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Aragón

Aragón, un país de montañas

Cuatro bosques otoñales en Aragón para recorrer con niños

Ofrecemos cuatro parajes de Aragón en cuyos bosques disfrutar de los hermosos colores con los que el otoño tiñe los árboles. Se trata de recorridos sencillos y divertidos para hacer con niños.

Un paseo por el bosque es siempre una buena idea, en otoño además los bosques ofrecen un espectáculo de colores, con el rojo de la tierra húmeda, el verde de las hojas perennes y el amarillo de las hojas caducas. Presentamos cuatro bosques aragoneses que ofrecen paseos sencillos para hacer con niños y son lugares donde disfrutar de este fenómeno otoñal. Como siempre, pero sobre todo en esta fechas, no hay que fiarse de la meteorología y llevar siempre ropa de abrigo.

- Hayedo de Taxeras, valle de Ansó, Huesca.

En el valle de Ansó, el más noroccidental del Pirineo aragonés, las laderas están cubiertas de hayas y abetos. El hayedo de Taxeras toma su nombre del tejo, también frecuente en estas selvas, y llamado en el Alto Aragón ‘taxo’ o ‘tacho’. Saliendo del aparcamiento del camping-albergue de Zuriza, se toma la pista de Taxeras, que forma parte de la Senda Pirenaica GR 11, y de la Senda de Camille, lo que facilitará nuestro paseo ya no tendremos mas que seguir las señales con las huellas azules del oso. El recorrido discurre por un fondo de valle, donde proliferan las hayas, pero también el tejo, y en el que niños y grandes podremos marchar muy entretenidos buscando los tritones pirenaicos que habitan este espacio, o la rosalía alpina, escarabajo de largas antenas y un hermosísimo color rojo en su caparazón. Un recorrido de unas 4 h, ida y vuelta.

- El Soto del Rincón Falso, La Alfranca, Zaragoza.

Para este paseo no es necesario ir hasta la montaña. Diez kilómetros aguas abajo de la ciudad de Zaragoza, el río Ebro atraviesa el bonito ecosistema de la Reserva Natural de los Sotos y Galachos. Los sotos son bosques de ribera, antaño tan tupidos como una auténtica selva. Ahora, algo más diezmados siguen ofreciendo un hermoso espectáculo de vegetación fluvial que sorprenderá a los niños, y muy fácil de conocer en este paseo, ya que se encuentra señalizado. Este recorrido por la ribera nos llevará algo más de 2 h, ida y vuelta.

- Hayedo de Peñarroya y bosques del Moncayo, Zaragoza.

El Moncayo ofrece un sinfín de posibilidades para disfrutar de un buen paseo. Sus bosques de hayas muestran en estas fechas su imagen más melancólica y becqueriana. Entre sus varios senderos señalizados, este del hayedo de Peñarroya es quizá el mejor de este espacio natural para que los más pequeños se aficionen a los paseos por el Moncayo. El sendero del hayedo de Peñarroya es un circuito circular que lleva por la cara nororiental de esta montaña, donde se conserva una masa boscosa de hayas casi pura. La ruta parte del área recreativa de la fuente del Sacristán y tiene una duración de 2 h 15 min.

- Chopos cabeceros del río Pancrudo, Teruel.

A lo largo de la ribera del Pancrudo, estos árboles singulares que son los chopos cabeceros forman un bosque lineal en medio de los páramos de las tierras del Jiloca. Desde Barrachina sale el recorrido que proponemos, con una distancia de 4 km y 1 h de duración, que recorre el paraje conocido como Prado Bajo, que nos lleva, por la ribera del Pancrudo con su colección de chopos cabeceros en cuyos troncos rugosos a veces aparecen setas y a veces, incluso un nido de autillos. Al final, aún queda otra bonita sorpresa: el antiguo molino harinero de Garcés, de época medieval.

Todas las rutas se han extraído del libro ‘Rutas por los bosques más bellos. Colección Aragón’, de Eduardo Viñuales (Sua, 2017).

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