Despliega el menú
Viajes
Suscríbete

aragón es extraordinario

Jumpers, tres décadas de salto en salto desde Ejea

La fábrica, integrada desde hace tres años en el grupo navarro Apex, produce algunos de los aperitivos más populares de España

La fábrica de Jumpers, empresa ejeana integrada en el grupo navarro Apex, está en el polígono Valdeferrín, a las afueras de Ejea. Visitarla es una especie de fantasía animada de ayer y hoy, como rezaba la introducción de aquellos dibujos animados de la Warner, y el primer sentido que se altera (para bien) es el olfato; ahí se hornea y/o se fríe algo muy rico.

El empresario Salvador Mateo ejerce el liderazgo local en la empresa; es presidente además de la Sociedad Deportiva Ejea. Deja en manos de María Eugenia Sánchez (responsable de producción en la fábrica) la tarea de guía, no sin antes afirmar con una sonrisa que la visita «os va a gustar», algo que se encargará de corroborar a la conclusión de la misma. María Eugenia desgrana la operatividad de la planta productiva con un repaso a los principales procesos. «La base de muchos de los productos es la sémola de maíz, que recibimos en sacas de una tonelada cada una; de hecho, llegan dos camiones a la semana con 24 toneladas de este producto desde Almunia de San Juan, cerca de Monzón; concretamente de la empresa Quality Corn. Luego se va distribuyendo en las diferentes máquinas para comenzar el trabajo. En esta mezcladora –señala– se introduce la sémola con agua y aceite. De ahí sale un churro al que se le va aplicando una velocidad de procesado y una largura concretas en la cadena, hasta el paso por el molde de cada figura».

El horneado es fundamental para que el producto esté en su punto. «Si no se hace bien –explica María Eugenia– queda blando, porque no se ha extraído adecuadamente la humedad, y además de no ser agradable en el masticado, se acorta su vida útil, así que somos extremadamente rigurosos en cada parte del proceso».

En Jumpers no se para, 24 horas de trabajo incesante, en tres turnos de ocho horas. «Ahora mismo estamos 91 trabajando aquí entre todos los turnos, y las tres cuartas partes somos mujeres. Casi el 100 por 100 del personal es ejeano, aunque también hay gente de Tauste».

El desfile de productos es un sueño para el nostálgico y un gozo para el recién converso. Jumpers Ketchup, York y Queso, Jamón o Mantequilla y Miel; las Conchitas de diferentes sabores; el Estrellón, las patatas ‘light’ bajo la divisa Paloma Blanca... las trabajadoras de la línea de envasado se reparten de dos en dos para contar y revisar a velocidad de vértigo, sin que se escape un detalle. «Con un leve tacto externo detectan cualquier anomalía en el sellado, se aseguras de que el lote y la caducidad estén bien impresos... luego se ajustan en bolsones de 30 unidades y sacos de cinco bolsones. Hay otras gamas en cajas, como el ‘pack’ familiar; vamos aplicando nuevas promociones constantemente».

Al salir de la fábrica, el visitante tiene la sensación de abandonar un mundo de ensueño; nada más salir, ya hay ganas de volver al reino saltarín.

Presencia en todo el territorio español y vocación de conciencia social

La fábrica de Jumpers se creó en 1991 y el nombre original de la empresa es SYC Diversificación, aunque todo el mundo la conoce por el nombre propio de su aperitivo estelar, Jumpers. La sostuvo durante décadas la familia Arrese. Fue adquirida por el grupo navarro Apex (radicado en Ribaforada) en enero de 2018, aunque el gerente y accionista Salvador Mateo mantuvo su participación en el accionariado, y actualmente supera los 60 millones de bolsas anuales de producto, repartidas por todaEspaña.

Este producto aragonés se siente propio en cada rincón del Estado. La empresa tiene una serie de valores que aplica en el día a día, empezando por la conciencia social para con sus trabajadores, tanto en materia de conciliación familiar como en la optimización de sus rendimientos. Además, en la política de contratación se atiende a criterios de exclusión social en ciertas áreas de trabajo.

Por otra parte, la empresa colabora con la Asociación de Discapacitados Intelectuales de Cinco Villas (ADISCIV). También es el patrocinador principal de la Sociedad Deportiva Ejea, el club de fútbol local, que milita en el grupo C de la Segunda División B nacional;marcha en segundo lugar, a un punto del líder Mutilvera, tras vencer al Leioa por 2-1 el pasado fin de semana, y se enfrenta mañana al Portugalete.

Dado el buen momento actual de la empresa, se han hecho previsiones para aumentar la capacidad de las instalaciones en el polígono Valdeferrín, con el ojo puesto en nuevos espacios para la expansión. En el capítulo de las promociones, la firma tiene actualmente siete en liza (se pueden comprobar en la web, jumpers.es) relativas al regalo de un patinete eléctrico, colecciones de ‘stickers’ y emoticonos, discos ‘superwings’, los populares ‘jumpazos’ –recuerdo de los tazos que arrasaron en la primera década del milenio– o los llamativos ‘spìnners’ que giran a toda velocidad. El torrente de ideas e incentivos a la compra es incesante.

Parecen estrellas, pero son ranitas saltarinas

El departamento de márquetin y publicidad de la firma se prodiga en las redes sociales y viene cultivando en los últimos años una política de acercamiento al cliente final marcada por el buen humor, la frescura y un punto de ironía. La puesta en marcha de la campaña ‘Antipostureo a lo Jumpers’ ensalza los valores clásicos del producto y una línea de promoción alejada de los imperativos ‘influencers’... con la particularidad de que se utilizan esquemas actuales para lanzar este mensaje. Resulta especialmente llamativo un detalle que convence como pocos a los consumidores: bolsas llenas hasta arriba. Los aperitivos inflados que esconden un rellenado insuficiente en su interior cuando se abren son uno de los productos que genera un mayor rechazo en el cliente final.

A principios del pasado mes de noviembre, Jumpers copó las redes sociales (especialmente Twitter e Instagram) con una curiosa disyuntiva. ¿Son los Jumpers unas estrellitas o unas ranas? El convencimiento general, por su forma, era favorable a la forma estelar, pero la marca sorprendió al recordar que eran ranitas, bromeó sobre las imperfecciones del troquelado en décadas pasadas y valoró los apoyos que empezaron a llegar en la resolución del debate: desde Cartaya (Huelva) o La Luisiana (Sevilla), además de la propia Ejea, llegaba la reivindicación de las ranas. La campaña fue bautizada como Antiestrellas y tuvo en solfa a la opinión pública durante unos valiosísimos días.

No faltaron las bromas sesudas al respecto: hay que recordar que en esos días se estaba a las puertas de las elecciones estadounidenses, con las incendiarias soflamas de Trump a la orden del día, y se vivió además en Aragón un repunte de la pandemia tras los contagios acaecidos en las ‘no fiestas del Pilar’. Este sano y divertido debate aparcó por un rato la angustia e involucró a auténticos nombres de relumbrón, como la estrella de Twitch Ibai Llanos.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es Extraordinario'

Etiquetas
Comentarios
Debes estar registrado para poder visualizar los comentarios Regístrate gratis Iniciar sesión