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Angüés: la vida es como es... ¿o no? ¡Viva la nueva vida!

Herminia Ballestín y su equipo municipal se han marcado como objetivo atraer a nuevos pobladores al municipio, aumentando el número de viviendas de alquiler y los suelos edificables

El talante de Herminia Ballestín es de los que contagian por empatía. Ella piensa que no hace falta recurrir al enardecimiento; así ganó las elecciones municipales hace dos años y medio, con calma y ‘chicha’, voluntad de alcanzar metas tangibles, y así se maneja ahora con una idea clave para el presente y el futuro de Angüés, el pueblo en el que ha hecho su vida: atraer población y tratar de que esa atracción se convierta en arraigo.

Angüés es la cabeza del municipio homónimo, que incluye las localidades de Bespén (al otro lado de la carretera) y Velillas (más próximo, en el mismo lado). “Hicimos una candidatura como agrupación independiente, Mujeres Por el Municipio de Angüés o MPMA –explica Herminia– y sí, somos todo mujeres, ha llamado la atención. Lo que nos unía sobre todo era las ganas de pasar de la teoría de ‘se puede’ a la práctica de ‘claro que se puede’. Esta es nuestra reivindicación, ni mis compañeras ni yo estamos en esto para hacer carrera política o ser vocal en ninguna institución de mayor ámbito. Queremos hacer un servicio al pueblo tratando de gestionar sus necesidades de la manera más adecuada. No estamos en otra película de ningún tipo, bastante trabajo hay”.

Herminia lleva bastante más de media vida en Angüés, pero el oscense no es su pueblo natal; nació en la provincia de Zaragoza, lindando con Teruel. “Me casé muy joven y llegué aquí hace casi medio siglo desde Gallocanta, donde nací, aunque también me moví por estudios antes de venir aquí. Soy una persona inquieta; surgió la idea de montar un negocio de transformación ganadera con un socio, José Luis, y fundamos hace casi 30 años lo que hoy en día es Villa Villera, la quesería de Sieso. Nos llamaban locos; la idea de hacer yogures naturales surgió de mí, me pareció que era mejor mezclarlos luego con lo que cada cual quisiera. Fueron años fantásticos, aunque duros. Allí seguí hasta hace relativamente poco, ya vendí mi parte y él sigue con los hijos. Abrí el restaurante Casa Lafarga, que maneja ahora perfectamente Paula, se come muy bien. Con la familia también he trabajado la agricultura y la ganadería… siempre me he movido mucho, con Angüés como base”.

El pueblo está muy bien situado. “Sí, eso lo tenemos, pero cada vez ha venido habiendo menos gente disfrutando de esa localización. Se han perdido muchos habitantes aquí y uno de nuestros retos principales era apostar porque viniera gente. Conseguimos una ayuda del Injuve para construir viviendas destinadas a los jóvenes, y personalmente trato de estar al tanto de todas las posibilidades inmobiliarias locales que puedan servir a este propósito. Ahora mismo acabo de ver una casa; la van a poner en venta. Me dicen lo que quieren, cuando me preguntan hablo de cómo está esa casa y de las condiciones, si me autorizan los propietarios… al final hago un poco de agente inmobiliaria sin beneficios –ríe– y sí se van vendiendo casas”.

Acogida global

El pueblo es una pequeña ONU. “Tenemos muchos censados de fuera; hay una familia marroquí, otra nicaragüense y los últimos que han llegado proceden de Siria en origen, aunque llevaban unos años en Huesca capital. Tratamos de facilitarles las cosas para el aterrizaje; pagaban en Huesca un alquiler de 700 euros y tienen seis hijos, el padre trabaja fuera de casa y la madre lleva el hogar. Hablando con la señora Ana, le consultaba la posibilidad de que tuvieran un huertecito; no es la idea ‘salvar’ a la gente, solamente acoger correctamente”.

Arreglada como apartamento por el consistorio local, la casa donde viven Shirine y Firas con sus hijos era la antigua biblioteca y tiene un alquiler social muy asequible. “Es una vivienda amplia con tres dormitorios, también se hizo ahí otro apartamento pequeño, y ambos están ocupados. Se ha conseguido igualmente otra casa para alquiler. Esta situación no quiere decir que nos centremos en acoger inmigrantes, aquí no se excluye a nadie. Quien va detrás de espacio para hacer su casa o quiere adquirir una también tiene dónde buscar en Angüés, cada cual según sus posibilidades”.

Herminia y su equipo apuran las opciones. “Tenemos que ver las posibilidades del plan de Urbanismo y las voluntades de los propietarios para habilitar algo más de suelo, quizá para tres o cuatro casas, y ofrecerlo a quienes se plantee comprar para hacer sus casas. También hemos colocado placas solares en el Ayuntamiento para gastar menos, hemos convertido una escombrera en un parque… la escuela estrena este año un aula de dos años, y se va a cambiar la cubierta del edificio; son cosas de pequeña gestión, lo que se puede hacer en un pueblo”.

Vivir en Angüés supone estar a menos de media hora de Huesca y de Barbastro. “En cuanto la autovía esté acabada hasta Huesca, estamos a un paso, y Barbastro también queda muy a mano. Creo que la pandemia nos ha dado la posibilidad de valorar muchas cosas de la vida con otros criterios; los espacios de los pueblos, el aire puro, la paz... aquí, por ejemplo, tenemos el Espacio Choliba, que lleva la segunda de nuestra candidatura, María, con Diego”. Allí ofrecen un alojamiento diferente, basado en la bioconstrucción, con un espíritu ecológico encomiable y actividades de permacultura. "Nuestra candidatura era, como dicen ahora, transversal –ríe de nuevo– algo que para nosotras significa un grupo de todo tipo y color; no hay una ideología común siquiera. ¿Quieres dedicar tiempo al pueblo? ¿Sí? Adentro. Todo lo hablamos y cuando lo vemos claro, actuamos”.

El municipio ha afrontado sus retos peliagudos propios este año. Por ejemplo, un derrumbe. “En Velillas se vino abajo una calle entera abajo, la que sube a la iglesia; nos dieron un nominativo desde Diputación y lo arreglamos. No podemos quejarnos de los apoyos recibidos, nos atienden cuando vamos a hablar... y entre nosotros somos un poco tabla redonda, hacemos grupo, aunque yo sea cabeza visible y tenga más tiempo al estar ya retirada. Es muy rico el caldo de cultivo para ideas, también por la diversidad de edades”.

Los tres pueblos

Herminia tiene otro reto entre ceja y ceja; dar ‘vidilla’ a los tres pueblos del municipio. “Vamos organizando actuaciones en conjunto en los tres pueblos, antes iban un poco cada uno a su marcha. Así la gente va visitando los tres núcleos, además. La piedra mujer en Velillas tiene ahora un reflejo en forma de mural en el centro del pueblo, están las piedras fecundantes de Bespén, además de una excelente bodega. Hemos traído a los Titiriteros… ha habido y hay muchas cosas para ver. No idealizo los pueblos, ojo, pero aquí se puede vivir bien, conque puedan estar en el pueblo aquellos que quieran, bastaría. Quiero que la gente esté contenta, pero tampoco se trata de ponerse a sus pies; todos tenemos que arrimar el hombro; cuando la gente protesta, yo escucho y trato de complacerles, pero si la protesta es por todo les sugiero que hagan una lista de sus quejas y armen una lista para las próximas elecciones. Entiendo que respetarse es el mejor camino, y desde luego es nuestro itinerario; obstáculos siempre surgen, pero se trata de tener una meta y caminar hacia ella, así se van superando de mejor manera”.

Casa Lafarga, mimicos al paladar y amabilidad de la buena

El restaurante situado junto al Ayuntamiento no ha parado de trabajar en todo el verano, y ha seguido también a buen ritmo en las primeras semanas otoñales con aperturas de media semana. Ya circunscrito a los fines de semana (desde el viernes), Casa Lafarga sigue deleitando el paladar de los habituales con variaciones deliciosas de platos populares, postres caseros de rechupete y una puesta en escena muy cuidada, bohemia en las formas y burguesa en el espíritu, que mientras la meteorología lo siga permitiendo se apoyará en la hermosa terraza del local, donde un robusto ejemplar de Punica Granatum (granado) está dando sus preciados frutos en estos días, además de proporcionar una agradable sombra a las mesas del fondo en las horas centrales del día. 

El tratamiento de las carnes y los guisos es el fuerte del restaurante en el día a día, aunque también brillan las verduras. Además, y hay un postre que se mantiene fijo en la carta desde la llegada a la gerencia de Paula Andrés, en enero de 2020 (sí, no fue un comienzo fácil, lo han pensado ustedes dos líneas más arriba) y es una idea suya; la tarta de huesitos. Paula vino hace 16 años desde Huesca y vive en Junzano –a cinco kilómetros– con Tony, su pareja. Angüés tiene otro establecimiento hostelero, Casa Rosales, al borde de la carretera, que mantiene un esquema más centrado en el café social, la caña y el pincho. En las tardes, después de los vermús y las comidas, el local se convierte en salón social del pueblo.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es Extraordinario'.

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