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Ruta al monasterio de la Virgen de Gracia, el 'convent' de La Fresneda

El santuario lo forman un conjunto de edificios semiderruidos a las afueras de la localidad, a unos cinco kilómetros para recorrer a pie. Este domingo hay una ruta guiada.

Monasterio de la Virgen de Gracia, en La Fresneda
Monasterio de la Virgen de Gracia, en La Fresneda
Matarraña Turismo

Cuenta la leyenda que estando un día una pastorcilla de Valjunquera en una cueva del monte de Mangranera, en el Matarraña, se le apareció la imagen de la Virgen. Se la llevó a su pueblo, pero a los días, desapareció y se volvió a encontrar en el mismo lugar, en las inmediaciones de La Fresneda. Un milagro que hizo que se levantara allí una pequeña ermita bajo la advocación de la Virgen de Gracia.

Con los años, el modesto templo construido en el siglo XVI en una cueva se amplió, dando como resultado un conjunto de edificios levantado dos siglos después y que hoy constituye el monasterio de la Virgen de Gracia. En la zona se le conoce como el ‘convent’ y algunas de sus partes fueron excavadas en la roca. Actualmente destacan los volúmenes de la iglesia y la hospedería, ya que el resto de las construcciones prácticamente han desaparecido debido al gran deterioro que ha sufrido el conjunto con el paso de los años.

Del monasterio original se conoce que tenía cuatro plantas y que estaba provisto de celdas y servicios para la comunidad de frailes mínimos que habitaban en él, así como para los peregrinos. Internamente, se comunicaba con la capilla de la Virgen. A partir de 1795, con la ampliación, se construye una iglesia de grandes dimensiones, integrando la capilla original, con la cabecera apoyada en la cueva donde todo se originó. De la hospedería, que es de planta rectangular con cuatro alturas y gran sobriedad, apenas se conservan los muros de carga.

El conjunto del santuario de la Virgen de Gracia se sitúa a cinco kilómetros del núcleo urbano de La Fresneda y se puede llegar hasta él caminando desde el pueblo. De hecho, esta es una de las rutas sugeridas desde Matarraña Turismo, con gran afluencia de turistas. Cada cierto tiempo, desde la comarca se organizan además salidas senderistas hasta este enclave. La siguiente es este mismo domingo, 30 de mayo, y será una ruta guiada. Para participar hay que inscribirse previamente y la salida será a las nueve de la mañana desde el frontón de la localidad. 

La ruta de ida y vuelta es de unos 12 kilómetros y se irá saliendo en grupos reducidos, para garantizar la distancia entre ellos. Habitualmente, en este tipo de actividades, que se organizan durante todo el año, participan unas 80 personas, que se van dispersando conforme se adentran en la naturaleza.

Itinerario desde La Fresneda

Casi 5 kilómetros separan La Fresneda del ‘convent’ pero el camino no tiene pérdida. Está señalizado y es sencillo de recorrer, apto para todo tipo de públicos. Tanto si es por libre como aprovechando una de las actividades guiadas que se proponen desde la comarca, merece la pena acercarse a este enclave todavía algo desconocido del Matarraña.

El lugar de partida es la plaza del Ayuntamiento de La Fresneda para atravesar, 50 metros más adelante, el Portal de Xifré. Los carteles indicativos del monasterio de la Virgen de Gracia marcan un giro a la izquierda y todo el camino transcurrirá por la pista principal. Las señales a las que hay que atender están marcadas en color blanco y amarillo, los correspondientes al PR (sendero de pequeño recorrido). 

La ruta se produce por una pista forestal por la que transitan vehículos y el paisaje está bastante modelado por la acción humana, con plantaciones de almendros y olivos. Pasados unos 5 kilómetros de caminata tranquila, se llega a los restos del complejo. 

Pese a su avanzado estado de ruina, este es uno de los santuarios más destacados de la provincia de Teruel y cuenta, desde 2001, con la declaración de Bien de Interés Cultural. Cada año, en situación normal, el primer fin de semana de mayo, los vecinos de La Fresneda, organizan una romería hasta el ‘convent’. No merece menos un lugar espiritual que, dicen, surgió de un milagro y que, pese a su estado de conservación (o gracias a ello), mantiene su encanto tres siglos después.

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