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Aragón

Aragón, un país de montañas

Viaje al pasado

La España vacía: rutas a siete pueblos abandonados en Zaragoza

Aragón reúne uno de los mayores censos de despoblados de España, ubicados en su mayor parte en Huesca. También los hay en la provincia de Zaragoza, recorrerlos nos proporcionará un viaje en el tiempo cargado de nostalgia y de actualidad.

Panorámica de la vega del Jalón y el despoblado de Villanueva de Jalón.
Panorámica de la vega del Jalón y el despoblado de Villanueva de Jalón.
Javier Romeo-Archivo Prames

Antiguos pueblos, pardinas y masías deshabitados salpican el mapa aragonés como mudos testimonios de un territorio vaciado. Ainielle y su ‘Lluvia amarilla’, parafraseando la emblemática novela de Julio Llamazares, publicada en 1988, constituyen un símbolo revivido con la actual resonancia en la agenda mediática y política del fenómeno de ‘la España vacía’ (ensayo de Sergio del Molino, de 2016) o ‘vaciada’ (según el manifiesto del 31M). En Aragón, la mayor parte de esos hitos de la desolación se concentran en zonas montañosas, principalmente de Huesca y Teruel, pero los hay por toda nuestra geografía y ahora vamos a recorrer algunos ubicados en la provincia de Zaragoza.

Aunque no hayamos nacido ni vivido en él, la mayor parte de nosotros tenemos una cercana ascendencia del mundo rural. La visita de estos despoblados nos pondrá en contacto con esas raíces, con un pasado reciente que se aleja como mundo perdido, aunque en las calles invadidas de maleza y tras los marcos de ventanas y puertas desvencijadas aún parezca palpitar la vida. Lo haremos con el respeto que merece este patrimonio arquitectónico, cultural y emocional, además de con todas las precauciones que exige el moverse entre edificios muchas veces en ruinas.

La primera ruta nos lleva al norte de la provincia, hasta la histórica población de Luna, en la comarca de las Cinco Villas. Luna, con su caserío medieval, su torre del reloj, sus iglesias románicas de Santiago de la Corona y de San Gil de Mediavilla, esta última con un rico interior de escultóricos capiteles atribuidos al Maestro de Agüero, ya merece una pausada visita. Siguiendo la carretera hacia Biel encontraremos enseguida una pista asfaltada a la derecha (camino de Lacorvilla) que lleva a la visible torre de Obano, también de época románica. Siguiendo por ese vial, la primera bifurcación a la izquierda nos conducirá por camino hasta los de Júnez y Lacasta.

Iglesia románica de de San Nicolás de Bari, en el despoblado de Lacasta.
Iglesia románica de de San Nicolás de Bari, en el despoblado de Lacasta.
Miguel Ángel Acín-Prames

Conviene informarse previamente del estado de este camino, que asciende en dirección norte por la margen derecha del barranco de Júnez para llegar, traste unos 4 km, al despoblado que le da nombre. Júnez aún contaba pobladores en 1970 aunque en el siglo pasado no llegó nunca al centenar. Su casas se agrupan en una suave ladera, por debajo de eras y pajares. Continuando por el mismo camino otros 5,5 km llegaremos a Lacasta, con un caserío algo mayor y presidido por la iglesia románica de San Nicolás. Es un austero edificio fechado en el siglo XII que guarda una gran pila bautismal, algún capitel de decoración vegetal y un peculiar acceso exterior al campanario a través de un arbotante en la cabecera. Retornado a la pista asfaltada y siguiéndola hacia Lacorvilla, llegaremos enseguida a Yéquera o Yecra, población medieval de la que sólo quedan en pie una ermita tardorrománica, el torreón y parte de la muralla del castillo. Un antecedente de nuestros despoblados.

Atalaya del Jalón

La segunda ruta nos lleva a las comarcas de Valdejalón y la Comunidad de Calatayud. En el límite entre ellas, a mitad de camino de la carretera que une Morata de Jalón y Purroy (CV-603), se encuentra Villanueva de Jalón, población vinculada a Chodes y deshabitada en 1968. Está asentada en un saliente que el río Jalón abraza como meandro, enclave estratégico hoy convertido en cementerio de un puñado de edificios sin techumbre y en descomposición. Sobresale entre ellos la iglesia dedicada a la Virgen de la Huerta, su primitiva torre mudéjar y las yeserías barroco-mudéjares de su interior. Es un edificio catalogado, patrimonio mudéjar aragonés pero también muy deteriorado. Coronando el promontorio otrora habitado encontraremos los restos del castillo. Antes de llegar al pueblo desde Morata hay también una vieja noria.

Villanueva de Jalón, con la iglesia de Nuestra Señora de la Huerta y su torre mudéjar.
Villanueva de Jalón, con la iglesia de Nuestra Señora de la Huerta y su torre mudéjar.
Javier Romeo-Archivo Prames

Nos desplazamos ahora al sur, al cercano municipio de Santa Cruz de Grío, desde Morata por la carretera A-2302 o desde El Frasno por la A-1505, vía que seguiremos en dirección a Tobed durante 2,5 km para tomar a la derecha un camino que nos lleva hasta La Aldehuela de Santa Cruz o de Grío (2 km), pasando primero junto a su cementerio. El caserío, formado por unas quince viviendas y mucho mejor conservado que el anterior despoblado, quedó prácticamente deshabitado hace ya cuarenta años pero aún contó con un último habitante hasta la década de 1980. Se levanta en una ladera orientada al sur, en la que los esqueletos de algunas casas se alternan con otras de techumbre rehecha o mantenida que ha evitado la ruina. En la parte superior, casi pasa desapercibido, como una casa más, el edificio de la iglesia.

Entrada al caserío de Aldehuela de Santa Cruz.
Entrada al caserío de Aldehuela de Santa Cruz.
Javier Romeo-Archivo Prames

Sierra de Pardos

Nos desplazamos más al sur hasta el municipio de Abanto, en la Comunidad de Calatayud, donde se ubica el despoblado de Pardos, a los pies de la sierra homónima y que llegó a contar casi 200 habitantes en la década de 1940. Para llegar hasta él seguimos el camino que sale desde Abanto hacia al norte, cruzando La Veguilla y girando al sureste para llegar a la ermita de San Antón y luego a Pardos. Hay una opción más senderista (unos 4 km), seguir desde Abanto el sendero PR-Z 92, que cruza la sierra de Pardos desde Castejón de Alarba, pasando junto a la laguna Ojo de Pardos (km 2) y llegando hasta el despoblado por la margen derecha del estrecho del barranco del Trescastillo o del Picazo, en el que se asienta.

La restaurada ermita de San Antón preside un caserío que alumbró 40 fuegos y quedó deshabitado a finales de la década de 1970. La agreste belleza del lugar invita a su recuperación, una sensación que ya hemos experimentado en estos viajes en el tiempo por la provincia de Zaragoza y que estará presente en muchas de las visitas que podemos hacer a los innumerables despoblados de Aragón.

Entre el abandono y la destrucción de la guerra

En la provincia de Zaragoza hay también otros despoblados que merecen una visita. La mayor parte han sido fruto del vaciamiento del mundo rural, acentuado con el proceso de industrialización que a partir de la década de 1950 demandó mano de obra del mundo rural y alimentó el crecimiento de las ciudades. Podrían ser los casos de Sierra Estronad, cercano a Ayerbe, y Sierra de los Blancos, junto a Ardisa. Otros, sin embargo, fueron pasto de la Guerra Civil, convirtiéndose en escenarios de devastación que aún permanecen junto a los pueblos nuevos levantados tras la contienda. Es el caso del pueblo viejo de Rodén, situado a 27 km de Zaragoza y a la misma distancia de otro mucho más conocido, el de Belchite. Ambos conforman otra ruta posible -en este caso doblemente temática- de despoblados de la provincia.

Pueblo Viejo de Mequinenza y castillo.
Pueblo Viejo de Mequinenza y castillo.
J. L. Melero

Un tercer ejemplo de despoblación, también dramática, lo constituyen los pueblos desalojados forzosamente por la construcción de embalses. En Zaragoza quizá el caso más emblemático sea el de Mequinenza, escenario del ‘Camí de sirga’ de Jesús Moncada, anegado por la construcción del inmenso pantano al que dio nombre, el ‘Mar de Aragón’. Está situado a tan solo 20 km de otro despoblado generado por el mismo ímpetu hidráulico, el pueblo viejo de Fayón y el embalse de Ribarroja. La memoria y los restos de ambos permanecen junto a los pueblos nuevos levantados en cotas mayores.

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