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EDUCACIÓN

No salen las cuentas: la alta demanda de matemáticos deja sin cubrir cientos de plazas de profesores

Estadísticos, arquitectos e ingenieros están supliendo en la ESO a los especialistas en esta materia, que optan por la empresa privada.

Cubos con operaciones matemáticas
Cubos con operaciones matemáticas
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La ley del mercado manda y quienes saben manejarse en el mundo de los números y los algoritmos juegan con mucha ventaja. Los expertos en lo que antes se llamaban ciencias exactas son codiciados por la industria, desde el 'big data' a la distribución alimentaria. El método matemático ha demostrado su validez para resolver problemas de física, química, biología, medicina, ciencias sociales, ingeniería, economía, finanzas, ecología, entre otras ramas del saber. La disciplina constituye una herramienta que se emplea tanto para detectar un cáncer, hallar una vacuna o atajar un incendio.

Tradicionalmente la principal salida laboral de los matemáticos era la docencia. Hoy el mercado de trabajo plantea ofertas más sugestivas a los graduados. La nueva revolución industrial, la digitalización, demanda profesionales con cerebros bien entrenados en el uso de la lógica y el pensamiento abstracto. Antes de acabar la carrera, no son pocos los estudiantes que reciben apetecibles ofertas. Por eso no es de extrañar que empiecen a faltar matemáticos en la escuela.

En las últimas oposiciones a profesor de matemáticas para la etapa de Secundaria han quedado desiertas más de 720 plazas. De ahí que muchas vacantes se cubran con personas que han estudiado Química, Arquitectura, Estadística o una ingeniera, carreras donde también se piden competencias matemáticas, aunque la exigencia no es la misma. El presidente de la Comisión de Educación de la Real Sociedad Matemática Española (RSME), Luis J. Rodríguez Muñiz, asegura que la deserción de matemáticos del sistema educativo data de antiguo. Hace 25 años, la mitad de los miembros de su promoción descartaron la enseñanza como medio para ganarse la vida. "Lo que sí ha ocurrido es que el fenómeno se ha acentuado. En las universidades se fomenta poco el despertar de la vocación docente", dice.

Para Onofre Monzó, de la Federación Española de Sociedades de Profesores de Matemáticas, un profesor de la materia cobra entre 1.700 euros y 1.800 euros netos al mes. En la empresa privada, se puede ganar algo menos al principio, pero existen mayores posibilidades de promoción. A la vista de que las empresas se los disputan, algunos egresados se van fuera de España.

La crisis de 2008, el mal momento que han pasado algunas empresas dedicadas a la obra pública y la caída en picado de los salarios han hecho que muchos ingenieros se decanten por la docencia. "Hay un perfil bastante frecuente de personas que ya con 40 años y una trayectoria profesional ajena al campo de la educación deciden hacer el máster para poder enseñar en la ESO y presentarse a las oposiciones. Lo malo es que no siempre la preparación que tienen es la más adecuada", explica Rodríguez Muñiz. Este deficiente formación obedece a que los planes de estudios de ingenierías han ido reduciendo mucho el peso de las asignaturas relacionadas con las matemáticas.

Diseño del examen

Al margen de los imperativos laborales, el examen, según los interesados, está mal diseñado. En la prueba, que consta de dos partes, adquieren mucha importancia los saberes matemáticos, mientras que tienen una significación residual las competencias didácticas. No solo eso, se puede dar el caso de que quien suspende las oposiciones puede acceder a la bolsa de trabajo y ejercer la docencia como interino.

Cada año salen de las facultades españolas unos 1.100 graduados en matemáticas. En la última oferta de empleo público salieron a concurso 3.600 plazas, incluidas las catalanas, cuyas oposiciones se celebraron en 2020. Con este número es imposible cubrir la convocatoria. El hecho de que titulados ajenos a la disciplina impartan matemáticas acaba redundando en un mal aprendizaje de los alumnos. "He visto informes sobre el Reino Unido y Australia que indican que los alumnos con profesorado especializado en matemáticas obtienen mejores resultados", aduce Monzó.

Matricularse en la carrera de Matemáticas, sin apenas desempleo, es una tarea ardua. La mayoría de las facultades exigen una nota de corte superior a 10 sobre 14, y si se trata de dobles grados, como Matemáticas y Física, se demanda una calificación de 13.

Lourdes se ha presentado a los exámenes y no quiere dar su nombre completo. Ha trabajado en una consultora y decidió concurrir a la oposición por su alta vocación docente y porque el grado de estrés y ansiedad que le generaban sus jefes se le hizo intolerable. "Las pruebas que se hacen no tienen nada ver con lo que te vas a enfrentar en clase. Pero lo que más me molesta es que hay gente que, habiendo caído en las oposiciones, puede enseñar gracias a que entran en la bolsa de trabajo de los interinos", alega.

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