza en Dios fueron mi fortaleza. Después de más de un mes en la uci y otros días en planta, el 10 de mayo recibí el alta médica. Desde mi condición de sacerdote oro por todos los difuntos de esta pandemia, por sus familias, trabajadores de las residencias, sanitarios y en general para que nos proteja a todos de esta enfermedad. Gracias infinitas a todos.

>> LEE EL RESTO DE LAS CARTAS EN EL ESPECIAL DE HERALDO.

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