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Campanas de fe y esperanza en Alloza

Un grupo de entusiastas allocinos ha recuperado la costumbre de bandearlas en lo alto de la torre de la Purísima Concepción, con el día de san Blas como fecha más señalada

Foto de Alloza, en ‘Aragón es extraordinario’
Foto de Alloza, en ‘Aragón es extraordinario’
Laura Uranga

La iglesia de la Purísima Concepción es a un tiempo icono y mirador para Alloza, localidad de pasado minero y presente laminero para el visitante ávido de sorpresas. El patrimonio de corte religioso tiene singularidades destacadas, y los atractivos paganos sobrepasan las expectativas del recién llegado al pueblo. Manuel Galve y José Agustín Navarro, ambos allocinos, son dos guías inmejorables para radiografiar la localidad, empezando por el gran templo y siguiendo por el Calvario o el parque escultórico creado por Jaime Lorenz.

La Purísima sufrió, como muchas otras iglesias, los embates de la guerra civil. La imagen central de la virgen se restauró, así como la de San Blas, patrón de Alloza. Del altar mayor a la parte más alta de la torre hay 114 escalones, que conducen a las anfitrionas más sonadas del lugar; las campanas.

"La ‘sanroquera’ que ves ahí -explica José Agustín, señalando la segunda campana en tamaño- pesa 800 kilos y se refundió en su día, porque estaba muy mal. La Asunción es más grande, pesa unos 1.700 kilos". En la mañana de la charla hace sonar la gran campana a media mañana, provocando la curiosidad de los vecinos, aunque el campanero se cuida de no hacer ningún toque provocador de una alarma social. "Hay ahora mismo media docena de campaneros en el pueblo, incluido el padre Nicolás. El asunto empezó en casa, porque mi hijo y yo comentamos que quizá era hora de volver a bandearlas, después de 20 años sin hacerse; él me animó y nos pusimos el grupo manos a la obra el día de San Blas, a principios de febrero. Restaurada la campana grande, queremos hacer lo propio con una más pequeña, la más antigua de la iglesia, que tiene el yugo muy defectuoso. La idea es seguir tocándolas en las ocasiones especiales, y cuidarlas para que nunca se pierda esta costumbre, que siga pasando de generación en generación".

Alloza, jardín de arte y reducto de la memoria

En el interior de la iglesia llaman la atención diversas catas en la pintura de las paredes, un intento de estudiar la decoración antigua y, cuando sea posible, recuperarla; el tono amarillo mezclado con motivos marrones se fijó en 1970 para dotar de más luminosidad al interior. Además de la imaginería diversa y bienes muebles hay detalles muy curiosos, como un armario de nogal que estaba ‘escondido’ junto al altar, siempre cerrado hasta hace muy poco tiempo. Curiosamente, el diseño estructural del templo inspiró la construcción de la parroquial de Nuestra Señora de la Esperanza en Alloza, en una transmisión padre-hijo de la familia Lasso de Muniesa.

Monumentalidad

Un estudio de Cristina Alquézar, Rosa López y Sara Obón publicado por el Centro de Estudios Locales de Andorra (CELAN) explica que la población de Alloza era mucho mayor que la actual a comienzos del siglo XVII, cuando se levantó la iglesia. Los motivos renacentistas y barrocos (con prevalencia indiscutible de éstos últimos) se alternan en la fábrica y decoración del templo. En cuanto a la pintura mural original, el mentado estudio adjudica la más que posible autoría a Olaso de Escatrón. En la actualidad lucen los aportes murales de J. Díaz, fechados en 1944. 

Reportaje de la serie 'Aragón es extraordinario'.

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