Aragón

Maicas: el ying y el yang de la desconexión

Una abrió nuevos caminos y la otra, que ostenta actualmente el cargo de alcaldesa, ha dado continuidad al espíritu de su amiga en beneficio de Maicas, un pueblo pequeño de alma gigante.

El fantasma de la despoblación adquiere matices tétricos en algunos puntos de Aragón. Maicas (26 censados, solamente dos personas durmiendo allá el año entero: los octogenarios Néstor y Asunción) podría ser uno de ellos, pero no lo es. Y ojo, que lo fácil sería columpiarse en los tópicos del asunto y limitarse a la queja. No es el caso de este pequeño municipio de las Cuencas Mineras que, a golpe de coraje y con dos figuras femeninas como motores, ha conseguido mirar al presente con esperanza y al futuro con optimismo... moderado, eso sí.

Pilar Aguilar cumple actualmente su tercera legislatura como alcaldesa. Afirma ser "más de pueblo que una remolacha"y, definitivamente, actúa cual terremoto sin medición posible en la escala de Richter; ‘rocera’ y vital, peleona en la trinchera, fiestera en el corazón. Está a punto de abrir una casa rural en el pueblo, que ha acondicionado poco a poco, y pasa en la suya todo el tiempo que puede. Entre todos los epítetos atribuibles a su persona falta por nombrar uno, el más importante: cabal. "Fue Josefa Guillén la que empezó la movida en Maicas; el pueblo estaba algo dejadico, se había ido mucha gente. Éramos muy amigas; de hecho, como nadie quería presentarse al puesto, quedamos en que nos iríamos alternando en la tarea cuando yo me jubilara. Mi marido y yo tuvimos una mueblería en la calle Delicias de Zaragoza más de treinta años".

Josefa murió de un ataque al corazón hace algo más de una década. Su hijo se hizo cargo de la alcaldía, pero no pudo compaginarla mucho tiempo con sus obligaciones laborales y familiares. "El mozo –aclara Pilar– quiso continuar con la línea de trabajo de su madre en el pueblo, pero vio que no tenía tiempo y me dijo que yo, que me parecía a su madre en la forma de ser y pensar, podía coger el puesto. Lo hablé con mi marido y mis hijos, y ya ves, me metí en el ‘fregao’. A veces es duro, porque aunque seamos pocos no siempre estamos de acuerdo, pero la gente se ha ido poniendo las pilas para cuidar sus casas y apoyar iniciativas por el bien de Maicas".

Veranos y festivos

Pilar enviudó hace dos años. Vive en Zaragoza, pero de junio a octubre se aposenta en Maicas. El resto del año viene todo lo que puede, dependiendo de que sus hijos puedan traerla y recogerla. En su casa del pueblo se apaña de maravilla. "Para la juerguilla que montamos en San Juan me instalo aquí; vuelvo a Zaragoza para la Ofrenda de Flores, en el Pilar, con el grupo de Maicas. Eso sí, estoy en contacto permanente con la secretaria, María José, tengo los teléfonos de todos en el pueblo y voy moviendo lo necesario a distancia".

El caspolino Carlos Juan, casado con una hija de Maicas, lleva tres años pasando el mayor tiempo posible en el pueblo. "Aquí el tiempo cobra su dimensión real, en Zaragoza te encorren para todo". Su testimonio es la prueba fehaciente de que aquél que interioriza la belleza del paisaje (la montaña partida en dos al frente, el horizonte lleno de colores) la encuentra en este enclave de las Cuencas Mineras.

Miguel Rubio es de Maicas. Salió del pueblo para buscarse el pan en 1974, de chaval, aunque nunca se ha ido del todo. Es apicultor, ha trabajado media vida en la extinción de incendios forestales por toda España y también tiene la titulación de gericultor, por su vocación de cuidar a las personas mayores. Es una especie de archivo viviente de Maicas. "¿Sabes que Vicente Bernal estuvo ocho años aquí trabajando en el Ayuntamiento, a principios de los ochenta? Probablemente surgió de aquí el embrión de Chunta Aragonesista. Recuerdo que venía con su Renault desde Huesca". Miguel está muy orgulloso de Maicas, y lo exterioriza de un modo casi cromático. "Tenemos muchas hectáreas de carrascal y pino, y en primavera disfrutamos de los almendros en flor, todo un espectáculo. Seguimos mirando al cielo cada día".

No todo es idílico en Maicas. Las comunicaciones son el caballo de batalla en varias vertientes; la señal telefónica, muy deficiente (incluso nula en numerosos puntos del casco urbano) y la carretera que une el pueblo con la A-222; apenas un kilómetro que, cuando nieva como lo hizo hace dos semanas, impide el acceso por carretera a Maicas. "Es un problema serio –explica Pilar– porque nos dijeron que no éramos rentables como clientes telefónicos, y que si queríamos antena teníamos que pagarla nosotros. Lo de la nieve es otro tema; la nuestra es una carretera de quinta y lógicamente limpian antes las de mayor categoría. No obstante, seguimos peleando por mejorar ambas cosas".

La concentración parcelaria es otra vieja aspiración del pueblo, complicada por la falta de documentación escrita y el descuido en las lindes. "Contamos con los mayores para tratar de establecer los límites de las parcelas –explican Miguel y Pilar– pero perdimos mucha documentación y haría falta una ordenación del material que tenemos, no basta el boca a boca, porque muchos campos los trabajan por encargo gente de otros pueblos y los límites no siempre se respetan; hemos sido lentos en ese tema".

Mari Paz Legua, artesana de la cerámica

En su pueblo es Mari Paz, la artista, la profesora. Nacida en Maicas y residente en Barcelona, donde se ha hecho como artesana en cerámica, es también profesional de la moda y también ha experimentado con cierto éxito en la escritura de cuentos. Se formó en el Taller de cerámica Sant Fost, de Sant Fost de Campcentelles (Barcelona). "Todo mi proceso de creación –comenta Mari Paz– es manual, no utilizo torno. Trabajo con diversas clases de barro: rojo, blanco, negro, refractario... también esmaltes artesanos y óxidos. Soy directora desde 1997 de los talleres: cerámica de verano de Maicas. He expuesto mis obras en galerías de arte de Barcelona, Teruel y Zaragoza capital".

LOS IMPRESCINDIBLES

La torre campanario

En la parroquia de San Juan Bautista se alza esta torre del mudéjar tardío. Consta de dos cuerpos de planta cuadrada, el inferior de mampostería que llega hasta la altura de las cubiertas del templo, y el de campanas de ladrillo.

En medio del barranco

El pueblo está entre las dos vertientes del barranco de

Regacho, tributario del río Aguasvivas. Marca el inicio de la ruta Maicas-Molino-Baños de Segura por un tramo del sendero PR-TE 110, muy popular entre los aficionados.

La noche de San Juan

Es una fecha mágica en el pueblo; fuego, petición de deseos y, sobre todo, el inicio de la estación más pródiga en visitantes. Es la fiesta más sentida y participativa de todas las que se han recuperado en Maicas.

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