Aragón

Aragón, un país de montañas

Agua y montaña

Ibones del Pirineo aragonés para refrescarse en verano

La cantidad y diversidad de lagos de alta montaña que atesora el Pirineo aragonés convierte a los ibones en un apetecible y refrescante destino de verano, con posibilidades de acceso y de disfrute para todos los públicos.

El ibón de Truchas (Astún) es uno de los más accesibles.
El ibón de Truchas (Astún) es uno de los más accesibles.
Jorge Fuembuena. Turismo de Aragón

Los ibones o lagos de alta montaña son lugares que ofrecen un gran atractivo por su emplazamiento en enclaves naturales de gran belleza, por su condición de espejos naturales de límpidas aguas donde se reflejan picos, crestas y nubes bajo un cielo que siempre nos parece más azul. Los ibones son también miradores, atalayas en medio de paisajes asombrosos. Son, sin duda, un atractivo destino para visitar en verano.

Aragón es el territorio con mayor número de ibones, reservorios de agua para los ríos de montaña y preciosos ecosistemas donde pueden encontrarse raras especies animales y vegetales. Se cuentan hasta 245, considerando solo los de superficie mayor a las 0,2 hectáreas, y sólo 14 están ubicados por debajo de los 2.000 m de altitud mientras que un tercio del total supera la cota de los 2.500 m. Un dato este que podría hacernos desistir de acercarnos a tan valioso recurso por considerarlo demasiado montañero, pero el Pirineo aragonés es generoso y complaciente, también en lo referente a la diversidad de ibones y sus posibilidades de disfrute. Unos nos obligarán a realizar largas horas de travesía de alta montaña, pero otros los descubriremos en excursiones en familia e incluso a pie de carretera.

Los ibones ofrecen aguas transparentes en paisajes de alta montaña

Ibones para todos son algunos destinos como el ibón de Baños, en el Balneario de Panticosa y el represado de Llauset (Montanuy), a los que se puede llegar en coche. Al ibón de Tramacastilla se puede llegar de junio a octubre con el tren turístico de Tramacastilla de Tena y los remontes de las pistas de esquí, abiertos en verano para los montañistas, nos acercarán a los de Asnos (Panticosa) y Astún o Escalar (Jaca).

Pura naturaleza en el ibón de Acherito.
Pura naturaleza en el ibón de Acherito.
Jorge Fuembuena

De todos ellos podemos destacar ya por su singularidad y belleza un Top 10 que formarían los ibones de Acherito y Estanés (Ansó), Anayet y Arriel (Sallent de Gállego), los ibones Azules (Panticosa), Batisielles y Escarpinosa (Benasque), Bernatuara (Torla), Marboré (Bielsa) y el de la Basa de la Mora (Plan).

Accesibles y en familia

En 2017 la Dirección General de Turismo del Gobierno de Aragón editó un ‘manual para ibonear’ y abrió una página web dedicada a promocionar este recurso, donde puede descargarse. En esa publicación, se propone una agrupación de los ibones por temas (de colores, con historias, chelaus o helados...) y por su grado de accesibilidad. Así, tenemos ibones para todos, para familias y para familias montañeras.

Algunos exigen andar varias horas para llegar a ellos, pero otros solo piden una caminata

Una segunda categoría la forman los ibones para hacer en familia, en excursiones de menos de una hora y media de duración con recorridos de un desnivel acumulado que no supera los 250 m. Entre estos tendríamos los ibones de Espelunciecha, Sabocos y Piedrafita, en el valle de Tena y los de Billamuerta, en el valle de Benasque. El telesilla de Panticosa nos acercará al de Sabocos y la ruta al de Piedrafita podemos llegar desde el parquin de Lacuniacha en un par de horas. A Billamuerta llegaremos desde el aparcamiento de La Besurta, al final de los llanos del Hospital, para disfrutar de una gran panorámica de la cara norte del Aneto. Un clásico es el ibón de la Basa de la Mora o ibón de Plan, al que podemos acercarnos en vehículo por la pista que lleva desde Saravillo al refugio de Lavasar.

Más montañeros

Un tercer grupo es el de los ibones para familias montañeras, con recorridos que requieren un mayor esfuerzo para llegar hasta ellos (de 2 a 4 h y 30 min, ida y vuelta, y hasta 700 m de desnivel positivo acumulado), si bien cuentan con senderos señalizados o bien trazados. Aquí nos encontramos con ibones como el de Acherito (Ansó), los de Anayet (Sallent de Gállego), Bachimaña y Ordicuso (Panticosa), el de Armeña en el macizo de Cotiella (Seira) o los de Escarpinosa, a los pies de la Tuca de Posets, junto al valle de Estós.

Un cotizado premio estival, baño en el ibón de Escarpinosa.
Un cotizado premio estival, baño en el ibón de Escarpinosa.
Jorge Fuembuena

Sin peques y con una adecuada preparación física y técnica, el espectro de posibilidades aumenta de manera prodigiosa. Para facilitarnos la llegada a muchos de esos ibones de alta montaña y esforzado acceso contamos con la estupenda red aragonesa de refugios guardados de montaña. Muchos ibones los encontraremos junto a los mismos refugios, proporcionándoles la necesaria agua o formando parte de grandiosos paisajes. Otros nos obligarán a realizar largas travesías y ascensiones. Todos serán un premio en esta calurosa estación estival.

La mayoría de los ibones están ubicados en alta montaña. Por ello, la extensa red aragonesa de refugios guardados de montaña resulta un importante soporte para acercarnos a conocerlos. Además, buena parte de ellos están estrechamente vinculados a estos lagos de montaña, que se encuentran en el entorno de las instalaciones montañeras, son su fuente de aprovisionamiento e incluso les dan nombre (refugio de los Ibones de Bachimaña). Del refugio de Lizara parte la ruta que, por el valle de los Sarrios, lleva al visitado ibón de Estanés. Cap de Llauset fue construido en altura entre dos ibones y está muy cerca del estany o ibón de Cap de la Vall. El refugio de La Renclusa y el ibón de Barrancs, el refugio de Estós y el ibón de Gías, el Ángel Orús y el ibón de Llardaneta, Viadós y los Millares, el refugio de Pineta y el ibón de Marboré, el de Respomuso y el ibón de Llena Cantal son otros ejemplos de refugios guardados vinculados a ibones.

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