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Especiales

Homenaje a las víctimas aragonesas del coronavirus

Doce cartas escritas desde el corazón recuerdan a fallecidos con covid-19 en Aragón

El pasado miércoles España y todo Aragón iniciaron diez días de luto en homenaje a todas las víctimas del coronavirus. Desde entonces, instituciones, centros públicos y privados y los propios ciudadanos han rendido diferentes tributos en su memoria. HERALDO DE ARAGÓN se ha unido desde el primer día a dicho recuerdo con el crespón que preside la primera página y la página web. Este domingo, además, el diario se suma de manera especial a dicho homenaje con la publicación de un conjunto de informaciones y de doce cartas manuscritas de otros tantos aragoneses que perdieron a sus seres queridos o que han trabajado de forma directa con aquellos que nos dejaron para siempre. 

EL CORONAVIRUS SE LLEVA 863 VIDAS EN ARAGÓN.
TODO EMPEZÓ UN 6 DE MARZO...

Cerca de tres meses han pasado desde que a principios de marzo se notificara el primer fallecimiento a consecuencia de la covid-19 en la comunidad aragonesa. Desde entonces, un total de 863 personas han perdido la vida y 5.731 han dado positivo en este virus. Guillermo Aranda, un vecino de Sierra de Luna de 87 años, fue la primera víctima mortal de esta pandemia en Aragón. Su hijo, nuera y esposa también se contagiaron, aunque a finales de marzo fueron los primeros pacientes en recibir el alta. Pese a que al principio el coronavirus fue infravalorado y calificado por las autoridades como no excesivamente letal, pero con una capacidad de propagación elevada, el tiempo ha demostrado que la mortalidad ha alcanzado el 15%.

Los primeros brotes de esta crisis sanitaria se produjeron en las residencias de mayores, donde la elevada edad de los usuarios provocó que se registraran numerosos contagios y también fallecimientos, que ascienden a 729. Los centros sanitarios fueron otro foco de contagio, debido principalmente a la falta de equipos de protección individual (EPI) para los diferentes profesionales que allí trabajan. Pese a las advertencias de aprovisionamiento del Ministerio de Sanidad, la adquisición de material resultó complicada, por lo que la implicación del personal y las donaciones fueron claves para intentar contener una situación en la que diariamente aumentaba el número de ingresados.

Los hospitales habilitaron nuevos espacios para albergar unidades de cuidados intensivos (uci) debido a las complicaciones respiratorias que presentaban los pacientes. En términos generales, destacó en varias ocasiones el gerente del Salud Javier Marión, la estancia media no bajó de "15 días". El miedo ante el colapso del sistema sanitario llevó a las autoridades a construir dos hospitales de campaña que nunca se usaron.

Mientras tanto, muchas residencias de la Comunidad continuaron viviendo sus semanas más complicadas, tanto por los contagios entre los residentes como por su afección en los empleados, cuya sustitución se convirtió en otro dilema de difícil solución. Cerca de la mitad de los casos positivos de la Comunidad corresponden a residentes y personal de los centros de mayores, según el último Boletín Epidemiológico publicado por Salud Pública. Una parte importante de ellos, fallecieron. El 84,4%de los decesos notificados en Aragón corresponden a personas que vivían en una residencia. También dos profesionales del sector sanitario perdieron la vida a causa de la covid-19. El doctor José Luis San Martín, que trabajaba en el centro de salud de San Pablo, murió a los 55 años. A las dos semanas, Eloy Pérez, personal de la limpieza del hospital Miguel Servet, tampoco consiguió superar esta enfermedad.

Las tres primeras semanas de abril fueron las más letales y complejas, con una media de 24 fallecimientos diarios, aunque en una jornada concreta se llegaron a notificar 39. El confinamiento estricto, durante 15 días solo funcionaron los servicios esenciales, el número de contagios empezó a disminuir y con él la presión asistencial en los hospitales y el volumen de decesos. No fue una acción inmediata, todavía hoy se siguen produciendo muertes por la covid, pero de manera más puntual.

Pese a ello, la letalidad en Aragón se sitúa en el 15%. Es superior en el caso de los hombres, con un 18,9%, frente al 12,4% de las mujeres. Por grupos de edad son los mayores de 90 años los más damnificados, con cerca de 1.500 fallecimientos por cada 100.000 habitantes. En aquellos con edades comprendidas entre los 80 y los 89, esta tasa se sitúa en torno a los 500. De entre 10 y 40 años no se ha producido ningún deceso. Durante ocho semanas, el sistema MoMo ha reflejado unos valores de mortalidad muy por encima de los esperados, a consecuencia de la covid-19. Sin embargo, desde hace dos, la mortalidad por todas las causas está dentro de los valores esperados, e incluso por debajo.

Luto por los más ilustres que se llevó

Santiago Lanzuela, candidato al Congreso de los Diputados por el PP en Teruel en 2004, durante una entrevista concedida a HERALDO, en la fuente de Cella
Santiago Lanzuela, durante una entrevista concedida a HERALDO en la fuente de Cella
Antonio García

Aragón guardó un minuto de luto esta semana. Seguirán diez días con las banderas a media asta en respeto por todos los fallecidos por el coronavirus, pero cuando se acabe el estado de alarma y la crisis sanitaria tiene pendiente el acto oficial de despedida del expresidente del Gobierno de Aragón, Santiago Lanzuela, el ilustre político turolense de 71 años que falleció el pasado 16 de abril

El político del PP estuvo al frente del Ejecutivo autonómico entre 1995 y 1999. Impulsó la Comunidad como una figura clave en el desarrollo con proyectos como la llegada de los fondos de inversión, la recuperación del patrimonio como la Seo, la creación de Dinópolis para Teruel, el nacimiento de la Plataforma Logística Plaza, de la mano de la ampliación del aeropuerto de Zaragoza, el impulso a los sectores de la nieve, el vino y el aceite, la batalla por el retorno de los bienes de Aragón y la mejora de las comunicaciones, como la Autovía de Teruel y el Canfranc.

Uno de esos polos de desarrollo fue el vino del Somontano para la localidad de Barbastro y su comarca. Allí estuvo Ramón Justes como encargado durante más de un cuarto de siglo de la dirección de Comunicación y Marketing de Bodegas Enate (además del Balneario de Panticosa) porque fue la mano derecha del empresario Luis Nozaleda. Falleció a los 67 años tras estar varios días en la uci del Hospital de San Jorge en Huesca, y dejó viuda y dos hijos. Convirtió la bodega de Enate en una gran pinacoteca con artistas desde Saura a Cerdá, junto a Tapiés, Chillida, Carrera Blecua, Broto o Beulas, y fomentó la cultura al patrocinar el Premio de las Letras aragonesas del Gobierno de Aragón.

Si Justes hizo del vino una referencia nacional e internacional para la comarca de Barbastro, Antonia Sanagustín, conocida en Huesca como ‘Antonieta’, fue una leyenda del mundo de la jota por enseñar a cientos de niños que aprendieron con ella el baile y además contribuyó a la conservación y divulgación de la indumentaria tradicional aragonesa. Falleció a los 96 años el pasado 4 de abril y en enero le nombraron Académica de Honor de la Academia del Folclore y la Jota Aragonesa.

A la misma edad que el expresidente del Gobierno de Aragón, 71 años, falleció también Enrique García Tomás, un asesor laboral zaragozano y experto en legislación, que fundó el despacho García Tomás y Asociados en 1977, fue secretario general del Consejo General de Graduados Sociales y del Club Europeo de Profesiones Laborales. Además de ocupar varios cargos en el Colegio profesional de Aragón fue colaborador con HERALDO, donde escribió más de 1.800 artículos en el suplemento ‘Economía y Negocios’.

La covid-19 se llevó al hostelero Juan Carlos Ballesteros de Morales con 71 años. Era socio fundador del restaurante zaragozano El Puerto de Santa María, en el Paseo de la Mina, tras casi dos décadas aportando su esencia gaditana, amabilidad y cortesía. Se enamoró de la capital aragonesa al ser controlador de vuelo en el aeropuerto de Zaragoza y se quedó.

Monólogo a cuatro voces para una despedida

UCI del Hospital Quirón de Zaragoza.
"Un bello morir honra toda una vida", dijo Petrarca. En una habitación como esta, con esa luz que parece una metáfora del túnel hacia otras vidas, se fueron casi en soledad más de 800 aragoneses en dos largos meses de pandemia.
José Miguel Marco

1. Podría decirte Agustín, Pedro o José. Podría llamarte lo que eras. Abuelo. Y recordar lo que nos dabas a cada instante. Esa alegría despaciosa e inadvertida que se hace de pequeñas cosas, de un andar lento y de curiosidad perpetua. Querías saberlo todo: cómo me iba en los estudios, si me hacía con un puesto en el equipo, si mis paseos y mi cine de los domingos cristalizaban en algo con Clara. Me preguntabas cómo quien no quiere la cosa, como si no fuera contigo o no quisieras invadir un territorio íntimo, lo que yo sí hacía contigo. Quería adueñarme de todos tus secretos y saberlo todo de ti: tus días en Bilbao, tu ocupación en las astilleros, aquel primer y único amor, Elisa, el paso por las minas de Ojos Negros, tu trabajo luego de ebanista en Loscertales, tu habilidad en el guiñote… Me lo contabas como quien enciende la noche con un farol de palabras. Cuando te llevaron al hospital ni me dio tiempo a desearte lo mejor. Como si fuera un monologuista, en silencio o de viva voz, te decía: «No te vayas. ¡Me queda tanto que saber contigo!».

2.Podría llamarte Sara, Isabel o Eva. Podría decirte abuela. O cualquier otro parentesco decisivo. Tú vivías en la cercanía de los pronombres, en la llamarada de los nombres. Recuerdo bien cómo eras: curiosa, vivaz, apasionada. Amabas la vida y sus poros, las pequeñas incidencias de cada día, las rutinas. Ahí te sentías la dueña del mundo. Estabas en todas partes, hacendosa, con esa determinación suave de las tercas que no lo parecen. A veces me recordabas a María Moliner, tejedora de sueños, sigilosa, desvelada. Estabas siempre para todos desde el alba hasta la medianoche: regabas tus flores, salías a comprar, cocinabas, conversabas con amigas, y aún tenías tiempo para nosotros. Para mí. Cada vez que lo pienso, tu adiós en soledad, en el naufragio irremediable del cuarto del hospital, recuerdo a Miguel Hernández y un verso que pareció anticipar mi dolor y mi duelo. «Y siento más tu muerte que mi vida». Es exactamente así. Abuela.

3. No sé por dónde empezar. Ni muy bien qué decirte. No sé lo que te dije entonces, cuando ya no me oías, cuando te despedí en Torrero al amanecer, en ese páramo de las almas que no admite multitudes. Fui incapaz de llorar. Y, a la vez, sentía la pena más honda de la tierra. Pensaba: cuántos días de playa interrumpidos. Cuántos paseos a la orilla del Ebro, cuántas visitas a las exposiciones de la Lonja, que tanto te gustaban, cuántas obras de teatro que hemos dejado de ver en el Principal. Y los conciertos de clásica en el Auditorio. Y luego helados en Ferrara y la aventura del tranvía. Te gustaba ir hasta Helios o hasta Parque Goya. Y lo disfrutábamos como dos colegialas disparejas. Nos perdimos todo eso para siempre, y te hemos perdido a ti. Mamá. Te hemos perdido, pero la memoria es tan esponjosa y fértil en sensaciones y fantasmas que te recuperamos a diario. Te contamos la vida que nos pasa. Y la ausencia se vuelve felicidad.

4. "La macabra contabilidad de los muertos", escribió Sergi Pàmies en un artículo. Me dolió la expresión. Me estremeció. Me negaba a verte así. Papá. ¡Cuántas vueltas le di a todo! Tus toses, tu febrícula, tu ingreso inesperado. Te hablaba con el corazón en vilo, con todo el pánico del planeta. Cada tarde, la médico nos llamaba. Describía tus gestos, tu palidez, tu inmovilidad, tu débil respiración. Y yo le decía: «Fue piragüista, trabajó en la radio, tuvo una agencia de publicidad, grabó discos, conoció a Machín». Así, reinventando tu pasado, suspendía su atención; pude saber que te habías ido, sedado, con una última sonrisa en los labios. O eso me dijo aquella médico tan atenta, que era tu Scherezade y la mía. La voz de los vivos y los muertos. Ella nos unió hasta en tu despedida.