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El barrio morisco de Gelsa: la huella del pasado en las calles del casco antiguo

Se conoce que más de 1.600 moriscos vivieron en la localidad de la Ribera Baja del Ebro. El entramado de callejuelas y casas blancas todavía se conserva.

El barrio morisco de Gelsa se extiende por el casco antiguo de la localidad
El barrio morisco de Gelsa se extiende por el casco antiguo de la localidad
Laura Uranga

La huella de los más de 1.600 moriscos que en la época de Al-Ándalus vivieron en Gelsa todavía se puede ver hoy en la localidad. El barrio morisco se extiende por el casco antiguo, formando un entramado de calles estrechas, con casas blancas y con frecuentes cubiertos, es decir, las edificaciones que cruzan sobre la vía para comunicar viviendas a ambos lados.

Aunque hace más de 400 años que los moriscos fueron expulsados de Aragón, muchos de los que vivían en esta localidad de la Ribera Baja del Ebro acordaron con los nobles que gobernaban estos pueblos quedarse como mudéjares. En buena medida, el motivo para recibir esta concesión fue la importancia de esta población tanto en número como por sus labores en el cultivo del campo, en albañilería y en otros trabajos artesanales.

La permanencia de esta cultura en la localidad contribuyó a que el barrio morisco haya trascendido hasta la actualidad casi intacto. Pero el tiempo no pasa en vano y en 2009 el Ayuntamiento de Gelsa, con una subvención de la Unión Europea, acometió una remodelación del barrio. Un lavado de cara que conservó la esencia de este entramado de calles y plazas en herradura, visita obligada si se pasa por Gelsa.

En aquella ocasión, se llevó a cabo el saneamiento de las tuberías y la pavimentación del suelo. También se construyó una nueva biblioteca en una posada antigua más accesible que su anterior ubicación, en un cuarto piso sin ascensor.

Foto de Gelsa
Barrio morisco
Laura Uranga

Además de su riqueza histórica, el barrio morisco de Gelsa es el centro neurálgico de las actividades culturales de la localidad. Sus calles son a menudo escenario de iniciativas socioculturales, como la feria Gelsarte, dirigida a potenciar el comercio artesano y acompañada de música en directo, teatro y animación.

Durante este paseo por el barrio morisco de Gelsa no puede pasarse por alto la calle de los Cubiertos. Es un espacio estrecho, de unos 300 metros de longitud, que cuenta con cuatro cubiertos, de ahí su nombre. Son las construcciones más características de este tipo de áreas urbanas y permiten comunicar habitaciones de viviendas cubriendo la calle, como si de un puente cerrado se tratara.

Aunque con algunas modificaciones fruto de la rehabilitación más reciente, el pavimento de las calles es muy fiel al original. Está hecho a base de pequeños trozos de piedra gris colocados de forma no lineal y en diferentes sentidos que se cortan cada dos metros para iniciar un nuevo dibujo.

Todo el barrio en sí y en especial la calle de los Cubiertos son el mejor conjunto de arquitectura popular de la comarca de la Ribera Baja del Ebro. Su iglesia parroquial dedicada a San Pedro Apóstol, del siglo XVII, custodia en su interior el relicario de la Santa Espina.

Para conocer de forma más detallada los entresijos y la historia del barrio morisco de Gelsa, el Ayuntamiento ha organizado durante agosto visitas guiadas por estas calles, las más antiguas de la localidad. Las próximas citas son los días15 y 22 de agosto y la salida es desde la casa consistorial a las 11.00. Aunque la actividad es gratuita, el aforo está limitado a 15 personas y los interesados en realizar el recorrido interpretativo deberán inscribirse previamente llamando al Ayuntamiento.

Vista general de Gelsa, en la Ribera Baja del Ebr
Vista general de Gelsa, en la Ribera Baja del Ebro
Laura Uranga

Otros puntos de interés en Gelsa

Con algo menos de mil habitantes censados, Gelsa se sitúa en la margen izquierda del Ebro. La primera documentación de su existencia data del año 1171, aunque se cree que podría haber sido fundado antes por los árabes, como atestiguan muchos restos de esa época, el barrio morisco, entre ellos.

Pero además de esta zona, la más turística de Gelsa y la que más atrae a los visitantes, la localidad tiene otros puntos de interés que merece la pena conocer. Destacan, entre otros, la ermita del Buen Suceso, patrona de la localidad. El templo es del siglo XVIII, aunque la torre del campanario es una incorporación más reciente, para cuya instalación se contó con la colaboración de vecinos del pueblo. Otros enclaves turísticos son el antiguo casino, donde actualmente se sitúa el Ayuntamiento, y la casa palacio de la familia Funes, fechada en el siglo XV.

Mención especial requiere la iglesia parroquial de San Pedro Mártir de Verona, construida en el siglo XVII. En su interior, se expone la reliquia de la Santa Espina que, según la leyenda, procede de la corona de espinas que llevó Jesús de Nazaret. La tradición oral cuenta que la reliquia fue donada por los barones de Ablitas a los fundadores del convento que hubo en Gelsa en tiempos. Actualmente, la Santa Espina se conserva en el citado templo religioso y se saca en procesión cada 10 de mayo.

En este paseo por las calles de Gelsa no puede faltar visitar la plaza de los Mudos, llamada así, al parecer, porque en una de sus casas vivían unos niños mudos. También tiene historia el centro cultural, que recibe el nombre de ‘La Diezma’ porque está situado en el lugar donde antiguamente el clero cobraba el diezmo a los agricultores.

Aunque cada vez más despoblado y sin excesivo atractivo turístico, Gelsa es ese sitio donde los Monegros se funden con el Ebro, donde romanos y moriscos eligieron quedarse. Un lugar que esconde un secreto tras cada puerta, una anécdota para cada vivencia y un pasado que poner en valor.

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